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María Corina Machado

María Corina Machado, más que una "dama de hierro" para devolver la esperanza a Venezuela

La líder opositora sigue llenando plazas y calles en una marea nunca vista de cara a derrotar al chavismo en las urnas el próximo mes de julio

En cada uno de sus discursos, Machado repite la misma pasión que empleó para encararse a Hugo Chávez en la Asamblea Nacional bajo control revolucionario. Eran otros tiempos, hace 12 años, cuando era la diputada más votada del país y el comandante supremo se despachaba con el famoso «águila no caza moscas» para proseguir su monólogo inacabable.

De aquella voz férrea del antichavismo, la dama de hierro criticada por otros sectores opositores por su «radicalidad» ha surgido la protagonista de un hito político que parecía imposible. Su desafío al frente de un pueblo, que ha cambiado la rendición por la esperanza, mantiene en alerta al resto del continente, incluso ha obligado a los antiguos aliados de Nicolás Maduro, como Brasil y Colombia, a exigir garantías electorales.

El grito de libertad y la necesidad imperiosa de una transición han calado como agua de lluvia en el sentimiento nacional. Pero si hay una bandera que se ha convertido en poderoso motor del cambio, esa es la del regreso a casa de los venezolanos obligados a huir de su país. «Los vamos a traer de vuelta, a tus hijos y a los míos; a tu familia y a la mía», promete María Corina en cada rincón del país.

Las cifras dimensionan el poder de esta promesa: la diáspora está conformada por casi nueve de los 31 millones de venezolanos.

Como si fuera una partida de ajedrez de un tablero global, donde Maduro cuenta con la protección de rusos, iraníes, chinos y cubanos, Machado ha tomado la iniciativa y no la abandona: sus piezas van siempre por delante y a la ofensiva. La misma que puso en marcha hace un año en la precampaña de las primarias, donde demostró estar situada en posiciones más avanzadas en temas morales que la mayoría de sus rivales. El 92,6% de los votantes la apoyó en lo que también suponía un castigo para los partidos tradicionales.

La madurez personal y política, cercana al centro liberal, de Machado, de 56 años, se pone a prueba cada día, incluso en situaciones tan adversas como el encarcelamiento y la persecución de su círculo más cercano, mucho más que compañeros de lucha.

A todos ellos, en su fuero interno, les reconforta saber que Cori, como llaman a la jefa, «tiene palabra»: siempre ha demostrado una lealtad a prueba de bombas bolivarianas.

Pese a la indefensión y a la multitud de trampas que se le tienden, sumada a la animadversión que mal disimulan sectores inmovilistas en el seno de la oposición, Machado no ha errado ni en uno solo de sus movimientos. «Ha puesto lo político por encima de lo ideológico. Sin abandonar referentes morales, como el tema del bien y del mal, hace llamamientos constantes a la reconciliación, a recibir a los que fueron chavistas y pone el foco en la coyuntura para acumular la mayor masa crítica para provocar la transición. También ha defendido lo electoral pese a todas las presiones para salirse del carril y ha incorporado a su lenguaje elementos sociales que no estaban hace unos años en un ideario más liberal y político», pondera el historiador Armando Chaguaceda.

El analista e instructor en finanzas Henkel García ha vivido en primera línea la transformación de la líder opositora. «He visto una evolución importante, ser más ella y estar conectada consigo misma. Hay una evolución emocional hasta convencerse de que siendo ella misma podía conectar con la gente. Es algo notorio en dos años. Machado escucha mucho, anota todo a mano en una libreta, con mucho detenimiento y luego profundiza en las ideas. No suelta el tema hasta que lo ha digerido y anotado en el cuaderno», describe a este periódico García, uno de los autores del programa político de la candidata.

Las comparaciones pueden parecer exageradas, en todo caso tan exageradas como el fenómeno que se vive en el interior de Venezuela, donde padres emocionados izan a sus bebés y se los entregan a la carrera a su líder porque están convencidos de que su proyecto es la única salida. «Esta mujer representa a la madre que cuida de los hijos de la República. Junto a millones de venezolanas está pariendo a Venezuela», escribe Corina Yoris, la segunda candidata también bloqueada por el chavismo.

«No es una candidatura, ni siquiera una doble candidatura [junto al diplomático Edmundo González, abanderado de la unidad democrática]. Es un movimiento de liberación nacional, que permite la participación de todos, por diferentes que sean, mucho mejor que un partido. Un movimiento de liberación remueve las entrañas de las personas. Es más que política y elecciones», advierte el politólogo Georg Eickhoff.

«Es como si se hubiera salido de su coordenada particular, sin dejar de ser una mujer liberal, que valora las libertades políticas incluso con referencias a una formación católica. Sin dejar eso se ha abierto a ser el símbolo de una coalición mucho más amplia. Es de esos fenómenos de la historia en los que una figura, como Lech Walesa o Nelson Mandela, logra encarnar las esperanzas de un pueblo más allá de la propia referencia identitaria de su figura», concluye Chaguaceda.

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