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Primaria violenta, secundaria sangrienta

"Ya introducí la suma de 11", cuenta una madre que dijo la maestra en la reunión y nadie la rectificó. La escuela primaria 60 Aniversario está en problemas y no precisamente porque la maestra de segundo grado no sepa conjugar el verbo introducir.

Rostros cortados, patadas, escupidas, celulares con mujeres desnudas, comportamientos de pandillas, y la única medida disciplinaria que impone la dirección de la escuela es que los alumnos que se porten mal no asistan a las clases de Computación o a la de Educación Física.

Los padres en los pasillos protestan, pero cuando se enfrentan a la directora solo acatan las órdenes. No se les ocurre pensar en su dosis de responsabilidad en el tema o la de los maestros, ni en que la solución no puede ser negarles a sus hijos el acceso al conocimiento.

Veintiún niños de entre 6 y 7 años no pueden ser incontrolables, pero sí pueden ser reflejo del comportamiento de sus padres y de la comunidad que les rodea.

Alamar ha devenido de ciudad dormitorio en ciudadela peligrosa, depositorio de delincuentes que se amenazan, apuñalan, violan, matan, y aunque las autoridades realizan algunos movimientos estratégicos, todos saben a quiénes temer y por qué.

"Hace como cuatro meses mataron a un adolescente por un pisotón en una fiesta", cuenta Iris. "Le hicieron creer que todo se había resuelto con palabras amables y lo esperaron en la oscuridad, otros dos chiquillos de 15 años y dos hombres de veintitantos. No sobrevivió al punzonazo en el ojo".

"No sé qué te diga, si a un hijo mío le pasa algo, no sé qué haga, pero con los brazos cruzados no me voy a quedar", dice otra madre preocupada. "Es que no veo que el Gobierno haga algo en concreto, y este lugar cada vez está peor."

Los índices de violencia no se publican pero la tensión se puede medir cuando, en la oscuridad de las calles, te cruzas con algunos grupos de personas y escuchas sus conversaciones.

El resto de la población se limita a actuar como si viviera en una selva. A la menor señal, el vecino se convierte en el enemigo. Entonces, ¿se le podrá pedir más a los niños? Y si esto es en la enseñanza primaria, ¿qué se podrá esperar para la enseñanza secundaria?

Arnaldo Reyes es fundador de Alamar. "Yo vivo aquí hace casi 30 años y nunca había tenido miedo, hasta ahora. El banco frente a mi casa lo quité porque allí iban a parar todos. Y yo no. Yo estoy cumplido. Pero mis nietos están empezando ahora, y si yo regaño a esos tipos es para desgraciarme."

En los edificios LH de la zona 11 se han escuchado hasta tiroteos. Los LH son justo los que rodean la escuela primaria 60 Aniversario, y son los que la Oficina del Historiador ha construido para reubicar a la población que ha sacado de La Habana Vieja.

Dice uno de los padres que "la escuela es la del problema. Yo estoy muy bien", y rechaza de plano la posibilidad de consultar a un psicólogo, aun cuando su gestualidad es tan agresiva como la de su hija.

Una maestra retirada, que lleva a su nieta de la mano recuerda que en su tiempo se hacían escuelas de padres. "Allí todos iban a aprender desde un ejercicio de matemática hasta como tratar a sus hijos mejor. Y no es tan complicada la cosa, basta tener una psicóloga infantil y mucha voluntad".

Otra madre pregunta: "¿Para qué tú quieres esa información?", y se percibe una mezcla de fervor revolucionario con chusmería barriotera.

El panorama es más complejo de lo que se logra contar: hay una maestra que no tiene mucha preparación y que posiblemente no tendrá porque el sistema de educación es tan avasallante que no le deja tiempo para más; hay una dirección que no demuestra tener estrategias para dirigir, seguramente presionada por estadísticas que controlan un grupo de metodólogos que hace mucho tiempo no pisan un aula y que por tanto, desconocen la realidad; y hay un grupo de padres que son el resultado de la frustración y la desidia.

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