“Desde el año pasado he tratado de conseguir un motor (automóvil) eléctrico para ahorrar costos”, dijo a The Associated Press Huanca, un artesano aymara de 53 años, mientras conducía su vehículo eléctrico todoterreno en un barrio popular desde donde se divisan las montañas nevadas de El Alto y su vecina La Paz.
En su cochera Huanca hizo instalar un cargador eléctrico por comodidad, pero también porque en las dos ciudades sólo hay tres electrolineras.
Como él, muchos bolivianos han empezado a cambiar sus automóviles que consumen combustibles fósiles por vehículos eléctricos.
Crisis de combustibles La escasez de combustible en Bolivia comenzó a notarse en 2023 y se profundizó en los dos años siguientes. El entonces presidente progresista Luis Arce (2020-2025) mantuvo un subsidio estatal por el cual Bolivia compraba los carburantes a precio internacional y los vendía a la mitad de su valor en el mercado interno.
En diciembre, un mes después de asumir la presidencia, el conservador Rodrigo Paz derogó el subsidio y con ello casi se duplicó el precio de los energéticos, afectando el bolsillo de los bolivianos. Pocas semanas después, los transportistas denunciaron que la mala calidad de la gasolina estaba dañando sus vehículos.
El gobierno denunció un sabotaje y ofreció un resarcimiento que no termina de convencer a los transportistas. En abril, Paz cambió al ministro de Hidrocarburos y anticipó que impulsará una nueva ley para el sector que reemplace a la vigente desde la nacionalización que realizó en 2006 el expresidente Evo Morales (2006-2019).
Gasolina mala y cara El abogado Ever Vera, de 54 años, asegura haber sido víctima de la “gasolina basura” que generó paros y protestas de los transportistas y dos renuncias en la petrolera estatal.
“En el encendido tuve varios problemas. Tuve que ponerle aditivos de manera forzada y de emergencia para que (el auto) reaccione… tiene un costo que obviamente no estaba dentro del presupuesto”, se quejó.
Según el presidente Paz, la gasolina —que distribuye la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB)— fue contaminada con goma y manganeso que había quedado en los tanques de almacenamiento desde el gobierno de Arce.
Hasta mediados de abril YPFB había reportado que 7.161 vehículos sufrieron daños, cuyos propietarios accedieron a una compensación.
La estocada final para Vera fue la guerra entre Estados Unidos e Irán. Ante la posibilidad de un nuevo aumento en el precio de la gasolina, vendió su automóvil al que le cargaba más de 100 dólares de combustible por vez y compró uno eléctrico con una autonomía de casi 500 kilómetros. Con el cambio, dijo, ahorra un 70% en el consumo.
“La inversión es mayor a 36.000 dólares, pero no pierdo horas de trabajo buscando gasolina o haciendo reparar mi vehículo”, explicó el abogado.
Más autos eléctricos, más oportunidades En los últimos cinco años, los automóviles eléctricos en Bolivia aumentaron de 500 a 3.352, según el Registro Único para la Administración Tributaria (RUAT), que compila la información de los vehículos que pagan impuestos. La mayor suba se registró en los últimos dos años, en coincidencia con la crisis de combustible.
En su gran mayoría fueron importados de China, seguido de Estados Unidos.
“Hay un crecimiento exponencial”, dijo a la AP el experto en electromovilidad Freddy Koch, de la organización independiente sin fines de lucro Swisscontact. Por ahora, explicó, este tipo de automóviles son adquiridos por los sectores más favorecidos, pero no le extrañaría que se vuelvan populares y que "en los próximos dos o tres años tripliquemos” la cantidad actual.
El presidente Paz también anuló los impuestos a la importación de todo tipo de automóviles, lo que multiplicó la cantidad de importadores que compiten entre sí por trasladarlos a Bolivia a menor costo.
Otro jugador clave es Quantum, la automotriz boliviana que produce automóviles eléctricos más pequeños y accesibles. La empresa boliviana también diseña y ensambla las baterías que utilizan.
El aumento en la circulación de autos eléctricos favoreció al electricista Marcelo Laura, de 38 años, quien hace un mes encontró un “nicho” en la instalación de cargadores.
“No hay muchas electrolineras. Hace un año yo prácticamente veía imposible que haya gente que traiga autos eléctricos”, mencionó Laura.
Koch anticipó que “si esta tendencia se mantiene, vamos a necesitar en nuestro mercado muchos electromecánicos, mucha gente que pueda dar servicio de posventa a estos vehículos”.
Eso también podría impactar en la producción de litio —del que Bolivia posee una de las mayores reservas del mundo—, que aún no ha desarrollado a la gran escala industrial. El litio es un componente esencial en las baterías.
El Ministerio de Hidrocarburos y Energías presentó un proyecto de ley que busca impulsar un cambio en la generación de electricidad a partir de fuentes limpias —como la solar— además de promover inversiones privadas.
Su desarrollo podría beneficiar la incorporación de vehículos eléctricos al transporte público.
“El transportista el gran problema que tiene en este momento es vencer la barrera de la inversión inicial”, dijo Koch. Un autobús eléctrico cuesta casi el doble que uno a gasolina o diésel, pero a largo plazo deja mayores ganancias.
Para el artesano Huanca —que exporta jerseys, guantes y chalinas a China, Estados Unidos y Europa— el cambio a un vehículo eléctrico también tiene una razón ecológica.
Es mejor "ya no depender de energía fósil y adaptarse a las nuevas tecnologías... si no, nos va a llevar a un desastre al medio ambiente”, señaló.
FUENTE: AP