Pero en los últimos dos años, las demoras en las subvenciones federales y los temores sobre el futuro la motivaron a empacar su vida en cajas. Se mudó a Finlandia con su esposo y su hija y continúa su investigación —estudiando cómo los peces, los mariscos y las algas marinas que comen los humanos están respondiendo al cambio climático— en la Universidad de Helsinki.
El gobierno del presidente Donald Trump comenzó a trastocar la investigación científica en Estados Unidos el año pasado, desmantelando el proceso federal de otorgamiento de subvenciones e intentando ejercer más influencia política sobre qué proyectos reciben financiación, y las universidades extranjeras vieron una oportunidad. Adoptaron programas para atraer a investigadores de Estados Unidos al extranjero, prometiendo corrientes de financiación más estables y libertad académica.
Desde entonces, muchos han mordido el anzuelo. Aunque no hay manera de cuantificar el cambio general en todo el país, científicos, investigadores y grupos profesionales afirman que el giro es claro, sin precedentes y preocupante.
“Casi se puede hablar con cualquier vicepresidente de investigación de una universidad y te dirá que ha perdido a uno o dos profesores de primer nivel”, afirmó Tobin Smith, vicepresidente sénior de relaciones gubernamentales y políticas públicas de la Asociación de Universidades Estadounidenses.
La portavoz de la Casa Blanca, Liz Huston, señaló que Trump está “poniendo fin al despilfarro” y que está “comprometido a mantener a Estados Unidos como líder mundial en innovación científica, y eso significa financiar ciencia real”.
Pero más de la mitad de los estados del país han perdido científicos ante los programas de reclutamiento de otros países, según un informe de abril de la Coalición Empresarial para la Financiación Federal de la Investigación. En marzo pasado, los científicos biomédicos al inicio de su carrera tenían alrededor de 20 puntos porcentuales menos de probabilidades de decir que “ahora” se quedarán en Estados Unidos, en comparación con cómo recuerdan haberse sentido seis meses antes. Y los graduados de doctorado en Física en 2025 abandonaron Estados Unidos a la tasa más alta en 30 años, según el Instituto Estadounidense de Física.
Países como Canadá, Francia, Bélgica y Finlandia están promocionando a sus reclutas procedentes de instituciones de Estados Unidos, un desarrollo inquietante y sorprendente, dicen los científicos, para un país que lidera con mucha diferencia el mundo en premios Nobel de Medicina, Física y Química.
“Solía ser la ciudad brillante en la colina adonde todos queremos ir”, comentó Christine Stawitz, ahora en la Universidad de Birmingham, en Inglaterra. “Esa pérdida de reputación, creo, es difícil de cuantificar, pero también realmente dañina”.
Algunos científicos de EEUU se están mudando al extranjero. He aquí por qué Stawitz dejó su trabajo en la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) el año pasado para convertirse en ingeniera de software de investigación en el Reino Unido. Explicó que la NOAA ya no se alineaba con sus valores, especialmente luego que le pidieran eliminar de los sitios web referencias al cambio climático y a temas de diversidad, equidad e inclusión.
Afirma que la convulsión en la ciencia de Estados Unidos es un tema común en las reuniones científicas.
“La gente habla de Estados Unidos en conferencias en el Reino Unido ahora como: no sé qué está pasando allí. No es bueno”, expresó.
La decisión de Froehlich de irse fue un proceso gradual. Ya le preocupaban la seguridad escolar y la violencia armada en Estados Unidos cuando el panorama de investigación del país se vio trastocado. Luego, en la Universidad de California, Santa Barbara, las subvenciones de sus colegas seguían posponiéndose o cancelándose. Estudiantes investigadores irrumpían en su oficina llorando, sin saber cómo encauzar su futuro. Le preocupaba la financiación federal futura para su propia investigación, que involucra el cambio climático.
“El efecto acumulativo de esas cosas terminó por hacernos pensar seriamente que quizá este ya no era nuestro hogar”, dijo Froehlich. Fue reclutada mediante una iniciativa del Consejo de Investigación de Finlandia y ahora tiene cinco años de financiación garantizada por un total de unos 3 millones de dólares. Se mudó a un apartamento junto al mar Báltico en Helsinki y está tomando clases de finés ofrecidas por la universidad.
Científicos extranjeros también están dejando EEUU Investigadores extranjeros que se sintieron atraídos por Estados Unidos por su reputación como líder mundial en ciencia también están buscando otros lugares para realizar su trabajo.
Los biólogos James Letts y Maria Maldonado, que son pareja, fueron reclutados por la Universidad Monash de Australia y dejaron atrás sus puestos en la Universidad de California, Davis. Letts es de Canadá y Maldonado de Argentina. Ambos obtuvieron sus doctorados en Nueva York y pasaron más de una década haciendo ciencia en Estados Unidos.
La incertidumbre relacionada con las subvenciones —incluida la necesidad de despedir a un científico del personal cuando esperaban una financiación estancada— los llevó a dar el salto.
“Lo único que quiero es hacer gran ciencia y hacer descubrimientos, pero también quiero que mi trabajo signifique algo. Y la oportunidad de hacer eso parecía muy difícil en Estados Unidos”, sostuvo Letts.
El 40% de los premios Nobel de ciencias de Estados Unidos fueron ganados por inmigrantes. Omar Yaghi, ganador del Premio Nobel de Química en 2025, dejó este año su puesto en la Universidad de California, Berkeley para dirigir un laboratorio de inteligencia artificial en la Universidad Tsinghua de China.
Las consecuencias de perder talento científico Estados Unidos sigue siendo una potencia científica, llena de instituciones en todo el país con comunidades de investigación sólidas e instituciones bien dotadas de recursos que atraen a científicos extranjeros. Incluso si todos los países europeos abrieran sus puertas de par en par, aun así no habría capacidad suficiente para acoger a todos los científicos estadounidenses.
Y no todos se van. Muchos científicos están optando por quedarse, buscando nuevas fuentes de financiación para la investigación o reorientándose hacia empleos en la industria.
Pero la erosión de la reputación y la fuga de talento quizá no hayan terminado. El gobierno de Trump ha recortado o congelado hasta 174.000 millones de dólares en subvenciones federales desde que comenzó el segundo mandato del presidente, según una herramienta de seguimiento publicada por el States United Democracy Center y la organización Grant Witness. Y una norma propuesta por la Oficina de Administración y Presupuesto podría dar a los designados políticos más control sobre qué proyectos futuros reciben financiación. Una resolución aprobada por el Congreso ha retrasado una decisión final sobre la norma hasta diciembre.
Los científicos que se han mudado y quienes aún están en Estados Unidos están preocupados por lo que queda atrás. Dicen que la próxima generación de científicos podría tener dificultades con menos programas de posgrado, dinero y mentoría —y podría tomar una década o más para que la empresa científica de Estados Unidos sienta realmente esos efectos.
Las principales instituciones de investigación aceptaron un 15% menos de solicitantes para los programas de doctorado del otoño de 2026 en comparación con el año pasado, según datos de admisiones recopilados por la Asociación de Universidades Estadounidenses. Uno de los estudiantes afectados fue un pupilo de Smith.
“¿Cuál es uno de mis consejos para ese joven? El próximo año, mira en Canadá”, dijo.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP