Un hombre en una celda de una prisión circular no sabe si un guardia armado lo está observando, desde su puesto en una torre situada en el centro del edificio. Este es el panóptico, una construcción ideada por el inglés Jeremy Bentham en el siglo XVIII y copiada por el dictador cubano Gerardo Machado para construir un "Presidio Modelo" en Isla de Pinos, en las primeras décadas del siglo pasado. Un modelo perfecto de poder disciplinario, en palabras del filósofo Michel Foucault.
En 1962, Ricardo Vázquez, un joven estudiante encarcelado por conspirar contra el gobierno instaurado en Cuba en 1959, desafía esa sensación de perpetua vigilancia para llevar a cabo una riesgosa misión en la cárcel-panóptico de Isla de Pinos: tomar las fotos de las cargas de dinamita que habían sido colocadas en la planta baja de cada uno de los cuatro edificios circulares que albergaban prisioneros políticos como él.
Eran los días cercanos a la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, y los presos habían constatado con horror que los hombres trabajando con martillos neumáticos estaban horadando las paredes y colocando cargas de dinamita, un colchón de explosivos para evitar que los "contrarrevolucionarios" tomaran la cárcel, en caso de una nueva agresión "imperialista"?trabajo inútil si estallaba una guerra nuclear primero.
Ricardo era dirigente nacional del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre cuyo objetivo era "derrocar el sistema de Fidel, porque nos sentíamos traicionados. Yo luché también contra Batista y Fidel se desvió totalmente de los planes iniciales de la revolución. Tratamos por todos nuestros medios de derrocarlo", explica.
Interrogado sobre "los planes iniciales de la revolución", responde: "que estuviera basada en la constitución de 1940, que existiera libertad, que se acabara la opresión y todo eso resultó una farsa de Fidel. Engañó al pueblo. Fue un engaño terrible".
En febrero de 1961, apenas un año después del "triunfo de la revolución" es arrestado con "material sensible", un eufemismo que podía referirse a armas, explosivos, equipos de radio o cualquier otro suministro que pudiera apoyar a quienes se enfrentaban el nuevo régimen. Anastasio Rojas, el chofer que lo transportaba a él y al "material" fue fusilado. El, con 17 años, fue enviado al Presidio Modelo de Isla de Pinos.
Hoy, Ricardo es un señor de 71 años, con voz suave, de pocas palabras y a quien, a todas luces, no le gusta comentar mucho sus experiencias en la prisión. Pero amablemente accede a una entrevista con el Nuevo Herald y nos lleva también donde su hermana Guillermina Vázquez reposa inválida en una cama, pero con lucidez suficiente como para complementar su relato.