No era su primer proyecto importante; ni siquiera era su primera película con el director Danny Boyle. Y él era, en sus palabras, bastante arrogante y engreído en ese momento. Pero esa película trepidante sobre cuatro adictos a la heroína en la Escocia de finales de la década de 1980 fue y, 30 años después, incluyendo su secuela de 2017 “T2 Trainspotting”, sigue siendo definitoria en su carrera, en la cultura y en su comprensión de cómo puede sentirse la verdadera satisfacción artística.
“Está muy ubicada en esa primera parte de mi carrera y, por supuesto, incluso hoy, probablemente sea la pieza de trabajo más importante en la que participé, simplemente porque tuvo un efecto enorme en mi vida. No solo por lo que hizo, sino por cómo se sintió hacerla”, dijo McGregor a The Associated Press en una entrevista reciente. “Sin saberlo, puso el listón muy alto porque desde entonces ha sido bastante difícil igualarla”.
Tanto McGregor como Boyle sienten cierta nostalgia por aquella época y por lo que hicieron, en vísperas de su reestreno por el 30º aniversario con una restauración digital en 4K. Aunque “Trainspotting” fue muy propia de su momento con su banda sonora britpop, su aspereza de la era Thatcher, su tono de comedia oscura y su astuta mezcla de subidones eufóricos y caídas trágicas, también es una de esas obras que han resistido la implacable prueba del tiempo.
Boyle comentó: “Se te acercan chicos de 17 años que dicen que la acaban de ver. Yo podría ser su abuelo… y aun así les hablaba”.
Dejar a Hollywood en pausa Boyle era una figura muy cotizada después de “Shallow Grave” ("Tumba al ras de la tierra"), una comedia negra de 1994 sobre compañeros de piso en Edimburgo protagonizada por McGregor, y Hollywood lo estaba llamando. Literalmente. Sharon Stone, en el pico de su fama, lo llamó de la nada y le preguntó si le gustaría ir a hacer una película con ella. Pero él tenía la mira puesta en la comentada novela debut de Irvine Welsh, y volvió a asociarse con el guionista John Hodge y el productor Andrew Macdonald.
El presupuesto sería pequeño, 1,5 millones de libras, unos 1,9 millones de dólares, y el rodaje sería rápido y local. No sabían lo que no sabían: Boyle recuerda haberle preguntado a su director de fotografía, el fallecido Brian Tufano, si podían usar una cámara de sonda anal para la escena del “peor baño de Escocia”.
“Me acuerdo de que me dijo: ‘Bueno, Danny, sí, puedes conseguir eso. Pero no estoy seguro de cómo se sentirán Ewan y su familia y su agente al respecto’”, Boyle recordó entre risas. “Moderó mi manera un poco extrema de abordar este material”.
Y, de algún modo, todo funcionó, impulsado por energía juvenil, un poco de arrogancia y un compromiso apasionado con la historia.
"Habría sido un desastre si se hubiera hecho de otra manera" “‘Trainspotting’ tenía que hacerse así”, afirmó McGregor, que entonces tenía 23 años. “Habría sido un desastre si se hubiera hecho de otra manera”.
Para McGregor, al menos parte de esa vitalidad venía del hecho de que estaban rodando en película; en cada toma, el dinero pasaba por la cámara.
“Ahora rodamos en estas tarjetas, y ya no importa”, explicó McGregor. “No hay una especie de ritmo natural del cine como el que había entonces. … Pienso en ‘Shallow Grave’ y ‘Trainspotting’ y se siente casi como un trabajo distinto”.
Boyle también ha estado persiguiendo desde entonces ese tipo de inocencia. Dijo que quizá se acercó con su próxima película, “Ink”, con Jack O’Connell.
“Fue liberador no tener suficiente dinero porque no tienes esa limitación de pensar: ‘Oh, esto va a ser demasiado extremo para el estudio o para el alcance de público que se supone que debemos tener’”, señaló Boyle. “Podías hacerlo de modo que, si no funcionaba, simplemente, ya sabes, te ibas a un rincón a hacer pucheros con el rabo entre las piernas y volvías a llamar a Sharon Stone para decirle: ‘Me equivoqué’”.
El momento de estrella de rock Como cualquier película sobre drogas, hubo bastante debate en torno a su estreno. El candidato presidencial estadounidense Bob Dole incluso la denunció, sin haberla visto, por romantizar la heroína durante su campaña. Pero la película estaba en la conversación, y tenía un envidiable grupo de partidarios, entre ellos el líder de Pulp, Jarvis Cocker, y Damon Albarn, de Blur, ambos de los cuales aportaron canciones para el filme.
Después de que “Trainspotting” se convirtió en un éxito, la vida cambió profundamente para McGregor. En Londres, dijo, “era una locura”. En ese momento compartía un piso con su coprotagonista Jonny Lee Miller, Jude Law y Sean Pertwee. Cuando salían a clubes, se sentían como estrellas de rock.
“Había una energía real alrededor de todo eso”, dijo McGregor. “Éramos parte de aquello, ¿ves?, Blur y Oasis y Pulp y The Verve y toda esa música increíble que estaba pasando entonces. Nosotros éramos como la versión cinematográfica de eso, supongo, porque Danny sabía lo que hacía con la banda sonora y porque la novela era enorme y actual y… y quizá porque era nuestra. Era británica y no buscaba complacer a Estados Unidos. No la hicimos para Estados Unidos”.
Un amor absoluto por el cine Boyle espera que el público se anime a ver “Trainspotting” en el cine, ya sea para revisitarla o para verla por primera vez. Dijo que se hizo con un amor absoluto por el cine.
“Le debe mucho a ‘Goodfellas’ ('Buenos muchachos'), que también tiene esa sensación de: estás aquí para ser absolutamente arrollado por una experiencia”, dijo Boyle. “Ya sabes, nos has dado tu dinero y nos has dado tu tiempo para estar aquí 90 minutos, dos horas, lo que sea, y prometemos, prometemos entregarte todo lo que podamos”.
FUENTE: AP