El encuentro en la ciudad caribeña de Santa Marta se produce en momentos en que gobiernos de todo el mundo enfrentan una creciente presión por ir más allá de las promesas climáticas y empezar a establecer lineamientos para eliminar gradualmente la dependencia de petróleo, gas y carbón, los principales impulsores del calentamiento global.
Si bien las conversaciones climáticas de la ONU han reconocido la necesidad de una transición, no se han producido mecanismos concretos, dejando a los países y regiones por su cuenta al momento de lidiar con los desafíos económicos.
Aunque la energía renovable, como la solar y la eólica, suele ser más barata de generar que los combustibles fósiles, los expertos afirman que el costo de la transición está impulsado por otros factores. Los gobiernos deben realizar grandes inversiones en infraestructura, como redes eléctricas y almacenamiento, al tiempo que reemplazan los sistemas existentes de petróleo y gas que aún sostienen a un gran número de economías.
En los países en vías de desarrollo, los altos costos de endeudamiento y un acceso limitado a financiamiento también pueden disparar significativamente el precio de proyectos de energía limpia, incluso si con el tiempo resultan más baratos de operar.
Muchos países y gobiernos regionales no están en contra de un alejamiento de los combustibles fósiles, pero están limitados por la deuda, el poco margen fiscal y el alto costo de financiar proyectos de energías más limpias, indicó Amiera Sawas, directora de investigación y políticas en Fossil Fuel Non-Proliferation Treaty Initiative.
“No están atados ideológicamente a los combustibles fósiles”, aseguró. “Pueden acceder con mayor facilidad al financiamiento para combustibles fósiles”.
En muchas regiones en vías de desarrollo, los costos de endeudamiento para la energía renovable pueden ser exponencialmente más elevados que en economías más ricas —con un promedio de alrededor de un 15% en partes de África frente a aproximadamente un 2% en Europa y Norteamérica—, por lo que es más barato a corto plazo mantener sus inversiones en petróleo y gas.
Esta dinámica puede crear lo que los investigadores describen como una “trampa de deuda para combustibles fósiles”, en la que los países dependen de sus ingresos del gas y el petróleo para pagar deudas y mantener su acceso a la energía, lo que les deja poco margen para invertir en alternativas.
Gobiernos buscan formas de financiar la transición En ese contexto, algunos gobiernos están recurriendo a los propios ingresos de los combustibles fósiles para ayudar a financiar la transición.
En el estado brasileño de Espírito Santo, funcionarios señalaron que el dinero obtenido de la producción de gas y petróleo está siendo utilizado para ayudar a pagar la transición hacia energías más limpias, entre ellos un nuevo fondo que tiene como objetivo captar inversión privada para proyectos de reducción de emisiones.
Las autoridades señalaron que este tipo de ingresos puede ofrecer un punto de partida en regiones donde el financiamiento alternativo es limitado y, en algunos casos, puede ayudar a atraer capital privado hacia proyectos de energía más limpia.
Pero los expertos advierten que este enfoque tiene límites claros. Los ingresos por combustibles fósiles pueden ser volátiles, están vinculados al mercado global y se tiene previsto que disminuyan a medida que los países reduzcan su producción y el consumo.
“El financiamiento climático es un desafío en todo el mundo, pero a nivel subnacional es aún mayor”, sostuvo Nicolas Lippolis, fundador y director ejecutivo del Centre for Energy, Finance and Development, quien durante la conferencia moderó un panel sobre el uso de regalías para la transición energética.
Las regiones más ricas usan políticas para reducir la brecha Funcionarios de regiones más ricas afirmaron que están tratando de reducir parte de esa brecha mediante políticas y mecanismos de mercado. California, por ejemplo, ha utilizado mercados de carbono —sistemas que obligan a las empresas a pagar por sus emisiones o a limitarlas— y estándares de combustibles de bajo carbono para generar inversión y orientar la transición.
“Mantenemos nuestro firme compromiso con la neutralidad de carbono para 2045”, declaró Sarah Izant, subsecretaria de política climática de la Agencia de Protección Ambiental de California, la cual es responsable de supervisar las políticas ambientales y climáticas del estado. Añadió que el cambio también aporta beneficios para la salud pública y la economía.
Afirmó que California sigue siendo un “socio estable y confiable” en la acción climática y destacó las coaliciones de algunos estados de Estados Unidos que continúan buscando la manera de reducir emisiones, incluso cuando la política federal se ha alejado por momentos de los compromisos climáticos internacionales y de las regulaciones sobre el uso de combustibles fósiles. Izant reconoció que la transición ha traído desafíos, incluidas interrupciones en el suministro de combustibles a medida que cierran refinerías y la necesidad de complementar con importaciones a corto plazo.
El gobierno de Estados Unidos no estuvo entre los invitados a la conferencia de Santa Marta, que, según los organizadores, giró en torno a países que buscan acelerar una transición hacia energías más limpias.
En Canadá, Quebec ha adoptado un enfoque más directo, al aprobar una ley que frena por completo la nueva exploración y producción de combustibles fósiles.
“Decidimos, en consenso, decir no a los combustibles fósiles en Quebec”, subrayó Jean Lemire, enviado climático de la provincia, aunque reconoció que existe cierta presión debido a los costos y políticas energéticas.
Advirtió, sin embargo, que los esfuerzos globales para coordinar la transición siguen siendo lentos.
“Ahora mismo en la ONU no logramos grandes avances en nada… porque estamos bajo la regla del consenso”, afirmó, en referencia a un sistema en el que todos los países deben estar de acuerdo antes de que se adopte una decisión.
Los esfuerzos por generar impulso fuera de las conversaciones formales de la ONU continúan. Tuvalu, una nación insular del Pacífico sumamente vulnerable al aumento en los niveles del mar, anunció que será anfitriona de la próxima edición de la conferencia.
“Tuvalu no espera a que el resto del mundo actúe, vamos a la vanguardia”, declaró el doctor Maina Vakafua Talia, ministro del Interior, Medio Ambiente y Cambio Climático del país. “Esta no es una postura de negociación: es una cuestión de supervivencia”.
El debate en Santa Marta pone de manifiesto un cambio más amplio en la transición energética: de un desafío tecnológico a uno económico, centrado en movilizar inversión y reconfigurar a las economías que han dependido desde hace mucho tiempo de los combustibles fósiles.
Pero los ponentes dijeron que el problema sigue sin resolverse.
“Hay mucho dinero para la guerra”, subrayó Lemire. “Pero hay un enemigo en común —el cambio climático— y no vemos ese dinero”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP