Medios locales como la estación de televisión Teleamazonas mostraron enormes filas de pasajeros en las paradas de autobuses, caminando o buscando que vehículos particulares los llevaran a sus destinos, debido a que los propietarios de las cooperativas de transporte decidieron laborar únicamente entre las 8 y las 19 horas (1300 a 2400 GMT).
Uno de los máximos dirigentes de los transportistas, Jorge Yánez, justificó la medida aduciendo que "la situación económica del transporte público es insostenible” por el incremento del precio del gasoil, que llegó este mes a 2,80 dólares el galón debido a la guerra en Irán y los problemas del estrecho de Ormuz, en Oriente Medio.
Añadió que el valor del pasaje —0,45 centavos de dólar— es insuficiente para mantener operativa la flota de autobuses.
En respuesta, el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, calificó a la medida de “chantaje adoptada por un puñado de dirigentes” y anticipó sanciones económicas de cerca de 4.000 dólares.
Tanto el metro como las redes de transporte municipal funcionaron con normalidad, pero fueron insuficientes y lucieron abarrotadas ante la demanda de cerca de dos millones usuarios.