Fueron españoles quienes ayudaron a crear las primeras ligas mexicanas hace más de cien años que se fortalecieron con el intercambio de jugadores, cruzando el Atlántico en décadas posteriores.
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SUSCRIBITECIUDAD DE MÉXICO (AP) — México y España no solo están unidos por cinco siglos de historia, a veces trágica. También por el fútbol.
Fueron españoles quienes ayudaron a crear las primeras ligas mexicanas hace más de cien años que se fortalecieron con el intercambio de jugadores, cruzando el Atlántico en décadas posteriores.
Coanfitriones del Mundial que acaba de concluir, los mexicanos se volcaron recién con España en la final de la Copa contra Argentina, dejando atrás años de tensiones diplomáticas por la exigencia de pedir perdón por la Conquista.
Durante el último siglo ha habido épocas de hermandad y de rupturas políticas, de amores y resentimientos. Pero el fútbol siguió conectando a los dos países aunque no se quisera ver "una raíz importante de esa historia deportiva”, dijo el historiador Efraín Navarro, de la Escuela Nacional de Estudios Superiores de Morelia.
Fotografías, afiches y recuerdos de ese pasado se exhiben en el Centro Cultural de España de Ciudad de México, que empezó a ser más frecuentada esta semana cuando España ya se había convertido en el primer país en ser a la vez campeón mundial del fútbol masculino y femenino.
Aunque el fútbol llegó a México a finales del siglo XIX con mineros británicos que se instalaron en las montañas del noreste de Ciudad de México, los equipos que formaron los emigrantes españoles del primer tercio del siglo XX fueron clave para que se conformar la liga mexicana. Uno de ellos, el Asturias, fue su primer campeón cuando la liga se profesionalizó en 1943.
Estos clubes de españoles surgieron en diversos puntos de América Latina. En Argentina, donde la migración española fue muchísimo mayor, quedaron totalmente “argentinizados”; en Cuba, reducidos a un deporte minoritario porque se imponía el beisbol. Pero en México mantuvieron su esencia y sirvieron como vínculo de esa comunidad durante décadas, explicó Navarro.
Hubo rivalidades deportivas pero la solidaridad se impuso durante la guerra civil española (1936-39), cuando clubes como el Barcelona o una selección vasca jugaron en México para recaudar fondos para la causa republicana. Incluso rotas las relaciones diplomáticas durante la dictadura (1939-1975), México siguió acogiendo a exiliados, incluidos futbolistas.
Con la restauración de la democracia en España, el flujo de jugadores en ambas direcciones creció. El ya exselecionador mexicano Javier Aguirre, hijo de emigrantes vascos, es un ejemplo. Desarrolló su carrera jugando y entrenando en clubes a ambos lados del “Charco”. Este Mundial le consagró como el técnico recuperó la ilusión de los mexicanos por su selección aunque se quedó corto de alcanzar los cuartos de final, un equipo que ahora tiene a su más reciente español nacionalizado mexicano en sus filas, Alvaro Fidalgo.
Hugo Sánchez, considerado el mejor delantero mexicano de la historia, llegó a ser el mayor goleador de la liga española durante años. Y varios futbolistas españoles consagrados, como Emilio Butragueño y Sergio Ramos, cerraron su carrera en México, cuya liga, aunque de menor nivel, paga bien y recibió su experiencia.
Más recientemente, las jugadoras españolas también han contribuido a elevar el nivel del fútbol mexicano, entre ellas, la campeona Jenni Hermoso, que después de ganar el Mundial de 2023 y del escándalo del beso en la boca, ha brillado en México no solo por sus goles y asistencias sino por denunciar el machismo.
México apoyó mayoritariamente al Brasil de Pelé en el Mundial que acogió en 1970 y a la Argentina de Diego Maradona en 1986, épocas donde pesaba más el latinoamericanismo.
Ahora el mundo es otro y México y España, dos países intrinsecamente relacionados en lo económico, social y cultural, mantienen en una nueva sintonía política en medio de la complicada coyuntura mundial creada por la administración de Donald Trump.
Los odios, apegos y nacionalismos rebrotan en cada Mundial aunque las selecciones nacionales de muchos países sean cada vez más diversas.
El domingo, los argumentos de los aficionados mexicanos que celebraban la victoria de España variaban.
Noemí Lozano, una doctora jubilada de 87 años que ondeaba una bandera española subida en un pivote de La Cibeles —la plaza de Ciudad de México con una réplica de la fuente madrileña— dijo que apoyaba a La Roja “por la forma de ser” del equipo y por su abuelo emigrante español.
Francisco Guerra lo hizo por rechazo a Argentina, un equipo que consideró como “arrogante, sin valores”, y cuya camiseta es la única que prohibe ponerse a sus hijos, seguidores de las ligas europeas.
Otros, como Erick Estrada, un crítico de cine, dijo sentirse atraido por “un equipo que representaba la nación multicultural que es España” y en el que vio un juego colectivo y no de estrellas individuales.
En La Cibeles, entre música norteña y española, un joven con el atuendo típico de los Sanfermines, las fiestas de encierros de toros de Pamplona, usaba una bandera española como capote subido en lo alto de una farola mientras cientos de mexicanos desde abajo acompañaban sus movimientos con “oles” hasta que la policía se lo llevó.
El siguiente Mundial, irá de México a España como uno de los coanfitriones.
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Deportes AP: https://apnews.com/hub/deportes
FUENTE: AP

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