Raúl Castro se encuentra a semanas o meses de enfrentar el examen final de su trayectoria.
OPINION: Raúl Castro, el examen final
Si llega con vida al cierre del año, tendrá ante sí la disyuntiva más compleja tras sesenta y siete años de control férreo sobre los destinos de Cuba: negociar o no con Estados Unidos, antes de que sea demasiado tarde, como ya advirtió el presidente Donald J. Trump.
Es posible que el nonagenario general considere que capitular frente a Washington sea una traición a sí mismo y a la memoria de su hermano Fidel. Pero la historia —no la revolución, como creía Marx— es un topo sabio: excava donde y cuando menos se le espera y termina por desencadenar acontecimientos paralelos, a veces incluso aleatorios —¿por qué no, Karl? —.
Un nuevo estallido social como el 11J del 2021, una crisis humanitaria a gran escala o una fractura en la cúpula del poder cubano, ya no son hipótesis teóricas, sino escenarios plausibles.
En Washington, el colapso del sexagenario régimen en el 2026 se da prácticamente por descontado. La acumulación de crisis sin salida aparente parece sellar los días finales del general en su laberinto.
El propio Trump lo dijo sin ambages: "estamos hablando con Cuba, y pronto lo sabrán". Un mensaje reiterado por nuestro hombre en La Habana, el embajador Mike Hammer, a periodistas en Miami: “cuando el presidente Trump dice algo, lo dice y está bien claro”.
De cara a la galería pública, Castro ha avalado los “planes y medidas” del Consejo de Defensa Nacional orientados a decretar el “Estado de Guerra”, mientras su gobernante designado y “único sobreviviente” de un relevo generacional fallido, Miguel Díaz-Canel, insiste en negar la existencia de conversaciones con Washington.
Raúl Castro sigue siendo la fuente de poder real en Cuba, aunque no ostente cargo público alguno. En julio de 2025, impulsó una reforma constitucional que eliminó el límite de edad de 60 años para los aspirantes a la presidencia, y meses después , canceló por carta la celebración del congreso del partido comunista, previsto para abril de este año.
Si no es con Raúl, ¿con quién negociar? ¿Quién es —o quien podría ser— el “Delcy Rodríguez” cubano? A diferencia de Venezuela —donde la captura de Nicolás Maduro permitió fracturar el núcleo del poder— Cuba es un fósil de la Guerra Fría con una estructura militar cerrada, heredera de una revolución armada y sostenida durante décadas por subsidios externos.
Desde Raúl hacia abajo, el poder permanece concentrado en la cúpula militar, los cuerpos de seguridad, la policía política y el aparato de espionaje, así como en el buró político del partido comunista. De los trece miembros del buro político, cuatro son generales: el ministro del interior, el secretario del consejo de ministros y los dos principales jefes de las fuerzas armadas.
El control del comercio exterior recae en familiares directos, mientras que una general, de plena confianza de Castro, administra el corporativo militar GAESA, que controla el 70% de la economía y los flujos financieros en divisas.
Los civiles visibles —Miguel Díaz-Canel, presidente y primer secretario del partido comunista, Manuel Marrero, primer ministro, Roberto Morales Ojeda, secretario de organización del partido, y Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores— concentran apenas una cuota limitada de poder, siempre subordinada a la estructura militar.
Ninguno controla los resortes coercitivos ni el aparato económico-militar. Su autoridad es esencialmente administrativa y representativa, no estructural.
A diferencia de Venezuela, Cuba carece de un interlocutor civil autónomo con quien negociar. El poder no se transfiere: se administra dentro de un círculo extraordinariamente cerrado. Cualquier intento serio de cambio pasa por fracturar ese bloque.
Se espera que Washington intensifique la presión sobre el régimen. El Congreso ha aprobado mayores fondos para la promoción de la democracia en Cuba.
A sus 94 años, Castro enfrenta así su último examen: negociar con Trump implicaría una capitulación pactada y la aceptación del desmoronamiento gradual del monopolio político, económico y militar, aún sostén del régimen. No negociar lo asfixia.
*Director Ejecutivo del Museo Americano de la Diáspora Cubanay ex Director de America CV Network
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