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Familias iraníes sufren para pagar lo básico mientras EEUU intensifica la guerra económica

TEHERÁN, Irán (AP) — Las tiendas de comestibles de Teherán están bien abastecidas, pero muchas familias apenas pueden permitirse los productos básicos. El desempleo se dispara y quienes tienen trabajo hacen más horas a cambio de un dinero que vale la mitad que hace un año, lo que coloca la comida, los medicamentos y todo lo demás —salvo la gasolina, que tiene importantes subsidios— aún más lejos de su alcance.

“Prácticamente hemos renunciado a muchas cosas”, comentó Ahmad Karimi, un taxista de 52 años y con dos hijos, que ha estado trabajando jornadas de 15 horas para llegar a fin de mes. “Hemos dejado de comprar fruta, hemos dejado de comprar proteína, hemos renunciado al ocio, incluso trabajamos los fines de semana”.

Casi seis meses después del inicio de la guerra con Estados Unidos e Israel, la economía iraní está sufriendo un duro golpe bajo el peso de las sanciones y de un bloqueo naval que está haciendo extremadamente difícil que el país exporte petróleo, su producto más valioso.

Aún está por ver si esta creciente presión económica se traducirá pronto en concesiones militares o políticas por parte de Irán, pero algunos expertos se muestran escépticos. Desde que comenzó la guerra, Teherán ha estado atacando a vecinos ricos en petróleo y a bases estadounidenses en la región, además de interrumpir el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, su mayor ventaja estratégica.

Irán está tratando de emplear esta presión de represalia —que está elevando los precios de la energía a nivel mundial— para poner fin a la guerra en los mejores términos posibles. Busca un alivio de las sanciones y tener un control suficiente sobre el estrecho como para exigir pagos a los barcos que lo atraviesan cargados de energía y otras mercancías.

La Casa Blanca —que está atrapada en una disputa por una vía marítima en una guerra que lanzó para frenar el programa nuclear iraní— promete ahora imponer sanciones aún más duras para intentar doblegar a la República Islámica. Pero los expertos señalan que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría estar subestimando el tiempo que puede resistir Irán.

Teherán lleva años sujeto a sanciones occidentales y se ha vuelto hábil a la hora de eludirlas parcialmente: amplió la producción interna, usa redes informales de comercio transfronterizo, compra bienes restringidos a través de terceros países y opta por una flota clandestina para transportar su petróleo.

“La capacidad de resistencia de Irán no solo evita el colapso, sino que también impide que las dificultades económicas se traduzcan en la presión política y los cambios que Estados Unidos espera”, manifestó Hadi Kahalzadeh, experto en la economía iraní en la Universidad Brandeis.

Las tensiones económicas tienen un “costo emocional”

El extenso Gran Bazar de Teherán suele estar abarrotado de compradores que esperan encontrar productos básicos a precios más asequibles que en las tiendas de comestibles, donde el arroz es un 60% más caro y el precio de la carne de res es un 150% más alto que antes de la guerra.

Esta semana, una madre de dos hijos del norte del país publicó una foto en X después de comprar leche, huevos, papel higiénico y algunos otros artículos, pero nada de carne. Se quejó de que le costó 89 millones de riales (unos 65 dólares).

“Comprar productos de primera necesidad se ha convertido en nuestra principal prioridad, y nuestra canasta de la compra se ha hecho más pequeña y más limitada”, afirmó la mujer, de 41 años, que habló con The Associated Press bajo condición de anonimato por temor a represalias.

“El costo emocional y la presión bajo la que estamos es otra historia”, añadió. “Cada vez que tenemos que decirles que no a nuestros hijos, cada vez que tenemos que darle vueltas a una decisión, ya sea una clase que te encantaría que tus hijos tomaran o algo que realmente quieren que les compres, es genuinamente agotador”.

Según el Fondo Monetario Internacional, se espera que para finales de año la inflación en Irán aumente casi un 70%, y se prevé que la economía del país —devastada por una década de sanciones antes de la guerra— se contraiga en más de un 5%.

Aunque la gasolina se ha mantenido barata gracias a los subsidios del gobierno, incluso eso podría no durar a medida que el suministro se agota. Un asesor presidencial declaró a la televisión estatal iraní la semana pasada que el país usa ahora más gasolina cada día de la que produce y podría necesitar incrementar los precios, algo que en el pasado ha provocado protestas generalizadas.

Iraníes dirigen parte de su enojo a países responsables de las sanciones

La teocracia iraní ya se enfrentaba al descontento económico de la población antes de que Estados Unidos e Israel iniciaran la guerra el 28 de febrero. Las protestas se habían extendido por todo el país a comienzos de año antes de ser reprimidas de forma violenta, con miles de muertos y decenas de miles que se cree fueron arrestados.

Hassan Golmoradi, economista radicado en Teherán, señaló que muchos en el país han dirigido ahora al menos parte de sus frustraciones económicas hacia los países que están detrás de las sanciones y de los ataques que han destruido fábricas e infraestructura crítica y se han cobrado la vida de decenas de civiles.

“Pese a las penurias y dificultades, han mostrado una paciencia considerable para soportar las presiones económicas resultantes”, sostuvo Golmoradi.

Los líderes iraníes han dicho que participar en protestas antigubernamentales es un delito de traición —castigado con la muerte.

“Sí sufren, pero no creen que uniéndose a protestas violentas puedan lograr algo para ellos y sus familias”, apuntó Mohammad Farzanegan, profesor de economía de Oriente Medio en la Universidad de Marburgo, en Alemania.

Trump amenaza con sanciones más duras

Trump prometió en redes sociales el miércoles lanzar “la operación económica más aplastante jamás emprendida contra cualquier país”. También amenazó con sanciones secundarias a naciones y empresas que sigan haciendo negocios con la República Islámica.

Emiratos Árabes Unidos, que durante años habían permitido a Irán eludir las sanciones y recibir bienes procedentes de otros países, anunciaron esta semana la suspensión total del comercio con Teherán. Trump había llamado al líder emiratí, el jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan, en la víspera de su anuncio.

Ante las dificultades económicas, el gobierno electo del presidente Masoud Pezeshkian se ha mostrado a favor de negociar el final de la guerra. “Lo que nos preocupa es el sustento de la gente y su situación económica, y estamos haciendo todo lo que podemos para afrontarlo”, dijo el mandatario a reporteros la semana pasada.

Pero la fuerza más poderosa en Irán sigue siendo la Guardia Revolucionaria, un cuerpo paramilitar que solo se ha reforzado tras resistir a los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel que mataron a los principales líderes del país en los primeros compases de la guerra. La Guardia presiona para obtener mayores concesiones de Washington, incluyendo el control del estrecho de Ormuz y una compensación financiera por la guerra.

Con las negociaciones estancadas, los sectores más conservadores de Irán creen que su país puede soportar la presión económica del conflicto durante más tiempo que sus adversarios.

El líder supremo, el ayatolá Moytabá Jamenei, nombró este mes a un excomandante de la Guardia Revolucionaria para dirigir el poderoso Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, una señal de que favorece el enfoque conservador.

Un taxista dice que algo tiene que cambiar

Las estadísticas oficiales del gobierno iraní sitúan la tasa de desempleo en el 9,1%, aunque medios afines al Estado han dicho que, muy probablemente, la cifra real es mucho mayor. Un funcionario del Ministerio de Trabajo indicó la semana pasada que, a finales de mayo, apenas tres meses después del inicio de la guerra, se habían perdido más de un millón de empleos.

En un indicio de que los líderes del país están al menos algo preocupados por la opinión pública, el gobierno se ha abstenido de aplicar las normas sobre el uso obligatorio del hiyab con la misma severidad que antes, una libertad social que muchos llevan tiempo reclamando.

Pero estos días muchos iraníes se centran en cómo la economía restringe sus estilos de vida.

Karimi, el taxista, manifestó que el liderazgo del país tendrá que hacer algo pronto para aliviar las presiones financieras que él y otros están sintiendo.

“La gente no podrá seguir viviendo así”, advirtió. “Simplemente respiramos, sobrevivimos y tratamos de llegar al final del día".

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Rising informó desde Dubái, Emiratos Árabes Unidos.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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