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EEUU debe hallar alternativas a modelo de "pago para jugar" a fin de mejorar en el Mundial

Associated Press (AP) — En Argentina, uno de los mayores honores para un club local de fútbol consiste en formar a un jugador que se marcha a un equipo aún más grande y luego, quizá, pasa a integrar la laureada selección nacional. En Estados Unidos, si un jugador así apareciera en un programa local de fútbol, no sorprendería a nadie que éste intentara exprimirles hasta el último centavo a los padres del joven antes de exhibirlo ante el mundo.

Ahí radica una de las diferencias cruciales entre una nación de 46 millones de habitantes que juega contra España el domingo por un cuarto título de la Copa del Mundo y otra con más de siete veces esa población que nunca ha olfateado siquiera ese tipo de éxito.

La eliminación temprana de Estados Unidos del Mundial de 2026 planteó una pregunta que surge cada cuatro años: ¿Qué haría falta para producir una superpotencia mundial del fútbol masculino en este país?

Esta vez, muchas de las respuestas apuntan a reformar el llamado sistema de “pagar para jugar” que impregna los deportes juveniles en Estados Unidos. La mayoría de las organizaciones de niños y adolescentes en Estados Unidos se mantiene en funcionamiento formando jugadores a cambio de una cuota y luego reteniéndolos en el programa durante el tiempo que su familia esté dispuesta a pagar.

Dar vuelta esa dinámica en el fútbol no ocurrirá en cuatro, ocho o 12 años. Encontrar la manera de obtener mejores resultados a partir de ella podría suceder antes.

“Nuestra estrategia no debería ser copiar y pegar lo que funciona en otro país”, afirmó JT Baston, director general de la Federación de Fútbol de Estados Unidos. “La cuestión es cómo, en alianza con los clubes profesionales, diseñamos aquí las rutas juveniles adecuadas. Se parece al modelo de nodo central y puntos periféricos, en el que aprovechas lo mejor de los clubes profesionales, aprovechas lo mejor del resto del ecosistema aquí y del programa de la selección nacional”.

Fútbol, parte de una cultura de deportes juveniles cada vez más cara en EE.UU.

En Estados Unidos, algunas familias desembolsan hasta cifras de cinco dígitos al año —incluidas cuotas del club, equipamiento y gastos de viaje— para colocar a sus hijos en un sistema con no menos de siete organismos nacionales de supervisión y 54 federaciones estatales dedicadas al fútbol juvenil.

Los gastos no son exclusivos del fútbol. Project Play estimó que una familia típica de Estados Unidos pagó 1.016 dólares en 2024 para financiar el deporte principal de un niño, un aumento del 46% respecto de cinco años antes. En los llamados deportes “de élite”, los costos pueden superar los 12.000 dólares al año.

Los jugadores que no pueden permitirse entrar en el llamado sistema de “pagar para jugar” a veces nunca pisan una cancha de fútbol.

Ese es otro hecho arraigado de la vida en Estados Unidos, donde entre 4 millones y 6 millones de niños juegan al fútbol, pero el deporte, en su nivel más alto, sigue relegado detrás del fútbol americano y del baloncesto en amplias franjas de la conciencia de los aficionados en general.

“Yo sostendría que si Erling Haaland hubiera sido un niño en Estados Unidos, estaría jugando en la NFL ahora mismo”, comentó el veterano arquero estadounidense Kasey Keller sobre el astro noruego que capturó la imaginación del mundo durante la marcha de su equipo hasta los cuartos de final.

MLS intenta reajustar flujo de talentos y emular sistema de clubes del mundo

Si existe algún “conducto” “oficial”, le pertenece a la MLS, que en 2020 asumió el principal programa de desarrollo del país después de que la Federación de Fútbol de Estados Unidos lo cerró debido a tensiones financieras relacionadas con la COVID.

Este otoño boreal, MLS Next incluirá a unos 53.000 jugadores, de los cuales sólo una fracción tiene totalmente subvencionada su formación —incluida fisioterapia, viajes y equipamiento.

El nivel superior de ese programa, la división de canteranos, incluye a más de 17.000 jugadores: alrededor de 3.000 de las academias de los 30 equipos de la liga (incluidos tres en Canadá), que juegan gratis, además de futbolistas de clubes juveniles de élite fuera de la MLS.

El resto está en el nivel inmediatamente inferior, llamado la división de academias.

MLS Next ha establecido un programa de subvenciones en el que se paga a clubes de base por formar futbolistas que luego pasan a jugar en la principal liga de Estados Unidos.

Ese sistema incipiente palidece en comparación con lo que existe en Argentina y en muchos países de Europa y Sudamérica.

El fútbol en muchos países funciona sobre lo que Rory O’Neill, un entrenador de fuerzas básicas de Pensilvania, llama un “ecosistema abierto”. En ese sistema, miles de clubes profesionales y semiprofesionales en cientos de ligas, grandes y pequeñas en todo el mundo, descienden y ascienden cada año según su rendimiento.

Ese sistema de descenso crea una necesidad constante de descubrir talento dondequiera que los clubes puedan encontrarlo.

Los jugadores que se forman dentro del sistema de clubes pueden ganarse un lugar en el primer equipo de ese club y mejorar al conjunto. También pueden ser vendidos a clubes de ligas más grandes, lo que aporta una fuente de ingresos que mantiene el sistema en marcha.

“Si no estás en ese ecosistema, quizá te cueste entender: ‘Bueno, ¿cómo podría lo que ocurre a nivel profesional tener algún impacto en el equipo de fútbol de mi hijo o mi hija de 12 años?’”, explicó O’Neill. “Pero tiene un impacto enorme. Es simplemente una vara muy distinta que superar” en comparación con Estados Unidos.

Tampoco es el nirvana. Además del costo emocional que implica la naturaleza despiadada de la evaluación constante del talento, desde hace tiempo algunos de los principales clubes de Argentina han sido acusados de explotación y abuso sexual de menores dentro de sus programas.

Para una familia, “miles y miles y miles de dólares”

Dan Chisesi es un vendedor jubilado en Colorado Springs, Colorado, cuyo hijo y su hija, ahora en sus 30, jugaron durante su infancia.

Ninguno, señaló, tenía grandes ambiciones de jugar más allá de la secundaria. Ambos, indicó, guardan muchísimos buenos recuerdos de viajar por todo el país jugando al fútbol cuando eran niños.

Nunca llevó la cuenta de los gastos, “pero fueron miles y miles y miles de dólares”.

A menudo se pregunta qué se perdió por pasar cada fin de semana, cada feriado, cada temporada, esforzándose con su esposa para participar en todos los viajes en auto, los banquetes, los entrenamientos, los vuelos a torneos fuera de la ciudad y otras gestiones logísticas que implica tener a dos hijos tan profundamente inmersos en un solo deporte.

Sí, lo haría todo de nuevo. Y aunque no le importa si vuelve a pararse en una cancha para otro partido de fútbol juvenil, es aficionado al fútbol: está enganchado con la Copa del Mundo y un poco desanimado por la incapacidad de Estados Unidos de avanzar hasta las rondas finales.

“Creo que los deportes juveniles se han vuelto algo elitistas”, manifestó Chisesi. “Creo que estamos perdiendo mucho talento porque la gente simplemente no puede permitirse estos equipos competitivos que viajan. Hay chicos por ahí a los que no se está viendo. No sé cómo se arregla eso”.

Exdirigente del deporte dice que hay demasiados cocineros en la cocina

Una persona con ideas es Skip Gilbert, un veterano ejecutivo deportivo que el año pasado dejó U.S. Youth Soccer tras cinco años como su director general.

A comienzos de este año —casi anticipando que esta pregunta afloraría de cara a este verano— Gilbert desempolvó y actualizó su ensayo de hace tres años titulado “El futuro del fútbol juvenil. Un llamado al cambio estructural”.

Califica al fútbol en Estados Unidos, con sus más de cinco docenas de organismos de supervisión, como el más “fragmentado” de todos los deportes juveniles: uno que “obliga a concentrarse más en el canibalismo de jugadores por parte de equipos en organismos sancionadores que compiten entre sí que en un esfuerzo concertado por crear el conducto de desarrollo de jugadores más dinámico del mundo”.

Su solución es combinar las muchas organizaciones bajo un mismo paraguas (la Federación de Fútbol de Estados Unidos), lo que, según él, crearía una base de datos sólida que reuniría en un solo lugar al mayor talento de Estados Unidos.

Sus críticos sostienen que es un plan diseñado para consolidar datos y poder entre las mismas entidades que ya dirigen el fútbol. Gilbert cree que es una forma de romper un ciclo en el que los programas compiten por jugadores diciéndoles a sus padres: “Vamos a conseguirle a tu hijo una beca de la División I cuando tenga 8 años”.

“Y los padres, Dios nos bendiga a todos, estamos más que felices de firmar cheques si creemos que eso va a ayudar a nuestros hijos”, expresó Gilbert. “La desventaja es que no hay otra vía. Tienes que entrar en ese modelo de pagar para jugar”.

Líderes de Estados Unidos intentan apoyarse en un sistema único y mejorarlo

Brad Sims, director general del NYC Football Club en la MLS, cuenta la historia de Seymour Reid, un chico jamaiquino en Nueva York que no jugaba fútbol organizado hacía cinco años. Un visor del equipo lo miró en un partido improvisado, le preguntó en qué club jugaba y la respuesta de Reid fue: “No juego en un club”.

Ahora sí. El joven de 18 años firmó un contrato con NYCFC y fue finalista del primer premio MLS Pathway al Jugador del Año en 2025. Aunque es una historia de éxito, Sims se pregunta cuántos chicos como ése están jugando por todo el país “sin las conexiones o los recursos para jugar”.

“Pero éste es un problema más grande que no recae en los clubes de la MLS o quizá ni siquiera en la MLS para intentar resolverlo de manera independiente”, señaló Sims. “Creo que la Federación de Fútbol de Estados Unidos obviamente quiere resolverlo tanto como cualquiera”.

Michael Bradley, excapitán de la selección nacional estadounidense y ahora entrenador de los Red Bulls de Nueva York –rivales del NYCFC–, coincidió en que Estados Unidos tiene que trazar su propio camino para competir con Argentina, España y los demás países.

“Tenemos nuestra propia cultura futbolística”, dijo. “La forma en que se ve el juego en este país, la forma en que se siente, lo que somos como nación futbolística, va a ser diferente que en otros lugares, y está bien. No necesitamos fingir ser algo que no somos”.

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Cobertura de la Copa del Mundo de AP: https://apnews.com/hub/mundial-de-futbol-fifa

FUENTE: AP

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