ver más
La Habana

El secreto mejor guardado de Fidel Castro

José Manuel Martín Medem habla de su libro recién publicado sobre los fusilamientos del narcotráfico: los casos de Arnaldo Ochoa y Antonio de la Guardia
En 1989, cuando fueron fusilados en La Habana el general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia, el periodista español José Manuel Martín Medem trabajaba como enviado especial de Radio Nacional de España (RNE) en El Salvador y Panamá. Unos años después, entre enero de 2001 y marzo de 2005, serviría como corresponsal de Radio Televisión Española (RTVE) en La Habana. Autor de varios títulos sobre Cuba, entre ellos uno dedicado a rememorar su estancia habanera, ahora ha publicado El secreto mejor guardado de Fidel. Los fusilamientos del narcotráfico (Los Libros de la Catarata, Madrid, 2014).

José Manuel Martín Medem habla sobre este libro para DIARIO DE CUBA.

Usted refiere al inicio de su libro cómo Carlos Aldana, quien fuera jefe del Departamento Ideológico del PCC, juró que se llevaría a la tumba la conversación de tres horas que Fidel Castro sostuviera con Antonio de la Guardia. Él había sido testigo de ella. ¿Qué supone que haya ocurrido en esa conversación?

Ni aseguro que sea cierto lo del supuesto testigo ni supongo el contenido de la conversación de Fidel con Tony. Solo digo que Carlos Aldana ha contado que estuvo presente y que no quiere revelar lo que allí se dijo. Es Ileana de la Guardia, la hija de Tony, la que asegura desde entonces, en sucesivas declaraciones, que Fidel le prometió a su padre que no habría fusilamientos si asumía toda la responsabilidad por la conexión cubana con el Cártel de Medellín.

Si así fue, Fidel no cumplió lo prometido. Y si esa conversación está grabada, sería el documento fundamental sobre lo sucedido en 1989.

El de Ochoa, incluido en la misma causa judicial aunque sin vinculaciones con el narcotráfico, parece ser un caso típico de la historia romana: el general victorioso que regresa al corazón del Imperio con una tropa que lo ama y se convierte así en un gran peligro político. ¿Fue ese el caso de Ochoa a los ojos de Fidel Castro?

Tony y su grupo fueron acusados de participar en operaciones de narcotráfico hacia EEUU con el Cártel de Medellín, a través de Cuba. La acusación contra Ochoa era la de haber intentado establecer una relación personal y directa con Pablo Escobar que finalmente no se produjo.

La Fiscalía reconoció que Ochoa no realizó ninguna operación de narcotráfico. La condena no podía ser la misma bajo acusaciones diferentes y el Código Penal no permitía aplicarles la pena de muerte. Pero desde antes del juicio Fidel estableció como un dogma que eran culpables y que se merecían el fusilamiento.

La cuestión fundamental es por qué se sacó del juicio militar sumarísimo al ministro del Interior José Abrantes y por qué se incluyó a Ochoa. Nadie ha demostrado que Ochoa pensase en un golpe de Estado pero resulta indiscutible, por las evidencias acumuladas, que él estaba muy molesto con las políticas de Fidel.

Afirma en su libro que Ochoa estaba a favor de las reformas, a favor de una perestroika.

No soy yo quién relaciona a Ochoa con la perestroika, sino los testimonios recogidos en el libro. Gente muy próxima al General asegura que él quería discutir con Fidel sobre el futuro de Cuba y proponía reformas, sobre todo en la gestión económica. También hubo discrepancias sobre el manejo de la guerra en Angola y la salida negociada. Mi opinión personal es que la acusación contra Ochoa de "traición a la Patria" fue un montaje para justificar su fusilamiento.

También se han hecho conjeturas acerca de una posible deserción suya.

¿Querés estar informada/o las 24hs?

Suscribite a nuestro Newsletter

Notas relacionadas

Dejá tu comentario