Hace una década, Burnham dejó de lado su ascenso de 20 años a través de las filas del Partido Laborista en Londres para asentarse en el norte del país y postularse a la alcaldía de la zona metropolitana de Manchester. Regresó al Parlamento hace un mes, después de ganar una arriesgada elección especial, y el próximo lunes se convertirá en el 59.º primer ministro de Reino Unido.
La repentina caída del primer ministro Keir Starmer después de tan sólo dos años en el cargo ha llevado al poder al exalcalde de 56 años de edad, quien no fue elegido, y prácticamente no ha sido puesto a prueba. Asumirá el cargo en medio de grandes expectativas y con enormes interrogantes sobre cómo afrontará el desafío.
“Una amplia gama de personas al interior del movimiento laborista y en todo el país han proyectado sobre Andy Burnham sus esperanzas y sus fantasías sobre cómo debería gobernarse el país y lo que el Partido Laborista debería representar y lo que Andy Burnham representa", señaló Joshi Herrmann, fundador del portal noticioso de Manchester The Mill, el cual ha dado cobertura a Burnham durante años.
Su padre trabajó como ingeniero en British Telecom y su madre fue recepcionista, y él se crió en una familia católica muy unida. Burnham ha dicho que “no es particularmente religioso”, pero la enseñanza católica --junto con el Partido Laborista de centroizquierda-- ayudó a forjar sus valores y su sentido de justicia social.
Burnham y sus hermanos fueron los primeros de su familia en ir a la universidad. Y no a cualquier universidad: Burnham asistió a Cambridge, una de las instituciones más antiguas y prestigiosas del país.
“Hubo que convencerlo mucho para que solicitara su ingreso porque sentía que, como chico de clase trabajadora, Cambridge no era para él", recordó Stephen Harrington, su antiguo profesor de inglés en la escuela secundaria católica St. Aelred’s, en declaraciones a la BBC. "No creía en sí mismo. Pero lo hizo, y lo demás es historia”.
Burnham ha contado que se sintió fuera de lugar en Cambridge, donde muchos de sus compañeros habían asistido a exclusivos colegios privados en el sur de Inglaterra. Pero obtuvo un título en Literatura Inglesa y conoció a su futura esposa, la estudiante holandesa Marie-France Van Heel, quien ahora es una ejecutiva de marketing. Se casaron en 2000 y tienen tres hijos.
Después de graduarse, Burnham trabajó como periodista en revistas especializadas antes de convertirse en investigador y asesor de políticos laboristas.
Elegido al Parlamento en 2001 por el distrito de Leigh, en el área de Manchester, ascendió en las filas del gobierno bajo los primeros ministros laboristas Tony Blair y Gordon Brown. Se desempeñó como secretario jefe del Tesoro, secretario de Cultura y secretario de Salud durante el gobierno de Brown entre 2007 y 2010.
Una experiencia decisiva llegó en 2009, cuando fue abucheado durante un evento para conmemorar la tragedia en el estadio de Hillsborough de 1989, en donde 97 aficionados del Liverpool murieron aplastados. Familiares de las víctimas habían luchado durante años para derribar una narrativa de la policía, según la cual los aficionados rijosos habían sido los responsables.
Burnham se convirtió en un defensor de las familias y ayudó a impulsar una nueva investigación judicial, una disculpa y una ley que impone a los funcionarios públicos el deber de ser francos y decir la verdad sobre las tragedias, sin importar el impacto en su reputación.
El Rey del Norte Después de que el Partido Laborista perdió el poder en 2010, Burnham se postuló para tomar las riendas del partido ese mismo año y en 2015, perdiendo en ambas ocasiones. Dejó el Parlamento en 2017 para postularse a alcalde del área metropolitana de Manchester.
Ser alcalde encajaba con sus fortalezas: la capacidad de unir a la gente, su habilidad para detectar oportunidades y una amplia veta de pragmatismo. Su enfoque pasó a conocerse como “manchesterismo”, una nueva marca de socialismo a favor de las empresas que busca aprovechar los fondos públicos y privados para invertir en áreas como el transporte, la vivienda y la infraestructura.
Manchester fue una antigua potencia manufacturera —conocida como la cuna de la Revolución Industrial— que se había ido secando a medida que la industria británica se desmoronaba. Con Burnham al frente, la ciudad prosperó y los rascacielos surgieron en terrenos vacíos. Recibió elogios por mejorar un sistema de transporte público fragmentado.
Cambió el traje y la corbata por pantalones de mezclilla y camisetas oscuras, habló de su amor por Oasis, The Smiths y New Order, y dedicó su tiempo libre a jugar al fútbol o en batallas de DJ.
Durante la pandemia de COVID-19, increpó al primer ministro, el conservador Boris Johnson, por lo que calificó como un enfoque “centrado en Londres” en medio de la crisis, el cual estaba perjudicando a las ciudades del norte. Fue entonces que se ganó el apodo de Rey del Norte, un guiño inspirado en “Game of Thrones” debido a la defensa de su región natal y a su ambición política.
Ha dicho que veía su trabajo en el gobierno central como “un asunto pendiente”, y tuvo su oportunidad cuando Starmer se vio presionado por sus colegas laboristas a dimitir ante la alarma por la impopularidad del partido.
Pero Burnham aún necesitaba un escaño en el Parlamento. Un legislador laborista aceptó renunciar, lo que desencadenó una elección especial en el distrito de Makerfield, en el área de Manchester. Burnham dominó los comicios, consolidando sus credenciales.
Fue el único candidato en la contienda para reemplazar a Starmer como líder del Partido Laborista.
Promete restaurar la esperanza Ahora dice que ofrecerá “una nueva política basada en la unidad y la esperanza” y “una economía que funcione para todos”, vivan donde vivan. Un pilar clave es otorgar más poder a los líderes regionales, y planea trasladar parte de la oficina del primer ministro a Manchester.
Herrmann señaló que Burnham tiene claras fortalezas, especialmente su capacidad de contar una historia convincente y un sentido de empatía que no muchos políticos tienen.
Añadió que el próximo primer ministro tiene “un conjunto de principios en los que realmente cree para intentar que el país sea más justo, para intentar sacar a la gente de la pobreza”.
Los críticos sostienen que su política es ambigua en algunos de los puntos más importantes, como de dónde saldrá el dinero para pagar sus promesas. Enfrentará muchos de los mismos desafíos políticos y económicos que frenaron a Starmer, incluida una economía lenta, servicios públicos sobrecargados y una presión por el costo de vida. Tiene poca experiencia en asuntos de política exterior, desde la guerra en Ucrania hasta el trato con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Y gobernar un país de 70 millones es muy distinto a supervisar una región de 3 millones de habitantes.
Pero Sacha Lord, un empresario musical de Manchester que fue asesor de Burnham , dijo que el político tiene un lado de acero que lo ayudará a estar a la altura.
“No le da miedo enfrentarse con nadie”, comentó Lord. “Todo el mundo cree que Andy es este tipo simpático, pícaro y bonachón. Pero créanme, cuando quiere algo... por lo general lo consigue”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP