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Cuba

Santiago de Cuba a la espera del agua prometida

Raúl Castro prometió que en la ciudad del oriente de Cuba no faltaría el preciado líquido. Hoy la situación es desesperada.

El semanario Sierra Maestra, en su edición del sábado 10 de enero, publica los nuevos ciclos del agua para la ciudad de Santiago de Cuba. Ahora estos se duplicaron de una semana hasta 15 días o más, pues las lluvias no aparecen por la provincia y la solución, según las autoridades, es el ahorro máximo y el envío de pipas. No importa que esto no satisfaga la demanda del líquido para una ciudad que sobrepasa el medio millón de personas.

Según un funcionario de acueductos que quiso quedar anónimo, la situación se agudizó cuando las presas de las provincias adyacentes, Granma y Guantánamo, que estaban bombeando hacia la provincia de Santiago, cerraron sus conductos al bajar sus niveles de reserva.

El agua es la preocupación fundamental del ciudadano común en Santiago. Los anuncios de las nuevos ciclos de suministros no son confiables. Si con los ciclos menores de una semana se pasaban hasta 10 días sin agua, ahora el temor es que se sobrepasen los 20 días, y lo peor es que no hay a quién reclamar.

Dania L. está parada en la calle, frente de su edificio en el distrito José Martí. Es domingo y no sabe qué hacer: "En mi casa no tengo una gota, anoche no dormí velando el agua", dice. "Ahora estoy inventando para que mi hijo y mi marido carguen agua. No le puedo pedir a un vecino porque están igual. Esto aquí es así: dicen una cosa y se hace otra, y no tienes adónde llamar y quejarte porque la gente de Acueducto no coge el teléfono."

En el distrito José Martí la situación se complica pues, con las reparaciones de los techos de los edificios, los vecinos que durante años se prepararon comprando grandes tanques y haciendo complejas instalaciones de plomería fueron obligados a bajarlos y deshacerse de ellos, ante las promesas de Raúl Castro, con la renovación del sistema de acueducto de la ciudad, de que en Santiago no faltaría más el agua. Así, muchos vendieron sus depósitos.

Las anunciadas pipas que serían enviadas en momentos críticos tampoco aparecen. La gente no cree en esta solución y su desconfianza viene del negocio que se ha armado con ellas en crisis anteriores. Si antes costaban 5 CUC, ahora el precio del mercado negro se duplica.

María S., vecina de la calle Heredia, en el centro de la ciudad, se unió a varios vecinos para contratar una pipa: "Así es más fácil pagar los 10 CUC", comenta, "pero el problema es que tienen miedo a arriesgarse en esta zona, porque dicen que hay muchos chivatos".

La gente se abastece de las instituciones o industrias más cercanos a sus barrios donde existen grandes cisternas, o alquilan a cocheros que ya han creados los nuevos negocios de aguateros, habilitando sus coches con bidones de 55 galones que llevan hasta la puerta de las casas a un precio de entre 20 y 30 pesos cada uno.

Los bidones de metal de 55 galones tampoco aparecen a la venta. Algunos se ubican en los puntos de materiales para los damnificados del ciclón Sandy, y en el mercado negro los precios que alcanzan son prohibitivos, entre 300 y 400 pesos cubanos.

Las historias rayan en lo absurdo. Leonor P., de 71 años y residente en Los Pinos, tuvo que quejarse en las oficinas de la campaña antivectorial porque le pusieron una multa de 50 pesos por haber encontrado una larva de mosquito en un cubo de agua que mandó a comprar por dos pesos para descargar el servicio sanitario. "Gracias a Dios que me quitaron la multa", afirma, "porque mis bidones estaban vacíos y necesitaba esa agua sucia porque no iba a estar con la mierda hasta que pusieran el agua en la tubería".

La situación es desesperada en San Pedrito, sin servicio de acueducto desde el 31 de diciembre. Es en estos barrios marginales donde más se sufre, pues los pobladores no tienen la capacidad económica para construir una cisterna, que es lo único que les haría aguantar los nuevos ciclos de distribución.

En la Avenida Crombet de ese mismo barrio están ubicando pipas. Los vecinos se agolpan con sus cubos y bidones, tratando de acaparar la mayor cantidad de líquido. También llegaron las reparaciones a esta avenida, como parte de la gran calzada que se está construyendo para conectar la Plaza de la Revolución santiaguera con el cementerio. Y la remodelación ha empeorado la situación, pues algunas tuberías han sido dañadas con el desmantelamiento.

A pesar de todo, la ampliación de la avenida no se detiene. La urgencia de las autoridades por terminar el proyecto, con el pretexto del 500 aniversario de la ciudad y en medio de la crisis acuífera, da que pensar. Con la afluencia de pipas en el terraplén en que se ha convertido su calle, estos vecinos, por ahora, resuelven. ¿Será esta la fórmula gubernamental para paliar descontentos en esta vecindad por la que pasarán los cortejos fúnebres de la ciudad?

FUENTE: Diario de Cuba

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