Su madre estaba sentada junto a la cama, sollozando en silencio. Hace apenas unos meses perdió a Khadija, su hija de 5 años, a causa del mismo padecimiento: desnutrición.
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SUSCRIBITEKABUL (AP) — Desde su cama pediátrica en el hospital, la niña de 3 años recorrió la habitación con sus ojos de color verde grisáceo, pero su cuerpo estaba inerte.
Su madre estaba sentada junto a la cama, sollozando en silencio. Hace apenas unos meses perdió a Khadija, su hija de 5 años, a causa del mismo padecimiento: desnutrición.
Ambas niñas presentaron los mismos síntomas: extremidades delgadas, pero manos, pies y abdomen hinchados, indicios de un tipo grave de desnutrición provocado por la falta de proteínas. Ahora a Malika, de 25 años, le aterra que a Kalsoum, su hija menor, le ocurra lo mismo que a Khadija.
“Me preocupa ella, que pueda morir”, expresó Malika, mientras se enjugaba las lágrimas con su hiyab. “Mi esposo es jornalero. A veces hay trabajo, otras veces no”. Los entre 3 a 4,60 dólares que gana los días que consigue empleo son insuficientes para alimentar a la familia, que también incluye a tres niños pequeños.
Pero el de Kalsoum no es un caso aislado. En la unidad de desnutrición del Instituto Indira Gandhi para la Salud Infantil —el principal hospital pediátrico de Afganistán—, las 20 camas disponibles —el máximo que la institución puede mantener— están ocupadas.
Y en todo Afganistán, el hambre y la desnutrición aumentan de forma alarmante.
“Más personas padecen hambre que nunca antes”, le dijo John Aylieff, director en Afganistán del Programa Mundial de Alimentos —organismo internacional que pertenece a Naciones Unidas— a The Associated Press. Refirió que 19 millones de personas —casi el 40% de la población— enfrentarán una situación de hambre aguda en los próximos meses, “el tipo de hambre que pone en peligro la vida”.
Lo más preocupante es que la desnutrición aguda, que resulta mortal si no se trata, se ha disparado.
“La desnutrición aguda ya se encuentra en niveles sin precedentes”, enfatizó Aylieff. “En el próximo año, 5,3 millones de mujeres y niños en este país necesitarán tratamiento para la desnutrición aguda, el tipo de desnutrición que, si no es tratada, conduce con gran rapidez a la muerte”.
Aylieff añadió que esa cifra es 1,3 millones más que en 2022, año en el que la economía de Afganistán cayó en una profunda crisis tras el retiro de la coalición encabezada por Estados Unidos y la toma del poder por parte del Talibán.
La inmensa mayoría son niños, según los datos recogidos en el último informe de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria, o CIF —la autoridad en crisis de hambre a nivel mundial—, publicado el jueves. Los niños, cuyos cuerpos están en desarrollo y, por lo tanto, tienen mayores necesidades nutricionales, son quienes corren mayor riesgo cuando los alimentos escasean.
Afganistán, uno de los países más pobres del mundo, se ha visto azotado en los últimos años por diversas crisis que se sobreponen entre sí.
El legado de cuatro décadas de guerra se suma al cierre —desde hace un año— de los pasos fronterizos con Pakistán debido a un conflicto latente, lo que ha privado a Afganistán de su principal ruta comercial. A eso se suman el retorno forzado, desde 2023, de más de 5 millones de refugiados afganos procedentes de los vecinos Irán y Pakistán, quienes ejercen presión sobre recursos ya de por sí limitados, y desastres naturales como las sequías, las inundaciones y los terremotos, además de la crisis en Oriente Medio.
La pobreza es el principal motor de la crisis alimentaria, ya que millones de personas simplemente no pueden permitirse comprar alimentos nutritivos. Dado que la crisis en Oriente Medio afecta a las economías de todo el mundo, Afganistán no es una excepción.
“El precio de los alimentos de primera necesidad ha aumentado entre un 10 y un 30%, y son los productos básicos de consumo de los pobres. Así que los pobres están siendo excluidos del mercado a causa de los altos precios”, dijo Aylieff.
Pero uno de los factores más determinantes ha sido el drástico descenso de la ayuda internacional de la que Afganistán depende desde hace tiempo. Tras la toma del poder por el Talibán en 2021, la ayuda extranjera directa se interrumpió casi de la noche a la mañana, lo cual sumió a millones de personas en la pobreza y el hambre.
Los recortes de financiación a las organizaciones humanitarias —incluida la interrupción de la ayuda estadounidense a programas como el de la distribución de comida del PMA— han cortado un salvavidas para millones de personas. El organismo de alimentación de la ONU es el mayor proveedor de asistencia alimentaria en Afganistán, pero actualmente sólo cuenta con el 12% de los fondos que tenía en 2022, expuso Aylieff.
“Nos vemos obligados a rechazar de esos centros de salud a seis de cada siete mujeres y niños que sufren desnutrición aguda, porque sencillamente no tenemos alimentos que ofrecerles para salvar la vida de su hijo”, manifestó Aylieff.
“Eso es, a mi juicio, un escándalo internacional. ... Y el desafío, sumamente desalentador, es que demasiados miembros de la comunidad internacional muestran una indiferencia alarmante ante el sufrimiento de los niños afganos”, agregó.
La unidad de desnutrición del hospital Indira Gandhi se encuentra casi siempre al límite de su capacidad. En ocasiones, hay más pacientes que camas, por lo que dos niños deben compartir una misma cama pediátrica, explicó el doctor Mohammad Arif Hassanzai, jefe del departamento de medicina interna del hospital.
“El número de pacientes con desnutrición de grado leve o moderado es extremadamente alto. No obstante, nuestra capacidad actual nos limita a ingresar únicamente casos severos en estas 20 camas”, añadió Hassanzai. “La ayuda que recibimos de los donantes sólo cubre esta capacidad específica, pero si dispusiéramos de más recursos, podríamos atender potencialmente a 60, 70 o incluso hasta a 100 pacientes”.
Los recortes en la financiación provocan dolor e indignación. “Me preocupa profundamente la razón por la cual se ha reducido esta asistencia sanitaria”, señaló. “¿Debe la situación política que atraviesa Afganistán repercutir inevitablemente en los pacientes y provocar que sufran desnutrición e incluso que mueran? La atención sanitaria debería mantenerse siempre al margen de la política... Debo preguntar, como médico: ¿Por qué se ha recortado esta ayuda?”
Unos pisos más arriba de su despacho, en la unidad de desnutrición, Zarmina, de 25 años, sostiene en brazos a su hija Fatma, cuya frente está cubierta con cinta quirúrgica blanca que mantiene en su lugar una sonda nasogástrica para alimentarla. A sus 2 años, Fatma pesa apenas 4,8 kilogramos (10,5 libras), aproximadamente la mitad de lo que se considera un peso saludable.
Zarmina, cuyo esposo es jornalero de la provincia de Logar, refiere que Fatma fue ingresada inicialmente en un hospital de Logar, junto con tres de sus otros cuatro hijos. Todos padecían desnutrición.
No obstante, el estado de salud de Fatma era tan grave que fue trasladada al hospital de Kabul. Su familia tuvo que pedir dinero prestado para costear el viaje.
Doce días después de que ingresó, a Fatma aún se le dificulta ganar peso. Zarmina no está segura cuánto tiempo deberá permanecer en Kabul.
“Estoy aquí, y también me preocupan mis otros hijos”, expresa. Sus otras hijas ya fueron dadas de alta del hospital de Logar y están al cuidado de parientes. Pero la familia vive en una situación de pobreza extrema, y ella no sabe cómo podrán alimentarse.
En otros tiempos, las organizaciones de ayuda humanitaria habrían podido intervenir. Pero los recortes a la financiación hacen que cada vez más y más familias, como la de Zarmina, queden desamparadas.
“La crisis humanitaria en Afganistán no se define tanto por lo que los trabajadores humanitarios pueden hacer, sino, en realidad, por lo que no podemos hacer”, observó Aylieff. “Porque los recortes a la financiación nos impiden poner en marcha la respuesta que necesitamos”.
FUENTE: AP

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