Madre cubana con residencia permanente es deportada de EEUU y deja a sus dos hijas en Miami
Una madre cubana de 27 años que llegó a Estados Unidos cuando tenía apenas 11 fue deportada a México pese a contar con residencia permanente, después de acumular problemas legales en Florida que terminaron teniendo graves consecuencias sobre su estatus migratorio.
La mujer, identificada únicamente por las iniciales D.U.H., fue enviada al estado mexicano de Tabasco, un país con el que, según su familia, no mantiene vínculos personales.
Su deportación dejó además una complicada situación familiar en el sur de Florida: sus dos hijas quedaron al cuidado de su abuela, Marixa, quien inicialmente pasó varios días sin conocer el paradero de la joven.
La cubana consiguió además la condición de residente permanente legal, pero ese estatus no impide necesariamente una deportación cuando existen determinadas condenas o causales de remoción previstas por las leyes migratorias estadounidenses.
Su historial judicial terminó convirtiéndose en un elemento central de su proceso migratorio.
Finalmente, las autoridades estadounidenses ejecutaron su deportación y la trasladaron a Tabasco, México.
Su madre pasó días sin saber dónde estaba
La deportación estuvo inicialmente rodeada de incertidumbre para la familia.
Marixa aseguró que pasó días sin saber dónde se encontraba su hija después de que fuera expulsada de Estados Unidos.
Posteriormente consiguió comunicarse con ella y confirmar que estaba en México.
Aunque esa llamada terminó con parte de la incertidumbre, la situación familiar continúa siendo compleja.
Marixa quedó ahora a cargo de sus dos nietas, mientras su hija permanece fuera de Estados Unidos.
Su madre asegura que tiene antecedentes penales en Florida
La propia familia reconoce que D.U.H. acumuló serios problemas con la justicia.
Según el testimonio ofrecido a Univision, la joven tuvo antecedentes relacionados con incendios y llegó a enfrentar acusaciones de intento de asesinato.
Es importante distinguir entre acusaciones y condenas: con la información aportada no se detallan todas las disposiciones finales de esos procesos judiciales ni qué condenas específicas fueron utilizadas por las autoridades migratorias para sustentar su expulsión.
Lo que sí queda establecido en el relato familiar es que sus problemas penales desempeñaron un papel determinante en el proceso que terminó con su deportación.
Tener Green Card no garantiza protección contra la deportación
El caso vuelve a poner sobre la mesa una confusión frecuente entre inmigrantes en Estados Unidos.
Una Green Card permite residir y trabajar permanentemente en el país, pero no proporciona las mismas protecciones migratorias que la ciudadanía estadounidense.
Un residente permanente puede enfrentar un procedimiento de remoción si incurre en determinadas conductas contempladas por la legislación migratoria.
Por ello, el hecho de que D.U.H. hubiera vivido en Estados Unidos desde la infancia y tuviera residencia permanente no constituía por sí solo una protección absoluta frente a una eventual deportación.
La familia también habla de adicción y problemas de salud mental
Marixa contó durante la entrevista que su hija enfrenta además problemas de adicción y aseguró que fue diagnosticada con esquizofrenia.
Ese diagnóstico constituye información proporcionada por su madre y no permite establecer por sí mismo ninguna relación causal con los delitos o acusaciones que enfrentó.
La familia, sin embargo, considera que esas circunstancias forman parte del complejo historial personal de la joven y de las dificultades que atravesó durante sus años en Florida.
Marixa llegó a expresar que habría preferido ver a su hija cumpliendo una extensa condena en Estados Unidos antes que deportada a un país donde no tiene vínculos.
“Yo hubiera preferido, sinceramente, que la hubieran metido 20 años presa”, declaró a N+ Univision Miami.
Deportada a un país con el que no tendría vínculos
Otro elemento que llama la atención del caso es el destino de la deportación.
D.U.H. nació en Cuba, creció desde los 11 años en Estados Unidos y, según su familia, no tiene relación con México.
Sin embargo, terminó siendo trasladada a Tabasco.
La información proporcionada no explica bajo qué mecanismo jurídico México aceptó recibirla ni por qué fue seleccionado ese país como destino en lugar de Cuba.
Ese punto resulta relevante y requeriría información adicional de las autoridades migratorias para establecer las circunstancias exactas de su traslado.
Sus dos hijas permanecen en el sur de Florida
La consecuencia más inmediata se vive ahora dentro de su propia familia.
Las dos hijas de D.U.H. permanecen en Florida y quedaron bajo el cuidado de su abuela.
Marixa pasó así de buscar desesperadamente información sobre el paradero de su hija a asumir la responsabilidad cotidiana de sus nietas.
El caso refleja además cómo una deportación puede extender sus consecuencias más allá de la persona expulsada, especialmente cuando existen hijos y otros familiares establecidos legalmente en Estados Unidos.
Una vida construida casi completamente en Estados Unidos
D.U.H. llegó al país antes de comenzar su adolescencia.
A sus 27 años, había vivido aproximadamente 16 años en Estados Unidos, es decir, la mayor parte de su vida.
Allí creció, obtuvo residencia permanente y tuvo a sus hijas.
Pero su condición de residente legal no eliminó las consecuencias migratorias derivadas de sus problemas con la justicia.
La joven se encuentra ahora en México mientras su madre intenta reorganizar la vida familiar en Miami y hacerse cargo de sus dos nietas.
El caso deja además varias interrogantes pendientes: qué condenas específicas hicieron posible su deportación, por qué México fue seleccionado como país receptor y qué opciones legales, si alguna, conserva D.U.H. para intentar regresar algún día a Estados Unidos.