México es coanfitrión del torneo de fútbol con Estados Unidos y Canadá. Todo arrancará el jueves con un evento repleto de estrellas, aun cuando algunos críticos sostienen que el gobierno ha dedicado demasiado tiempo y dinero a atender a los visitantes internacionales a costa de los residentes.
El partido México-Sudáfrica abrirá el telón cuando la presidenta Claudia Sheinbaum camina por una cuerda floja política: lidia con el deterioro de la relación con Estados Unidos de cara a las negociaciones comerciales de julio, además de escándalos políticos y preocupaciones de seguridad tras un estallido de violencia en febrero en Guadalajara, una de las ciudades sede del torneo.
La presión ha aumentado a medida que los visitantes inundan la Ciudad de México. Los residentes afirman que las autoridades han priorizado la competencia por encima de necesidades sociales apremiantes.
Sheinbaum dijo el miércoles que no estaba claro si Ciudad de México podría celebrar su festival gratuito para aficionados la noche de la inauguración, porque un campamento de protesta del sindicato de maestros ha bloqueado el acceso a la plaza.
“México quiere proyectar una imagen al mundo en donde no necesariamente empata con la realidad”, comentó Carlos Pérez Ricart, analista político del Centro de Investigación y Docencia Económicas. “La Copa del Mundo hace que sea vulnerable la situación para la presidenta... la presión es altísima”.
El Mundial es una vitrina El logotipo de la FIFA, flores anaranjadas de cempasúchil, balones gigantes y otras decoraciones bordean calles de la capital mexicana y de Guadalajara y Monterrey, las otras dos ciudades sede. Los aficionados caminaban por las calles de Ciudad de México con entusiasmo palpable.
Se espera que la competencia deje 3.000 millones de dólares para hoteles, restaurantes y recintos deportivos, según la Federación Mexicana de Fútbol.
Se prevé que el festival de aficionados del jueves y el partido inaugural atraigan a más espectadores que gran parte del torneo, con la superestrella colombiana Shakira y otros artistas programados para actuar.
Si todo sale sin contratiempos, será un punto a favor para Sheinbaum, dijo Pérez Ricart, al mostrarle al mundo que México es “moderno y capaz de organizar eventos de alto impacto”.
“Todo está bajo control” Las autoridades mexicanas han reforzado la seguridad tras la violencia que paralizó a la ciudad sede de Guadalajara en febrero. Se espera el despliegue de más de 100.000 soldados, marinos, integrantes de la Guardia Nacional y policías en las tres ciudades sede; aun así, las tensiones sociales han representado el mayor obstáculo, particularmente en Ciudad de México.
Durante más de una semana, el sindicato de maestros del país ha derribado estatuas del Mundial y bloqueado carreteras en su presión anual por mejores condiciones laborales. Familias de las más de 130.000 personas desaparecidas en México han colgado volantes con los rostros de sus seres queridos y han dicho que las autoridades deberían concentrarse en atender las crisis humanitarias del país.
“No estamos en contra del fútbol", dijo Luis Antonio Rosales Narváez, organizador de la protesta. Pero advirtió que “deberían estar invertiendo en la educación, no maquillar la ciudad".
Sheinbaum había negado que existiera malestar social antes del torneo, pero reconoció el miércoles que “si por alguna razón no se puede usar el Zócalo para la inauguración, hay 18 sedes donde la gente puede verlo gratis”.
“Si por alguna razón, no se puede usar el Zócalo para el día de la inauguración, hay 18 sedes en la Ciudad de México, que fueron planeadas con tiempo”.
“Todo está bajo control”, agregó.
Precios “por las nubes” Aeropuertos de todo el continente americano estaban llenos de aficionados. El aeropuerto de Ciudad de Panamá —una de las principales puertas de enlace entre Norte y Sudamérica— era un mar de camisetas multicolores de Argentina, Brasil, Colombia, España, Alemania y otros lugares.
“Este año defendemos el título y seguiremos a Argentina hasta el fin del mundo”, señaló Emilio Sosa, un joven de 29 años de Buenos Aires, camino a Los Ángeles.
David Botero, un colombiano de 43 años, viajaba a Ciudad de México con su familia para ver el partido inaugural de Colombia el 17 de junio contra Uzbekistán.
“No podíamos dejar pasar la oportunidad de ver a nuestra selección”, dijo Botero.
Otros, como el doctor José Luis Muñoz, de 66 años, adoptaron un tono más escéptico mientras leía y fumaba un cigarrillo junto a un parque en el centro de Ciudad de México que antes rebosaba de vendedores ambulantes. Desde entonces, las autoridades lo han despejado en un esfuerzo por “limpiar” las calles.
Muñoz contó que algunos de sus recuerdos más entrañables eran llevar a sus hijos a los partidos durante el Mundial de 1986 en México y celebrar las victorias del equipo local.
"Yo estaba muy feliz e inculqué a mis niños con mi felicidad", indicó. "Los precios está hasta los nubes. Muchos no van a poder ir, solo los que vienen del exterior que llevan mucho dinero. Es algo dicriminatorio
Aun así, añadió que apoyará a la selección de México desde casa con sus hijos y nietos.
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Los periodistas de The Associated Press Nayara Batschke y María Verza contribuyeron a este reportaje desde la Ciudad de México.
FUENTE: AP