Cuba sufrió un apagón total el 6 de julio, otro el 10 de julio y una nueva desconexión este 14 de julio.
Tres apagones masivos en apenas ocho días no son un episodio aislado ni una simple avería coyuntural.
Son la señal más clara de que el sistema eléctrico nacional ya no cuenta con reserva, estabilidad ni capacidad real para absorber fallos sin desplomarse por completo.
Quinto apagón total de 2026
Este nuevo evento eleva a cinco los apagones totales registrados en Cuba en lo que va de 2026.
En aproximadamente dos años, la isla acumula alrededor de diez desconexiones totales o grandes colapsos nacionales, una cifra sin precedentes en la historia reciente del país.
El deterioro ya no puede explicarse solo por una rotura puntual, una línea caída o una termoeléctrica fuera de servicio.
La repetición de los colapsos muestra un problema estructural.
Un sistema operando con menos de un tercio de la demanda
La nota informativa de la Unión Eléctrica para este martes ya anticipaba un escenario crítico antes de la desconexión.
Para el horario pico, la UNE estimaba apenas 1.020 MW de disponibilidad frente a una demanda máxima prevista de 3.150 MW.
El déficit esperado era de 2.130 MW, con una afectación pronosticada de 2.160 MW.
En términos simples: el país necesitaba más de tres veces la electricidad que podía generar.
Apagones durante las 24 horas
La propia Unión Eléctrica reconoció que el lunes el servicio estuvo afectado durante las 24 horas, incluida la madrugada, por falta de capacidad de generación.
La mayor afectación del día anterior fue de 2.015 MW a las 9:10 de la noche, con impacto en todas las provincias.
Ese dato revela que Cuba llegó al nuevo colapso con el sistema ya exhausto, sin margen para resistir otra falla.
Termoeléctricas fuera de servicio
La situación térmica continúa siendo crítica.
Entre las unidades en avería figuran las unidades 6 y 8 de la Termoeléctrica Máximo Gómez, en Mariel; la unidad 2 de la Lidio Ramón Pérez, en Felton; y la unidad 3 de la Antonio Maceo, en Renté.
Además, permanecen en mantenimiento la unidad 3 de la Ernesto Guevara, en Santa Cruz; las unidades 5 y 6 de Renté; y la unidad 5 de la Diez de Octubre, en Nuevitas.
La red cubana funciona con plantas envejecidas, sometidas a ciclos constantes de averías y reparaciones parciales.
Generación distribuida paralizada por falta de combustible
La crisis no se limita a las termoeléctricas.
La Unión Eléctrica informó que 106 centrales de generación distribuida permanecen fuera de servicio por indisponibilidad de combustible.
También estaban fuera de operación la Patana de Regla, la Patana de Melones, la Central Fuel de Mariel y la Central Fuel de Moa.
La generación distribuida debería funcionar como respaldo ante fallos del sistema térmico, pero la falta de diésel y fuel oil la mantiene prácticamente inutilizada.
El apagón del 10 de julio: una línea tumbó el sistema
El colapso anterior, registrado el 10 de julio, fue atribuido por la Unión Eléctrica a un fallo en la línea de transmisión de 220 kV entre Santa Clara y Sancti Spíritus.
Según la explicación oficial, la falla provocó la división del sistema, la salida de varias unidades térmicas y una oscilación de parámetros que terminó en una desconexión total.
La reacción ciudadana fue inmediata: muchos cubanos cuestionaron cómo una falla en una sola línea podía tumbar todo el sistema nacional.
El 6 de julio ya había sido una señal crítica
Cuatro días antes, el 6 de julio, Cuba había sufrido otro apagón nacional.
Ese evento dejó sin electricidad a millones de personas y obligó a levantar microsistemas regionales para intentar recuperar hospitales, comunicaciones, bombeo de agua e instalaciones estratégicas.
El restablecimiento fue lento, inestable y parcial.
La nueva caída del 14 de julio demuestra que el sistema no logró recuperarse de manera sólida.
Energía solar insuficiente para sostener el país
La UNE informó que los 54 parques solares fotovoltaicos generaron el lunes 5.109 MWh, con una potencia máxima de 794 MW.
Aunque ese aporte ayuda durante horas diurnas, no alcanza para compensar la caída del parque térmico ni la paralización de la generación distribuida.
Además, Cuba no cuenta con suficiente almacenamiento para sostener la demanda nocturna.
La energía solar puede aliviar, pero no sustituye la generación firme que el país necesita para evitar apagones nacionales.
Las causas estructurales del colapso
El sistema eléctrico cubano arrastra problemas acumulados durante décadas.
Entre las causas principales figuran termoeléctricas con 40, 50 y hasta 60 años de explotación, falta de mantenimiento capital, escasez crónica de combustible, déficit de piezas, baja inversión y dependencia de suministros externos.
A eso se suma la caída del petróleo subsidiado de Venezuela y la presión de sanciones estadounidenses contra el flujo energético hacia la isla.
El resultado es una red frágil, sin reserva y con fallos en cadena.
Microsistemas: la única forma de levantar el país
Después de una desconexión total, el SEN no puede recuperarse de inmediato.
Las autoridades deben crear microsistemas regionales, estabilizar generación local, sincronizar frecuencia y reconectar gradualmente las termoeléctricas.
Ese proceso puede tardar horas o incluso días.
Cada nuevo colapso obliga a empezar otra vez desde cero en muchas zonas del país.
Apagones de 20 a 24 horas diarias
En julio de 2026, los apagones diarios en Cuba han llegado a promediar entre 20 y 24 horas en varias zonas.
En algunas provincias se han reportado cortes superiores a 72 horas consecutivas.
En lugares de Matanzas, los apagones han alcanzado hasta 87 horas, según denuncias ciudadanas y reportes independientes.
Para millones de cubanos, la electricidad dejó de ser un servicio intermitente para convertirse en una excepción.
Sin luz también falta el agua
El colapso eléctrico afecta mucho más que los bombillos.
Sin electricidad, se paralizan sistemas de bombeo de agua, refrigeradores, ventiladores, cocinas eléctricas, hospitales, farmacias, telecomunicaciones y transporte.
En edificios altos, barrios periféricos y zonas con redes hidráulicas deterioradas, un apagón prolongado significa también quedarse sin agua.
La crisis energética se convierte así en crisis sanitaria, alimentaria y social.
Díaz-Canel pide “organizar mejor” los apagones
Mientras los apagones se multiplican, Miguel Díaz-Canel ha pedido “organizar mejor” los cortes eléctricos.
La frase provocó indignación porque no ofrece una solución estructural al problema.
Para muchos cubanos, el régimen no está resolviendo la crisis: solo intenta administrar la oscuridad.
La población no reclama apagones mejor distribuidos. Reclama electricidad.
A días del aniversario del 11J
La nueva desconexión llega en un momento políticamente sensible.
El país acaba de atravesar el quinto aniversario de las protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles en decenas de ciudades para exigir libertad y mejores condiciones de vida.
En los últimos meses, los apagones han vuelto a provocar cacerolazos, protestas barriales y gritos de “Libertad” y “Abajo la dictadura” en La Habana y otras provincias.
La oscuridad se ha convertido en detonante político.
¿Colapso o desconexiones aisladas?
La pregunta ya no es si Cuba está ante una crisis energética.
La pregunta es si el país está viendo el colapso operativo del sistema eléctrico nacional en tiempo real.
Tres apagones totales en ocho días, cinco en un año y diez en dos años no describen normalidad.
Describen un sistema que se cae una y otra vez porque ya no tiene capacidad para sostenerse.
Una crisis sin salida visible
La Unión Eléctrica puede volver a levantar el sistema en las próximas horas o días.
Pero la causa de fondo seguirá intacta: no hay generación suficiente, no hay combustible suficiente, no hay mantenimiento suficiente y no hay inversión suficiente.
Cada recuperación es provisional.
Cada nuevo fallo puede convertirse en otro apagón nacional.
Y cada apagón nacional confirma que Cuba vive una crisis energética de dimensiones históricas.