La directora de Inteligencia Nacional de EE. UU., Tulsi Gabbard, desclasificó esta semana una serie de documentos que, según afirma, demuestran cómo altos funcionarios de la Administración Obama manipularon información de inteligencia para fabricar la narrativa del "Russiagate", acusando a Rusia de interferir en las elecciones presidenciales de 2016 a favor de Donald Trump.
En un mensaje publicado en X, Gabbard aseguró que las pruebas revelan “cómo la inteligencia politizada se utilizó como base para innumerables difamaciones que buscaban deslegitimar la victoria del presidente Trump”, señalando directamente a figuras clave como el entonces director de Inteligencia Nacional, James Clapper, el exdirector de la CIA John Brennan y la exconsejera de Seguridad Nacional Susan Rice.
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Documentos contradicen la narrativa oficial
De acuerdo con los reportes desclasificados, agencias como el FBI, la CIA y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) concluyeron, incluso antes de los comicios de 2016, que Rusia probablemente no tenía intenciones de alterar los resultados mediante ciberataques. Un informe del 31 de agosto de ese año indica que el DHS informó a Clapper que no existían indicios de una amenaza rusa para manipular el recuento de votos.
Sin embargo, tras la inesperada victoria de Trump, un Informe Diario Presidencial (PDB) que confirmaba estas conclusiones fue cancelado abruptamente y sustituido por una nueva narrativa que afirmaba una injerencia rusa orquestada por el presidente Vladimir Putin. Filtraciones a medios como el Washington Post reforzaron esta versión con fuentes anónimas.
El polémico Dossier Steele
Un punto clave en la controversia fue el uso del "Dossier Steele", un informe lleno de acusaciones sin verificar, que, según Gabbard, fue presentado como una fuente creíble pese a que agentes de inteligencia lo consideraban poco fiable. Un denunciante dentro de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) aseguró haber sido marginado por cuestionar la Evaluación de la Comunidad de Inteligencia (ICA) de 2017, que mantenía que Rusia tenía una “clara preferencia” por Trump, contradiciendo evaluaciones previas.
Investigación y exigencia de justicia
En su declaración, Gabbard calificó estos actos como parte de una “conspiración traicionera” para justificar la investigación del fiscal especial Robert Mueller y socavar la presidencia de Trump desde sus inicios.
“Los estadounidenses finalmente conocerán la verdad sobre cómo, en 2016, las figuras más poderosas de la Administración Obama politizaron y utilizaron la inteligencia para preparar el terreno de lo que, en esencia, fue un golpe de Estado contra el presidente Trump, subvirtiendo la voluntad del pueblo”, escribió Gabbard en X.
Fuentes del Departamento de Justicia aseguran que tanto Brennan como el exdirector del FBI James Comey están siendo investigados por su rol en estos hechos.
“Todos deben responder ante la ley”
Para Gabbard, este presunto abuso de poder representa una amenaza directa a la integridad democrática de Estados Unidos. “No importa cuán poderosos sean, todos los involucrados deben ser investigados y procesados con todo el peso de la ley para garantizar que nunca vuelva a repetirse. La fe y la confianza del pueblo estadounidense en nuestra república democrática dependen de ello”, afirmó.
Según adelantó, toda la documentación será remitida al Departamento de Justicia para que se inicien las acciones legales correspondientes y se haga justicia “en nombre de Trump, su familia y el pueblo estadounidense”.
Esta nueva revelación promete reavivar la polémica sobre el papel de la inteligencia, la manipulación política y la transparencia en uno de los capítulos más controvertidos de la historia electoral reciente de Estados Unidos.