Incontables cañones del Ejército israelí apuntan a Gaza, mientras miles de soldados ensayan sus últimos movimientos tácticos antes de iniciar el desembarco en la Franja con la misión de exterminar a Hamas. La ofensiva contra la organización terrorista apoyada por Irán aún no tiene día D: está vinculada a la evacuación de un millón de civiles que viven en Gaza y deben moverse al sur del territorio israelí. Cuando esa operación coordinada por Naciones Unidas concluya en las próximas horas, el premier Benjamin Netanyahu concederá luz verde a un raid militar que impactará en la estabilidad geopolítica de Medio Oriente.
En el sur de Israel, muy cerca de la zona de kibbutz y pequeños barrios que fueron atacados por Hamas, ayer se observaba intensos movimientos militares que anticipan la invasión a Gaza. Tropas en constante movimiento, rutas con controles policiales y una tensión en el aire que presagia desolación y muerte.
El campo de batalla y su lógica bélica ya están calculados. Será Gaza, los misiles que caerán sobre Tel Aviv, los ataques de Hezbollah desde el Líbano y una eventual intifada en Cisjordania. Netanyahu y su gabinete de guerra evaluaron las consecuencias domésticas e internacionales de la ofensiva contra Gaza, y concluyeron que la falta de una profunda reacción militar puede poner en jaque la existencia de Israel.
“Hamas debe morir. Sino sucede, podemos morir nosotros”, reflexionó anoche un miembro clave del gobierno israelí cuando ya no sonaban las alarmas en Tel Aviv. Y añadió: “Nosotros no iniciamos esta guerra, pero la vamos a terminar”.