Autorizó un histórico, aunque profundamente problemático, juicio por corrupción sobre una fallida inversión inmobiliaria en Londres que condenó a un cardenal italiano que en su día fue una figura muy relevante. Y castigó a la Secretaría de Estado del Vaticano, que había permitido la operación, despojándola de su capacidad para gestionar sus propios activos.
Pero Francisco dejó asuntos pendientes y su balance general, al menos para algunos en la comunidad de donantes, no es del todo positivo. Los críticos citan los frustrados esfuerzos de reforma de Pell y el despido del primer auditor general de la Santa Sede, quien alega que fue destituido porque había descubierto demasiadas irregularidades financieras.
A pesar de imponer años de austeridad y de congelar las contrataciones, Francisco dejó al Vaticano en una situación financiera precaria: el principal fondo de emergencia que financia los déficits presupuestarios, conocido como el Óbolo de San Pedro, está casi agotado, según funcionarios. El déficit del fondo de pensiones del que Pell advirtió hace una década sigue sin resolverse, aunque Francisco había planeado reformas. Y el desequilibrio estructural se mantiene, con la Santa Sede registrando un déficit de 83,5 millones de euros (95 millones de dólares) en 2023, de acuerdo con su último informe financiero.
A medida que la salud de Francisco empeoraba, aparecían indicios de que sus esfuerzos por reformar la cultura financiera medieval del Vaticano no habían arraigado. La misma Secretaría de Estado a la que había castigado por perder decenas de millones en el escandaloso acuerdo inmobiliario de Londres, terminó encabezando una nueva comisión papal de recaudación de fondos anunciada mientras el religioso argentino estaba hospitalizado. Según su carta fundacional y sus estatutos, está dirigida por el asesor de la Secretaría, compuesta en su totalidad por funcionarios vaticanos italianos sin experiencia profesional en recaudación de fondos y no está sujeta a ninguna supervisión financiera externa.
Para algunos observadores del Vaticano, la comisión parece un intento de la Secretaría de Estado, dirigida por italianos, de aprovecharse de un papa enfermo para anunciar un nuevo flujo de donaciones sin control hacia sus arcas después de que le fuera retirado su fondo soberano de 600 millones de euros (684 millones de dólares), cuya gestión se entregó a otra oficina tras la fallida operación en la capital británica.
“No hay estadounidenses en la comisión. Creo que sería bueno que hubiera representantes de Europa, Asia, África y Estados Unidos", indicó Ward Fitzgerald, presidente de la Fundación Papal, con sede en Estados Unidos. La entidad está formada por adinerados católicos estadounidenses que, desde 1990, han proporcionado más de 250 millones de dólares en ayudas y becas para las iniciativas caritativas globales del pontífice.
Fitzgerald, que desarrolló su carrera en el sector inmobiliario privado, apuntó que los donantes estadounidenses, especialmente la generación más joven, esperan transparencia y responsabilidad por parte de los destinatarios de su dinero, y saben que pueden encontrar organizaciones benéficas católicas no vaticanas que cumplan con esas expectativas.
“Esperamos transparencia antes de comenzar a resolver el problema”, señaló.
Pese a esto, Fitzgerald dijo que no había visto una disminución significativa en la disposición de los donantes a financiar peticiones específicas para proyectos de la Fundación durante el pontificado de Francisco. De hecho, las donaciones estadounidenses al Vaticano se han mantenido más o menos constantes incluso cuando las aportaciones de otras naciones disminuyeron, y los obispos y fieles estadounidenses han contribuido más que cualquier otro país en los dos principales canales de donación para causas papales.
Francisco pusó a Prevost al frente de la diócesis peruana de Chiclayo en 2014. Tanto los residentes como otros sacerdotes dicen que recaudaba fondos, alimentos y productos básicos para los más necesitados constantemente, una experiencia que sugiere que sabe bien cómo conseguir dinero en tiempos difíciles y cómo gastarlo sabiamente.
Reforzó la rama local de la organización benéfica Cáritas, con parroquias creando bancos de alimentos que trabajaban con empresas locales para distribuir la comida donada, explicó el sacerdote Fidel Purisaca Vigil, portavoz de la diócesis.
En 2019, Prevost inauguró un refugio en las afueras de Chiclayo, en Villa San Vicente de Paul, para albergar a migrantes venezolanos desesperados que huían de la crisis económica en su país. Los migrantes aún lo recuerdan, no solo por ayudarles a ellos y a sus hijos a encontrar cobijo, sino por llevarles gallinas vivas aportadas por un donante.
Durante la pandemia de COVID-19, Prevost lanzó una campaña de recaudación de fondos para construir dos plantas de oxígeno que dieran suministro a los residentes más afectados. En 2023, cuando las lluvias torrenciales inundaron la región, llevó personalmente alimentos a las zonas afectadas.
Horas después de su elección el 8 de mayo, en las redes sociales se hicieron virales videos en los que aparecía, con botas de goma, en una calle anegada lanzando la campaña solidaria “Perú, da una mano” para recaudar dinero para las víctimas de las inundaciones.
El sacerdote Jorge Millán, que convivió con Prevost y con otros ocho curas durante casi una década en Chiclayo, dijo que tenía una mente “matemática” y sabía cómo hacer las cosas. Prevost siempre estaba buscando autos usados para comprar y usar en la diócesis, contó, señalando que el obispo a menudo tenía que conducir largas distancias para llegar a todos sus fieles o ir a la capital, Lima.
Le gustaba arreglar los vehículos él mismo, y no sabía cómo hacerlo, buscaba soluciones en YouTube y a menudo las encontraba, contó Millán a The Associated Press.
Antes de su etapa en Perú, Prevost fungió durante dos mandatos como prior general, o superior, de la orden agustiniana mundial. Aunque las provincias de la orden son financieramente independientes, el ahora papa era responsable de revisar sus balances y de supervisar la estrategia presupuestaria y de inversión de la sede de la orden en Roma, explicó el sacerdote Franz Klein, economista de la orden asentado en Roma que trabajó con Prevost.
La sede de la orden se encuentra en una zona privilegiada justo fuera de la Plaza de San Pedro, y complementa sus ingresos alquilando su pintoresca terraza a los medios de comunicación —incluida la AP— para eventos importantes del Vaticano, como el cónclave en el que fue elegido León XIV.
Pero Prevost vio la necesidad de mejorar la recaudación de fondos, especialmente para ayudar a las provincias más pobres. Hacia el final de su mandato de 12 años y con su apoyo, un comité propuso la creación de la fundación Agustinos en el Mundo. A finales de 2023, tenía 994.000 euros (1,13 millones de dólares) en activos y estaba ayudando a financiar proyectos autosostenibles en toda África, incluyendo un centro para rehabilitar a antiguos niños soldados en Congo.
"Tiene un gran interés y también un muy buen olfato para los números. No tengo ninguna preocupación sobre las finanzas del Vaticano en estos años porque es muy, muy inteligente", aseguró Klein.
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El periodista de The Associated Franklin Briceño en Lima contribuyó a este despacho.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: Associated Press