La cadena española gestionaba y comercializaba establecimientos pertenecientes a entidades cubanas, pero generalmente no era propietaria de los inmuebles. Por tanto, las instalaciones podrían continuar funcionando bajo la administración directa de empresas estatales o mediante nuevos operadores.
Meliá llegó a gestionar hasta 34 hoteles y unas 14.000 habitaciones en Cuba. Lo que desaparece ahora es su administración, sus sistemas comerciales y de reservas, sus servicios receptivos y el uso de sus marcas.
Las razones expuestas por la compañía española
Meliá atribuyó su retirada a persistentes dificultades operativas, legales, económicas y financieras que, según explicó, impiden mantener un nivel mínimo de estabilidad en sus negocios cubanos.
La compañía no responsabilizó públicamente a una única sanción o decisión política. Su comunicación al regulador español presenta la salida como el resultado de una combinación de problemas acumulados que hacen inviable continuar las operaciones en las condiciones actuales.
Entre los factores que han golpeado al sector aparecen la escasez de combustible, los apagones, la reducción de vuelos internacionales, el desplome de la demanda y el aumento de los riesgos legales para las empresas extranjeras vinculadas con entidades estatales cubanas.
La retirada comenzó en junio con 15 hoteles
El anuncio completa un proceso iniciado el pasado 3 de junio, cuando Meliá comunicó el cese inmediato de sus servicios en 15 hoteles cubanos.
Aquella primera decisión incluyó la gestión, comercialización y utilización de las marcas de la compañía en establecimientos relacionados principalmente con el conglomerado militar GAESA y su estructura turística.
Entre los hoteles afectados figuraban instalaciones reconocidas como Paradisus Varadero, Meliá Las Dunas, Paradisus Los Cayos, Meliá Cayo Santa María y el Gran Hotel Bristol Habana Vieja.
Después de esa primera retirada, Meliá mantenía servicios en otros establecimientos asociados principalmente con entidades dependientes del Ministerio de Turismo. El anuncio del 21 de julio extiende el cese a toda la operación restante.
Las sanciones de Estados Unidos elevaron los riesgos empresariales
La salida ocurre después de que el presidente Donald Trump firmara el 1 de mayo la Orden Ejecutiva 14404, que amplió las facultades para bloquear activos y sancionar a personas o compañías extranjeras que proporcionen bienes, servicios o asistencia material al Gobierno cubano y a entidades designadas.
La disposición también permite imponer restricciones a instituciones financieras extranjeras que faciliten transacciones significativas para personas o compañías sancionadas.
El 13 de julio, el Departamento de Estado designó además al Ministerio de Turismo de Cuba y a otras nueve entidades vinculadas con fuentes de financiamiento y mecanismos de control del régimen. Esa medida incrementó la exposición regulatoria de las empresas internacionales que aún mantenían relaciones con el sector turístico estatal.
Meliá evaluará las pérdidas derivadas de su salida
La cadena informó que todavía calcula el impacto financiero de la retirada, incluida una posible revisión del valor contable de los activos relacionados con sus operaciones cubanas.
El monto será divulgado cuando Meliá presente las cuentas correspondientes al primer semestre de 2026.
La empresa no confirmó en su comunicado la versión de que mantendría más de 50 millones de euros bloqueados en el sistema bancario cubano. Por esa razón, esa cifra continúa sin respaldo corporativo público.
El turismo cubano atraviesa uno de sus peores momentos
El abandono de Meliá ocurre durante un desplome histórico del turismo, una de las principales fuentes de divisas del Estado cubano.
Cuba recibió 1.810.663 visitantes internacionales durante 2025, un 17,8% menos que el año anterior. La tasa de ocupación de las instalaciones turísticas cayó del 23% en 2024 al 18,9% en 2025, de acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística e Información.
El deterioro se aceleró durante 2026. En los primeros tres meses llegaron aproximadamente 298.000 turistas, frente a más de 573.000 en el mismo período de 2025, una caída cercana al 48%.
Meliá había reducido progresivamente su capacidad operativa y, al finalizar marzo, solo mantenía disponible alrededor de la mitad de sus instalaciones. Muchos hoteles permanecían cerrados o inactivos debido a la falta de combustible, los apagones y la disminución de las reservas.
El fin de una presencia iniciada en 1990
Meliá comenzó a operar en Cuba en 1990 y llegó a convertirse en la principal cadena hotelera extranjera presente en la isla.
Durante más de tres décadas, sus marcas ocuparon un lugar central en los principales destinos turísticos del país, incluidos La Habana, Varadero, Cayo Coco, Cayo Santa María, Holguín, Santiago de Cuba y Trinidad.
Su salida representa un fuerte revés para el régimen cubano, que pierde no solo una marca internacional, sino también una estructura de comercialización, promoción, reservas y acceso a mercados extranjeros desarrollada durante 36 años.
Qué ocurrirá con las reservas y los trabajadores
Meliá no detalló todavía cuántos empleados serán afectados directamente ni cómo se resolverán todas las reservas posteriores al 24 de julio.
La compañía aseguró que habilitará protocolos para mantener informados a clientes, proveedores y colaboradores. Los viajeros con reservas deberán comprobar si serán reubicados, reembolsados o atendidos por el nuevo operador que asuma la administración del establecimiento.
El Gobierno cubano ya había planteado la posibilidad de entregar la administración de determinadas instalaciones a empresarios nacionales, compañías estatales o cubanos residentes en el exterior, ante la retirada de operadores internacionales.
La salida de Meliá no significa necesariamente que los edificios hoteleros desaparecerán, pero sí marca el final de una época: desde el 24 de julio, la cadena española dejará de gestionar, comercializar y prestar sus marcas y servicios en Cuba.