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En el conflictivo norte de Nigeria, la vida nocturna convive con la inseguridad y la policía moral

SOKOTO, Nigeria (AP) — Luces estroboscópicas multicolores barren la pista de baile, que pronto se abarrotará de gente sudorosa y voces estridentes, las cuales cantarán al ritmo del género afrobeats en una discoteca que prospera a pesar de encontrarse en uno de los estados más profundamente conservadores del norte de Nigeria.

Mientras el DJ preparaba su sesión y los camareros colocaban botellas de licor caro en las mesas, Vincent Tabat se unió a quienes entraban al local, uno de los pocos situados en una calle del estado de Sokoto.

Era una escena irónica, dado que el conservador Sokoto es conocido como la “sede del califato” por su histórico papel en el nacimiento y la propagación del islam en África Occidental y Central. Pero a pesar de su reputación, existe una próspera vida nocturna que coexiste con estrictos códigos religiosos, una policía de la moral y retos de seguridad agravados por los ataques de grupos yihadistas.

“Son casi las 2 de la madrugada, y como usted puede ver, todo el mundo está afuera divirtiéndose”, le dijo Tabat a The Associated Press. Animado por la música a todo volumen que sonaba toda la noche, Tabat bailaba con sus acompañantes femeninas mientras servía bebidas en los vasos que se iban vaciando sobre la mesa.

Los asistentes a las fiestas desafían la vida cotidiana reglamentada

En el centro del estricto código religioso del norte de Nigeria se encuentra la policía islámica local, conocida como la fuerza hisbah, cuyos agentes tienen la misión de velar por la moral pública en varios de los 19 estados de la región.

Con frecuencia patrullan las ciudades y realizan redadas en lugares clave para hacer cumplir la sharía —el sistema legal y código de conducta moral del islam— y las leyes locales —tales como las normas de vestimenta, de cortes de cabello y la prohibición del alcohol—, y con frecuencia destruyen las botellas incautadas. No obstante, quienes gustan de la fiesta manifiestan que nada de esto los disuade.

Para Benjamin Danjuma, un habitual de la vida nocturna, las salidas el fin de semana son casi sagradas. Frecuenta los pocos clubes y bares de la ciudad de Sokoto, y considera que el ambiente allí no difiere del que se vive en el sur de Nigeria, que es más liberal.

“Vivimos nuestra vida más allá de lo que cualquiera esperaría en este estado”, apuntó. “Hay mucho buen ambiente. No nos quedamos atrás”.

Atras quedaron los días en que la vida nocturna y las fiestas se consideraban un tabú en la conservadora sociedad nigeriana, ya que la gente sale de fiesta desde hace mucho tiempo, dijo Oluwamayowa Idowu, fundador de Culture Custodian, una destacada publicación cultural con sede en Lagos.

En medio de la crisis de seguridad y las dificultades económicas derivadas de ella en la región, la vida nocturna ofrece a la gente una vía de escape ante la dura realidad, expuso Idowu. “El norte ha sido devastado por la inseguridad, pero la gente aún vive allí, y la gente sigue participando en la vida cotidiana”, agregó.

La división social sigue líneas religiosas

Tanto Tabat como Danjuma refirieron que no están sujetos a las normas de la hisbah al no ser musulmanes, aunque reconocieron haber tenido roces con la fuerza.

Esto refleja la dinámica de la composición religiosa de Nigeria, uno de los pocos lugares del mundo donde la población se divide casi en partes iguales entre cristianos —quienes residen mayoritariamente en el sur— y musulmanes, concentrados sobre todo en el norte.

Durante décadas, los no musulmanes se han visto afectados por las acciones de control de la hisbah, que esa fuerza dice son necesarias para promover la moralidad.

Luego de que Nigeria regresara a la democracia en 1999, varios estados de la región norte abogaron por la implementación de la sharía, lo que puso de manifiesto las tensiones en torno al federalismo nigeriano y su condición de Estado laico. La cuestión no se resolvió en la Corte Suprema, por lo que todavía es un asunto jurídico pendiente hasta hoy, y los gobiernos posteriores no han buscado vías legales para solucionarlo.

A menudo se acusa a la hisbah de aplicar políticas extremas y de cometer abusos

En muchos estados del norte, la hisbah se encarga de hacer cumplir las leyes aplicadas por los tribunales islámicos. El grupo fue disuelto en Sokoto en 2017 —en parte debido a quejas públicas sobre supuestos abusos de autoridad—, pero fue restablecido en 2024.

La policía de la moralidad, acusada con frecuencia de aplicar políticas extremas, anunció recientemente en Sokoto la prohibición a nivel estatal de contratar a un DJ para algún evento, al igual que llevar cortes de cabello inapropiados, realizar regalos de boda extravagantes y reproducir música en el transporte público.

Los miembros de la hisbah también se enfrentan a numerosas acusaciones de violaciones de los derechos humanos durante sus operaciones de control, incluido el someter a los infractores a castigos deshumanizadores, tales como palizas públicas o actos de humillación.

Fu’ad Lawal, director ejecutivo de Archivi.ng —una base de datos histórica digital con sede en Lagos—, dijo que la fuerza alteró el sentido del federalismo de Nigeria y su carácter secular.

“Cuando (la sharía) se convirtió en ley, básicamente se extendió (más allá) del ámbito penal y, quizá lo más trascendental, condujo a la regulación de la vida pública”, añadió Lawal.

La policía de la moral dice que sólo busca garantizar “la paz y la estabilidad mediante la justicia moral”, y que no “impone la ley de la sharía per se”.

“Todo ciudadano debe cumplir con su obligación moral”, le dijo Usman Abdullahi Jatau, comandante de la hisbah del estado de Sokoto, a la AP.

Se intenta alcanzar un delicado equilibrio entre la religión y la vida nocturna

La discoteca donde Tabat estaba de fiesta ha publicado una lista de artículos prohibidos, incluidos los velos, y no permite ingresar a las mujeres que los portan.

En casi cualquier otro lugar de la ciudad, las mujeres deben llevar uno, excepto en este sitio, que intenta no alterar el precario equilibrio de convivencia entre la religión y la vida nocturna.

A la larga, los estrictos códigos sociales pueden terminar por desgastar a una sociedad que lucha contra años de violencia yihadista y de grupos rebeldes, dicen los analistas.

Ibrahim Nuhu, un banquero trasladado a Sokoto desde el estado de Plateau, que es más cosmopolita, ha visto cómo la ciudad ha evolucionado en los últimos años, y ha pasado de tener un ambiente aburrido a ofrecer una experiencia llena de vida los fines de semana. Al principio le preocupaba dejar atrás su vida más mundana, pero admite que ha terminado cautivado por la creciente vida nocturna en Sokoto.

“La gente ve a Sokoto desde afuera. Yo la veo desde dentro”, expresó.

FUENTE: AP

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