Jorge Ruiz, subsecretario del Consejo Nacional de Áreas Protegidas, explicó que el instrumento técnico “orientará durante los próximos cinco años las acciones del Estado y sus aliados para proteger a esta especie emblemática y los bosques donde vive”.
Las líneas clave de la estrategia, según las autoridades, son: paisajes de conservación del jaguar para que las personas puedan apreciar y conocer el hábitat del felino y su protección; fincas que integren prácticas que favorezcan la conservación del jaguar para que las comunidades y personas que viven en las áreas donde habita el felino sepan sobre el manejo y su protección y así minimizar las amenazas. También se plantea una línea estratégica contra el tráfico del jaguar y medios de vida alternativo.
La estrategia será en cooperación con organizaciones conservacionistas como Wildlife Conservation Society (WCS), Panthera Guatemala, el Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad de San Carlos de Guatemala (CECON), la Asociación Guatemalteca de Mastozoólogos (ASOGUAMA), la Fundación Defensores de la Naturaleza (FUNDAECO) y World Wide Fund for Nature (WWF).
El jaguar es el felino más grande del continente americano y se estima que entre 1.000 y 1.200 habitan entre la Biosfera Maya, en Petén, al norte del país centroamericano. El animal también se desplaza por zonas como el sur de México y Belice. Tiene un pelaje dorado, cada individuo tiene un patrón único de manchas negras, lo que favorece su identificación.
El jaguar es un símbolo importante para la cultura maya de la antigüedad. Los mayas asociaban su majestuosidad con lo sobrenatural y creían que los jaguares podían desplazarse en diversos planos, entre el mundo de los vivos y el inframundo.
El animal está representado en vasijas, pinturas y murales junto a soberanos mayas de la antigüedad. Una de las estructuras mayas más importantes en Tikal —la ciudad más grande de la civilización maya precolombina— lleva el nombre de El gran Jaguar.
Rony García, experto de la organización WWF que ha documentado la vida de estos animales, recordó que la especie vivió en gran parte del territorio nacional, y dijo que el deterioro de su hábitat inició en los años de 1960 con el auge del cultivo de caña de azúcar en la costa del país. A partir de 1979, se firmó un convenio que buscó detener entonces la exportación de piel de jaguar al extranjero y después de 1990 se empezó a proteger legalmente a los jaguares.
Los incendios forestales, la depredación de los bosques, el cambio de uso de suelo, la cacería ilegal y el cambio climático con sequías prolongadas son algunas de las amenazas que enfrenta la especie, según los expertos.
A principio de octubre, WWF presentó el Informe Planeta Vivo 2026 que este año se enfocó en cómo la naturaleza recupera espacio cuando distintos sectores en una sociedad colaboran e indicó que los jaguares estaban regresando, según registros, a uno de los hábitat de la antigüedad, como lo es la Sierra de las minas, un área montañosa, biodiversa y protegida que abarca cinco de los 22 departamentos del país. El próximo 29 de noviembre se conmemora el Día Internacional del Jaguar.
FUENTE: AP