“No hay dónde vivir, lo perdimos todo”, relató a The Associated Press Morales, de 38 años, en un refugio de Cali, una de las ciudades más afectadas por el sismo de magnitud 7,4 ocurrido el lunes con epicentro en el departamento de Chocó, en el noroeste del país, que cobró la vida de más de 285 personas.
Su casa quedó destruida: se agrietaron las paredes, se derrumbó el piso y se cayó el techo.
Morales es una de las más de 102.000 personas damnificados por el sismo de mayor magnitud registrado en el país en lo que va del siglo. El gobierno calcula que más de 12.800 viviendas quedaron destruidas y otras 73.400 afectadas.
Además de la búsqueda de sobrevivientes, que se dificulta con el paso de las horas, comienza otro desafío: reconstruir la vida de los damnificados como el país lo hizo en 1999 tras un sismo de similar magnitud.
Medidas excepcionales El terremoto se convirtió en el primer gran desafío para el recién posesionado presidente Abelardo de la Espriella, quien declaró el desastre nacional y la emergencia económica para poder establecer impuestos temporales sin el aval del Congreso.
Los fondos nacionales e internacionales que se recauden irán al “Fondo Milagro”, como lo llamó el presidente, que se destinará a la construcción de hospitales, centros educativos, inmuebles, vías y aeropuertos.
Una estrategia similar fue usada en 1999 tras el terremoto de Armenia, en el oeste, cuando los recursos se concentraron en el Fondo para la Reconstrucción de la Región del Eje Cafetero.
Yezid Alvarado Vargas, doctor en Ingeniería de la Construcción y docente de la Universidad Javeriana, explicó a AP que Colombia debería “diagnosticar bien y reconstruir mejor” y que para eso se necesita saber el estado real de las edificaciones y en la reconstrucción "incorporar la información que nos deja este sismo". Entre ellas mencionó las condiciones “particulares del suelo y una revisión de la vulnerabilidad existente”, dado que Colombia llega al terremoto actual mejor preparada que en 1999.
Refugios y ayuda humanitaria Morales aseguró que se quedará en uno de los refugios dispuestos en Cali para los damnificados “hasta que el gobierno nos dé una ayuda”. El presidente prometió subsidios de alquiler para quienes perdieron su vivienda y apoyo financiero.
“Hoy venimos donde están dando las donaciones. Nos han dado algo de alimentación, comida, ropitas”, relató a AP Olga Castro, una de las afectadas en Cali, junto a sus cinco hijos. “Por lo menos salimos con vida... una vecina me está dando posada y de ahi vamos a ver qué hacer”, explicó.
Las autoridades de los municipios afectados habilitaron colegios, parques y edificios públicos como refugios, los equiparon con carpas y colchonetas y ofrecen comida; pero en otros casos son los ciudadanos los que improvisan albergues en las calles.
María Mercedes Liévano, directora en el país de Save the Children, dijo a AP que las necesidades de los afectados son apremiantes, especialmente en los lugares de menor acceso como Buenaventura, el principal puerto del país, y Chocó.
“Son territorios aislados, abandonados, con debilidad de oferta institucional histórica, con temas de violencia y además les llega un terremoto de este tipo. Entonces es una crisis sobre una crisis que está dejando a las poblaciones en una situación de vulnerabilidad extrema”, explicó Liévano.
Esto, advirtió, se exacerba en la niñez que está bajo estrés tras el terremoto y que necesita apoyo socioemocional, luego de estar separados de sus familias o enterarse de que han muerto. Lo que se suma a la falta de acceso a la educación, dado que más de 2.200 centros educativos resultaron afectados, según cifras gubernamentales.
FUENTE: AP