La frase es políticamente relevante porque intenta despejar dudas internas sobre quién autorizó el diálogo con Estados Unidos y bajo qué legitimidad actúan los interlocutores cubanos.
La polémica por El Cangrejo
Las declaraciones de Marrero llegan en medio del intenso debate generado por el protagonismo de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, coronel del Ministerio del Interior y conocido como “El Cangrejo”.
En los últimos días, Rodríguez Castro fue presentado en medios internacionales como una figura dispuesta a negociar con la administración de Donald Trump y como un posible interlocutor del régimen cubano ante Washington.
Su aparición pública provocó preguntas dentro y fuera de Cuba: ¿por qué una persona sin cargo formal de Gobierno aparece vinculada a negociaciones de alto nivel con Estados Unidos?
El régimen intenta cerrar filas
Marrero no mencionó directamente a El Cangrejo en todos sus mensajes, pero su defensa del “equipo de trabajo” parece responder a la controversia abierta por el papel del nieto de Raúl Castro.
El primer ministro denunció lo que calificó como “asesinatos de reputación”, manipulaciones y llamados a la desunión.
Según Marrero, esos ataques formarían parte de un plan para generar incertidumbre y desconfianza en un momento que el régimen considera histórico.
El mensaje fue claro: el proceso negociador no sería una iniciativa personal, sino una decisión avalada por la cúpula.
Elier Ramírez también defendió a El Cangrejo
Antes de Marrero, el funcionario del Partido Comunista Elier Ramírez Cañedo había salido en defensa de Raúl Guillermo Rodríguez Castro.
Ramírez lo describió como interlocutor del lado cubano por decisión de la máxima dirección del país.
Esa defensa reforzó la idea de que El Cangrejo no actúa por cuenta propia, sino con autorización de los niveles más altos del poder cubano.
Sin embargo, la explicación también alimentó otra lectura: que el verdadero poder en Cuba sigue pasando por el entorno familiar de Raúl Castro y no necesariamente por las instituciones formales.
Una figura sin cargo oficial, pero con peso político
Raúl Guillermo Rodríguez Castro no es ministro, no dirige formalmente el Partido Comunista ni ocupa un cargo visible en el Consejo de Estado.
Pero su apellido, su rango en el Ministerio del Interior, su cercanía con Raúl Castro y su vínculo familiar con el fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, exjefe de GAESA, lo ubican en una zona de poder informal.
GAESA controla sectores estratégicos de la economía cubana y ha sido blanco central de sanciones estadounidenses.
Por eso, cualquier figura conectada a ese entramado adquiere peso político aunque no aparezca en el organigrama público.
La entrevista que encendió la controversia
La polémica estalló después de que El Cangrejo concediera su primera entrevista a un medio estadounidense y afirmara que estaría dispuesto a negociar con Donald Trump si se le daba la oportunidad.
También dijo que, si la Revolución lo necesitaba, estaría dispuesto a “dar el paso”.
Sus declaraciones fueron interpretadas por sectores del exilio y de la sociedad civil como una posible presentación pública de un heredero en la sombra o de un negociador informal designado por la familia Castro.
El régimen, en cambio, intenta presentar el proceso como una decisión institucional.
Conversaciones con avances limitados
Los contactos entre La Habana y Washington comenzaron a hacerse más visibles durante 2026.
Delegaciones de ambos países sostuvieron reuniones en La Habana, mientras funcionarios estadounidenses de alto nivel también participaron en encuentros con representantes del régimen.
Pese a esos canales, las autoridades cubanas han reconocido que el diálogo avanza lentamente.
El canciller Bruno Rodríguez Parrilla afirmó recientemente que las conversaciones no muestran progresos y acusó a Washington de mantener una política de presión, sanciones y exigencias que La Habana considera inaceptables.
Washington exige cambios concretos
Estados Unidos mantiene una política de máxima presión contra el régimen cubano.
La administración Trump ha exigido señales concretas en materia de presos políticos, derechos humanos, libertades civiles y apertura real.
También ha impuesto nuevas sanciones contra entidades vinculadas a GAESA y contra estructuras del aparato económico-militar cubano.
Para Washington, las reformas económicas anunciadas por La Habana son insuficientes si no vienen acompañadas de cambios políticos.
Cuba habla de soberanía y diálogo
El régimen cubano sostiene que está dispuesto a conversar, pero bajo condiciones de soberanía, respeto y no injerencia.
Marrero insistió en que cada paso dado por el equipo negociador se realiza en defensa de la Revolución y de la soberanía nacional.
Esa fórmula mantiene la línea tradicional de La Habana: negociar temas prácticos con Washington, pero sin aceptar condiciones que impliquen una transición política, pluralismo partidista o desmontaje del sistema socialista.
Crisis energética como telón de fondo
La confirmación de Marrero ocurre en uno de los peores momentos de la crisis cubana.
El país atraviesa apagones prolongados, colapsos del Sistema Electroenergético Nacional, escasez de combustible, deterioro de hospitales, falta de alimentos y una economía cada vez más paralizada.
La presión social también crece, con cacerolazos y protestas en barrios de La Habana y otras provincias.
En ese contexto, cualquier negociación con Estados Unidos adquiere un peso decisivo.
Una señal hacia Washington y hacia dentro del régimen
El mensaje de Marrero parece dirigido a dos públicos.
Hacia Washington, confirma que existe un canal autorizado y que el equipo negociador tiene respaldo de la cúpula.
Hacia dentro del régimen, intenta frenar dudas, críticas y rumores sobre el papel de El Cangrejo.
La frase sobre el mandato de Raúl Castro y Díaz-Canel funciona como sello de legitimidad política.
¿Negociación institucional o poder familiar?
La gran pregunta sigue abierta.
Marrero afirma que el proceso tiene aval institucional y partidista.
Pero la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro en el centro de la conversación refuerza las sospechas sobre el peso del poder familiar en la toma de decisiones estratégicas.
En Cuba, el poder formal puede estar en manos de Díaz-Canel y el Consejo de Ministros, pero el poder real parece seguir gravitando alrededor de Raúl Castro, GAESA, el MININT y la familia histórica del régimen.
La incertidumbre continúa
La confirmación de Marrero no despeja todas las dudas.
No se conoce la lista completa de integrantes del equipo negociador, ni el alcance exacto del mandato, ni los temas sobre la mesa, ni las concesiones que cada parte estaría dispuesta a considerar.
Tampoco está claro si Estados Unidos reconoce a El Cangrejo como interlocutor central o si lo considera solo una figura cercana al poder cubano.
Lo único evidente es que las conversaciones existen y que La Habana intenta proteger políticamente a quienes participan en ellas.
Un diálogo en medio del colapso
Cuba llega a esas conversaciones en una posición de extrema fragilidad.
La crisis energética, las sanciones, la escasez, el deterioro social y las protestas han colocado al régimen bajo una presión inédita.
Estados Unidos, por su parte, busca condicionar cualquier alivio a cambios verificables.
Marrero acaba de confirmar que el canal está abierto y que cuenta con el aval de Raúl Castro y Díaz-Canel.
Pero la pregunta central sigue siendo la misma: ¿ese diálogo busca salvar al pueblo cubano o preservar al régimen?