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Gay

A la caza de turistas en Boca Ciega

En Cuba el delito acoso al turista impide relacionarse con extranjeros y la prostitución está prohibida, pero jóvenes entre diecisiete y veintiocho años se dedican a "pescar" los puntos en las playas al este de La Habana.

Daniel, de 25 años, moldeó su hermoso cuerpo en un gimnasio para ser más atractivo a sus clientes. Con persistencia y contra fastidios de la policía logró su anhelo de abandonar la isla.

El joven pinguero –cubanismo aún no oficializado por la Real Academia de la Lengua– cuenta que gustó a un vejete ruso turista: "Fue en Boca Ciega. Me ayudó. Cumplió su palabra llevándome para su país. Regresamos como turistas cada verano. Ya no tenemos problemas para alquilarnos en un hotel. Antes no podíamos".

Boca Ciega, arenal de la cadena de playas del litoral norte al este de La Habana trasciende como santuario gay semi tolerado, esencialmente de cientos de homosexuales masculinos.

La doctora Mariela Castro, hija del gobernante cubano y directora del Centro Nacional de Orientación Sexual (Cenesex) liberó a Boca Ciega al escoger esa playa lejos de la capital para el carnavalesco encuentro anual gay de promoción de su campaña de presunta tolerancia frente a la persecución contra homosexuales de tiempos atrás.

Pero, como reza el refrán, no todo es coser y cantar en la playa que debe su nombre al tapón natural de arena puesto por el océano Atlántico en la desembocadura del Itabo, río con nombre indígena.

Los bañistas suelen solearse, bañarse entre finísimas arenas blancas –Cuba es eterno verano- pero deben cumplir las reglas no escritas para evadir la represión porque el delito acoso al turista impide relacionarse con extranjeros y la prostitución está prohibida. Infracciones penadas hasta con cárcel. Pero también, justo es reconocerlo, hay individuos (jineteros) que hacen intolerable persecución a visitantes extranjeros.

Parejas o grupos gay acuden a Boca Ciega y playas adyacentes para divertirse. No tendrán problemas si no trasgreden los límites de la decencia. Pero asiduos pingueros, jóvenes prostitutos entre diecisiete y veintiocho años, generalmente bisexuales, respetarán las reglas del juego para evitar la cárcel. Que el relajo sea con orden.

Los jóvenes dedicados al oficio alegan hacerlo para mejorar su economía o largarse de Cuba.

FUENTE: Cubanet

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