El informe es el primer vistazo íntimo a las vidas de los deportados, quienes han rechazado hablar extensamente con periodistas porque temen por su seguridad. La violencia de las pandillas está en aumento y el hambre y la pobreza se agravan.
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SUSCRIBITESAN JUAN, Puerto Rico (AP) — Human Rights Watch publicó un informe el lunes en el que detalla las penurias que enfrentan cientos de personas deportadas por Estados Unidos a Haití, país asolado por las pandillas.
El informe es el primer vistazo íntimo a las vidas de los deportados, quienes han rechazado hablar extensamente con periodistas porque temen por su seguridad. La violencia de las pandillas está en aumento y el hambre y la pobreza se agravan.
Estados Unidos ha deportado a más de 470 personas a Haití desde julio, entre ellas, varias que perdieron el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), que les había permitido vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos.
El principal aeropuerto internacional de Puerto Príncipe se considera demasiado peligroso debido a la persistente violencia de las pandillas, por lo que los vuelos de deportación aterrizan en la ciudad norteña de Cap-Haitien. El alcalde Michel Saint-Croix declaró a Human Rights Watch que la población de la ciudad se ha triplicado a más de 1 millón en los últimos dos años, tras recibir a deportados y a haitianos que huyen de la violencia en otras partes del país.
La llegada de los deportados ha tensionado los recursos, ya de por sí limitados. Funcionarios haitianos de migración indicaron que el gobierno de Estados Unidos les comunicó que planeaba enviar hasta dos vuelos de deportación por semana, cada uno con unas 200 personas, según el informe.
Human Rights Watch entrevistó a 44 deportados, así como a funcionarios haitianos e internacionales.
Los deportados relataron que pasaron horas sin comida ni agua y días sin bañarse ni cambiarse de ropa mientras estuvieron retenidos en centros de detención migratoria en Estados Unidos. Afirmaron que sus pertenencias, incluidos documentos oficiales y dinero, no les fueron devueltas cuando llegaron a Haití.
Hasta el momento, ni el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas ni el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (ICE y DHS, respectivamente, por sus siglas en inglés) han respondido a una solicitud de comentarios.
El grupo defensor de derechos revisó las listas de pasajeros de dos vuelos de deportación en agosto. Ninguna de ellas contenía información sobre el estatus migratorio de los deportados ni los motivos de su expulsión.
La mayoría de los 44 deportados entrevistados dijo que había huido del deterioro de la seguridad y de las crisis humanitarias en Haití y se había establecido en estados de Estados Unidos, como Florida, Nueva York, Indiana y Ohio. Encontraron trabajo en sectores como la construcción, la atención médica y la fabricación.
Muchos dijeron que eran de Puerto Príncipe o de zonas aledañas, donde hombres armados controlan aproximadamente el 70% de la capital. Otros afirmaron que eran de la región de Artibonite, que está bajo ataque de pandillas violentas.
Los deportados vivieron en Estados Unidos entre dos y 14 años antes de ser enviados de regreso a Haití. Entre ellos había un hombre no identificado de 38 años que contó que había vivido en Florida desde diciembre de 2019 y que trabajó en el mismo hotel durante más de seis años.
Su esposa y su hijo de 5 años, quien es ciudadano de Estados Unidos, permanecen en Florida, según el informe.
“Trabajé para que él pudiera crecer sin el miedo, la violencia y la incertidumbre que yo había conocido en Haití”, dijo el hombre, según el informe.
Él y varios deportados más dijeron que tenían Estatus de Protección Temporal, aunque el grupo defensor de derechos señaló que no pudo verificar de manera independiente esas afirmaciones.
Una mujer de 47 años dijo que había vivido en Miami con su esposo, ciudadano de Estados Unidos, y que fue arrestada cuando acudió a una entrevista para solicitar la residencia permanente.
“Una vez detenidos, la mayoría de los entrevistados dijo que las autoridades no les permitieron contactar a sus abogados ni comparecer ante un juez de inmigración, mientras que muchos recibieron poca o ninguna información sobre sus solicitudes de asilo pendientes, los motivos de su detención o cómo podían impugnar su deportación”, indicó Human Rights Watch.
Otra deportada era una estudiante de auxiliar de enfermería de 24 años que solicitó asilo después de huir de Haití en 2023, tras el ataque de pandillas a su comunidad.
Al menos 19.380 personas fueron reportadas como asesinadas en todo Haití entre enero de 2023 y junio de 2026, según las Naciones Unidas.
El hambre y la pobreza también se agravan mientras la policía haitiana y una misión respaldada por la ONU luchan por contener la violencia de las pandillas. Se espera que más de 253.000 niños de entre seis meses y 5 años sufran desnutrición aguda en los próximos meses, según un nuevo informe del gobierno de Haití y de agencias entre las que está la UNICEF.
“Estados Unidos está devolviendo a personas, algunas con solicitudes de asilo pendientes, a un país que no tiene la capacidad de protegerlas de la violencia, y mucho menos de ayudarlas a encontrar comida y refugio”, afirmó Nathalye Cotrino, investigadora principal para las Américas en Human Rights Watch. “El gobierno de Estados Unidos debería detener de inmediato estas expulsiones”.
A los deportados que llegan a Haití se les da una comida sencilla, una bebida y unos 77 dólares en efectivo.
“Después de registrarse, los deportados fueron abandonados a su suerte, y muchos no sabían qué hacer ni adónde ir después”, se indica en el informe.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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