Reinaldo Escobar nació en la provincia cubana de Camagüey en 1947. Ese mismo año y desde ese mismo lugar, Fidel Castro se embarcaba hacia la República Dominicana en su primera expedición contra un aliado estadounidense, el dictador Rafael Trujillo. Sería un fracaso.
Sin embargo, 12 años después triunfaría en La Habana la revolución que mantendría a los Castro durante más de 50 años en el poder. Durante esa época, Escobar se entusiasmó con las promesas del comunismo. Fue, sin embargo, como periodista del régimen que germinó, con los años, una mirada crítica que no haría más que profundizarse.
Ya para principios de los 90 la atracción revolucionaria se había transformado en desencanto, pero su corazón encontraría un nuevo amor en la conocida bloguera disidente Yoani Sánchez.
De visita en Buenos Aires, LA NACION dialogó con este hombre que no quiere volver a vivir "una revolución triunfante".
-En estos años se viene hablando de una apertura del régimen. ¿Se debe esto a un cambio en el gobierno o fue la sociedad la que cambió y la exigió?
-La apertura hay que dividirla en dos. Por un lado hay un cambio económico en la dirección correcta, pero no con la velocidad ni la profundidad necesaria. La asignatura pendiente es la parte política. En Cuba no hay ni la más mínima intención de descriminalizar la disidencia política y lo único que ha cambiado es el estilo de mando. Ya no está Fidel, sino su hermano, y en lugar de arrestar a la gente y dejarlos en prisión 20 años, los detienen por períodos más breves, pero con mayor frecuencia. Es un sistema perverso porque como la policía tiene derecho a retener a un ciudadano por períodos breves para investigar, esa detención ni siquiera se puede denunciar.
-¿Por qué cree que Raúl Castro modificó la política migratoria?
-Debo admitir que todavía no he salido de la sorpresa. A Yoani durante años le negaron el permiso de salida. Creo que es la medida política más audaz que tomó Raúl Castro porque gracias a eso la inmensa mayoría de los opositores han podido salir de Cuba y eso permitió que se conozca en el exterior una cara diferente del país. Por otra parte, la gente que salió pasó por un proceso de aprendizaje, pudo conocer los valores y las limitaciones de las democracias vigentes. Una de las razones por las que creo que se adoptó este cambio fue porque Cuba está tratando de insertarse en América latina y el hecho de que mantuviera restricciones tan violentas desentonaba demasiado con el contexto regional.
-¿Qué cambió en Cuba a partir de la muerte de Hugo Chávez?
-Su muerte les dio a los cubanos la perspectiva de que la situación de Venezuela manteniendo a Cuba no va a durar tanto como se esperaba. Chávez era una potencia, un fenómeno de la naturaleza, y su presencia hacía suponer que íbamos a tener revolución cubana por mucho tiempo.
-¿Cree que la política de embargos norteamericana ha debilitado o fortalecido al régimen castrista?
-El embargo para lo único que sirve es para justificar todos los fracasos económicos del gobierno cubano. Por otra parte, bajo la consigna de que en una plaza sitiada la disidencia es traición, cualquier persona que denuncie la violación de derechos humanos es tomada como traidora a la patria porque es considerada alguien que favorece los argumentos estadounidenses para mantener el bloqueo. Cuando desaparezca el bloqueo, la falta de libertad va a ser menos explicable.
-Si tuviera la posibilidad de conversar con el Reinaldo que creía en la revolución, ¿qué le diría?
-Ése es un diálogo que mantuve conmigo mismo muchas veces. Tuve que enfrentarme a mí mismo para poder explicarme por qué yo escribía esos artículos triunfalistas de mi etapa de periodista oficial. Me justificaba pensando que esos artículos se iban a leer afuera y eso provocaría una imagen favorable de Cuba. Hoy comprendo que yo estaba contribuyendo a eternizar un error, un sistema que es antinatura. Yo le diría a Reinaldo: "Despierta, las cosas no son así"..