La aprobación del proyecto de “anulación de la Corte Suprema” en la votación preliminar en el Knéset (Parlamento) fue el paso más reciente de la coalición gobernante del primer ministro, Benjamin Netanyahu, hacia la reforma judicial que avanza a paso arrollador a pesar de los llamados al diálogo y el consenso de judíos estadounidenses y el presidente israelí y las protestas semanales masivas.
Además de debilitar el tribunal supremo, dicen los manifestantes, los cambios propuestos atentan contra los valores democráticos de Israel y concentran el poder en la coalición gobernante. Netanyahu y su coalición sostienen que el máximo tribunal del país ha gozado de poder desenfrenado durante años.
Desde hace ocho semanas, las protestas semanales han ganado impulso con la participación de grandes sectores de la sociedad y empresas. El sábado, la manifestación principal tuvo lugar en Tel Aviv y hubo numerosas protestas menores en el resto del país.
Los manifestantes portaban banderas israelíes, bengalas y pancartas con distintas consignas contra la reforma judicial, como “Sin Constitución, no hay democracia” y “No pasarán”.