Durante unas horas, nada más importó para la gente amante del fútbol del atribulado país caribeño, que jugará en el Mundial por primera vez en 52 años.
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SUSCRIBITEMIAMI (AP) — Miembros de la comunidad haitiana de Miami se apretujaron contra un escenario en un sábado lluvioso para animar al delantero Duckens Nazon, al defensor Martin Experience y a otros integrantes de la selección nacional de fútbol del país, antes de un par de partidos amistosos la próxima semana.
Durante unas horas, nada más importó para la gente amante del fútbol del atribulado país caribeño, que jugará en el Mundial por primera vez en 52 años.
“Demostraremos que estamos unidos, pase lo que pase”, manifestó Nazon en criollo de pie frente a una gran bandera haitiana que conmemoraba el Mes de la Herencia Haitiana, que se celebra cada mayo en Estados Unidos.
“Quiero que este Mundial sea el comienzo de un nuevo Haití”.
Desde que se clasificaron al Mundial apenas por segunda vez en la historia del país, los jugadores han prometido representar esperanza y alegría para la nación, que ha estado asediada por la crisis y la inestabilidad.
Ese orgullo quedó en evidencia el sábado en un museo de arte en North Miami, que alberga una de las mayores poblaciones haitianas en Estados Unidos.
Los aficionados se envolvieron en banderas haitianas y bailaron al ritmo animado de la música compas, mientras los niños pateaban balones de fútbol en el pequeño encuentro para saludar a los jugadores.
Muchos estaban asombrados de ver a su país llegar otra vez al mayor escenario del fútbol.
“A mi edad, he escuchado y leído sobre Haití en el Mundial en los años 70, pero nunca tuve la oportunidad de verlos jugar. Es un evento increíble estar aquí, al menos para conocerlos, y traer a mi hijo para vivir este momento”, añadió Odeline Paul, de 49 años, quien vive en Miami desde que tenía 13.
Paul explicó que no podrá asistir a ninguno de los partidos de Haití. Las entradas son demasiado caras para ir en persona —un dilema con el que se están topando muchos aficionados al fútbol—, pero asistirá a una de las reuniones para ver los partidos que se realizarán en Miami.
Llevó a su hijo al evento del sábado para que pudiera aprender sobre Haití y su tensa historia.
“Para enseñar la cultura, para enseñar lo que nos costó estar en el Mundial. Ahora que lo logramos, no hay palabras para describir la sensación”, expresó Paul.
“Somos un pueblo resiliente. No importa cuántas veces caigamos. Siempre nos levantamos. Y ese es mi país”.
La euforia del momento histórico —la única otra participación de Haití en un Mundial fue en el torneo de 1974 en Alemania Occidental— se ha vivido con el telón de fondo de la violencia, el hambre y la falta de vivienda con las que el país está lidiando.
Bandas armadas controlan hasta el 90% de su capital, Puerto Príncipe, donde se encuentra el estadio local del equipo, lo que obligó a Haití a disputar sus eliminatorias “como local” para el Mundial en la diminuta isla caribeña neerlandesa de Curazao. Y la visa estadounidense para el único jugador del plantel que vive en Haití aún no se ha concretado, mientras el gobierno del presidente Donald Trump continúa ampliando las restricciones de viaje a países, entre ellos Haití.
Para Guensine Ambo, quien vive en Miami desde hace 35 años, la clasificación del equipo fue un rayo de esperanza necesario, sin importar hasta dónde avancen.
“Esta es una de las cosas que nos está ayudando a unirnos como pueblo. Estamos en lo más alto. Y ganemos o perdamos, vamos a mantenernos así, porque nos tomó 52 años llegar hasta aquí”, dijo Ambo.
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FUENTE: AP

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