El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció en julio que era necesario un nuevo programa para detectar la “deficiencia de testosterona” entre los soldados, con el fin de permitirles rendir a su “máximo absoluto”. En los nuevos lineamientos clínicos, difundidos a última hora del jueves, se detalla cómo funcionaría el programa.
Los esfuerzos del Pentágono por detectar niveles bajos de testosterona coinciden con un creciente interés por esta hormona, impulsado por influencers y podcasters de salud masculina, muchos de los cuales recomiendan el fármaco como una forma de aumentar la energía, la musculatura y sentirse más joven.
Sin embargo, muchos expertos sostienen que esos beneficios de gran alcance no están respaldados por la ciencia. El mensaje de Hegseth sobre la hormona ha mezclado hechos científicos establecidos con afirmaciones más generales y menos fundamentadas.
En los nuevos lineamientos se aclara que las pruebas obligatorias se aplicarían inicialmente solo a los militares varones. En el memorando inicial que Hegseth emitió en julio se ordenaban exámenes obligatorios de deficiencia de testosterona para todos los militares, pero en la guía clínica publicada el jueves se indica que es para la “deficiencia de testosterona en el militar varón”.
En la guía se indica que “la guía de práctica clínica para mujeres está en revisión y se publicará una vez aprobada”. El Pentágono no ha dicho si las mujeres soldado podrían ser evaluadas para una terapia basada en estrógenos al entrar en la perimenopausia.
La testosterona disminuye de forma natural con la edad y puede afectar la función sexual, el estado de ánimo, la densidad ósea y otros indicadores. Pero desde hace tiempo, los expertos debaten cómo diagnosticar esos problemas y si deben tratarse mediante la reposición de la hormona.
En la última década, estudios federales han mostrado que aumentar la testosterona mejora la disfunción eréctil, la baja libido y otros problemas en los hombres.
El principal portavoz del Pentágono, Sean Parnell, afirmó el jueves que, “al identificar y tratar de manera proactiva los niveles hormonales subóptimos”, el Pentágono busca “invertir en la salud de sus combatientes, fortalecer su desempeño y maximizar la preparación de la fuerza”.
En general, los grupos médicos no recomiendan el cribado automático de los niveles de testosterona. En cambio, las guías médicas suelen recomendar testosterona para hombres que reportan síntomas —incluidos baja libido y estado de ánimo deprimido— y que tienen dos análisis de sangre que confirman niveles bajos de la hormona.
La política del Pentágono se aparta de ese enfoque, al exigir pruebas de testosterona para todo el personal masculino de 30 años o más y permitir que los miembros más jóvenes también soliciten exámenes.
Por lo demás, las nuevas directrices se ajustan en gran medida a los estándares médicos, incluido el reconocimiento de los beneficios limitados de reponer la hormona.
Por ejemplo, en las directrices se indica que “La evidencia no respalda su uso para mejorar la energía, la vitalidad, la función física o la cognición”. En su lugar, el documento menciona “beneficios demostrados” para la función sexual y ciertas medidas corporales, incluida la densidad ósea.
La política no obliga a someterse a la terapia de reemplazo si se determina que un militar es elegible, mientras que las directrices advierten sobre efectos secundarios conocidos desde hace tiempo al aumentar la testosterona, como la posibilidad de una disminución del recuento de espermatozoides. Cuando los hombres reciben testosterona de forma externa, el cuerpo por lo general reduce —o incluso detiene— su producción natural de esperma.
Como resultado, se ordena que los médicos militares no receten una terapia con testosterona a nadie que espere tener hijos en un futuro cercano.
Otro factor que complica la situación para los soldados es la naturaleza controlada de la propia testosterona. En el memorando se indica que su “uso en el entorno de despliegue plantea consideraciones de suministro, custodia, almacenamiento y continuidad que deberían resolverse antes de la partida y no ya en el escenario de operaciones”.
La nueva guía deja claro que la testosterona inyectable “requiere almacenamiento a temperatura ambiente controlada y la rendición de cuentas propia de una sustancia controlada”, y que las tropas sometidas a terapias de reemplazo deben asegurarse de contar con un suministro suficiente, pese a que la ley federal limita las recetas de sustancias controladas como la testosterona.
La cautela y los obstáculos prácticos dentro de la documentación sobre el uso de testosterona durante el despliegue contrastan con las declaraciones de Hegseth en julio, cuando argumentó que las exigencias del campo de batalla moderno requieren “máxima preparación psicológica y mental” y que la terapia con testosterona formaba parte de la solución.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP