En estadios de todo el país, grupos integrados mayormente por hombres jóvenes se están sumando a la tendencia “Tarps Off”, que es ruidosa, boba, contagiosa y nueva en el mundo del béisbol. Sumarse a la diversión es sencillo: tan sólo hay que ir a la sección donde está la fiesta, quitarse la camiseta y empezar a agitarla por encima de la cabeza.
Por lo general, después vienen cánticos al estilo del fútbol, lo que inyecta una descarga de energía a un deporte al que a veces se le reprocha la falta de ambiente dentro del estadio.
Tras comenzar en San Luis el viernes pasado, la tendencia se ha extendido por toda la liga, a lugares como Detroit, Tampa Bay, Filadelfia, Seattle y Anaheim.
Chad Bitzer, quien ha asistido a juegos de los Marineros desde hace unos 13 años, estuvo entre los fanáticos sin camiseta en Seattle. Su razonamiento fue simple: “Si todos los demás se la están quitando, ¿por qué yo no?”.
“Es algo nuevo. Es una noche hermosa. Quítatela”, manifestó Bitzer. “Una gran noche del Noroeste. Vivimos para los veranos. Vivimos para el buen clima”.
El origen del brote de aficionados sin camiseta fue San Luis el viernes pasado, cuando un equipo de béisbol afiliado a la Universidad Estatal Stephen F. Austin estaba en Alton, Illinois, para la Serie Mundial de la División II de béisbol de clubes nacionales.
Los Cardenales ofrecieron entradas al equipo, y 17 jugadores asistieron.
Ese grupo inició la diversión, decenas de seguidores más se sumaron y, de pronto, había un par de cientos de aficionados armando alboroto en el jardín derecho, lo que alentó a los Cardenales en una victoria de 5-4 en 11 entradas sobre los Reales de Kansas City.
Al mánager dominicano de los Cardenales, Oliver Marmol, le gustó tanto la energía que compró entradas para los jóvenes sin camiseta a fin de que asistieran también al juego del sábado.
Así que regresaron.
“Es difícil no divertirse cuando los aficionados son así”, comentó el campocorto de los Cardinals, Masyn Winn, el viernes. “Tenemos a los mejores fanáticos del mundo, pero parece que la generación más joven convierte esto más en un ambiente universitario”.
Incluso la mascota de los Cardenales, Fredbird, se sumó a la diversión.
Ahora podría ser el inicio de una tradición: más aficionados sin camiseta animaron a los Cardenales en el juego del martes contra los Piratas. Sin duda esto parece reforzar la ventaja de local del club: el panameño Iván Herrera conectó un jonrón de tres carreras para llevar a San Luis hacia una victoria de 9-6 en 10 entradas.
Un brote similar de aficionados sin camiseta estalló el lunes y martes en los juegos de los Rays de Tampa Bay. Otro grupo pequeño celebró en Filadelfia mientras los Rojos y los Filis jugaban bajo la lluvia.
Los aficionados de los Angelinos celebraron con una mezcla de alegría e irritación, coreando para que el propietario Arte Moreno venda el decaído equipo.
De ningún modo las mayores se quejarán por la atención que esto ha recibido. La asistencia ha aumentado en los estadios de las Grandes Ligas en lo que va de temporada, con un promedio de aproximadamente 1.000 fanáticos más por juego que hace un año hasta los encuentros del lunes.
Si la tendencia continúa, el béisbol podría promediar 30.000 aficionados por juego por primera vez desde 2016.
Y parece que muchos de ellos estarán sin camiseta.
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El redactor deportivo de AP Andrew Destin en Seattle y el colaborador independiente de AP Warren Mayes en San Luis contribuyeron a este informe.
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FUENTE: AP