Michael Brown, de 18 años, murió el 9 de agosto al recibir seis balazos de Wilson, de 28, en pleno día en una calle de Ferguson, una ciudad de unos 21.000 habitantes del suburbio de Saint Louis (Misuri, centro). El episodio ocurrió luego que se denunciara un robo en una tienda en la zona. Los testigos aseguran que Brown, un estudiante de secundaria que estaba desarmado, tenía los brazos en alto cuando fue baleado, mientras que Wilson dijo que actuó en defensa propia por temor a ser atacado.
Los cargos por los cuales podría haber sido procesado Wilson iban desde homicidio en primer grado, homicidio en segundo grado, homicidio culposo voluntario hasta homicidio culposo involuntario; también, como finalmente sucedió, podía quedar en libertad.
Daryl Parks, uno de los abogados de la familia, expresó que los Brown se habían sentido maltratados a lo largo de todo el proceso, y llamaron a que los manifestantes hicieran un momento de silencio de cuatro minutos y medio, para simbolizar las cuatro horas y media que el cuerpo del adolescente quedó yacente en la calle. En ese lugar hoy se encuentra un panteón de muñecos de peluche mojados por la nieve y por la lluvia, junto a la foto de graduación de la escuela secundaria de Brown.
La polémica muerte reavivó las tensiones raciales y provocó manifestaciones que muchas veces culminaron en disturbios. El 67% de la población de Ferguson es negra pero los ediles y policías son casi todos blancos.
Mientras la policía desplegaba sus dispositivos de seguridad, algunos comerciantes y empresas de los barrios afectados por las manifestaciones de agosto instalaban paneles frente a sus vitrinas por si se generan nuevos enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los manifestantes.
El gobierno decretó el estado de emergencia y activó a la Guardia Nacional, el FBI y reforzó a sus equipos en el lugar.