Pese a la relativa calma, la vida sigue en gran medida paralizada.
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SUSCRIBITETIRO, Líbano (AP) — El polvo apenas se ha asentado en Tiro tras semanas de ataques aéreos israelíes sobre la antigua ciudad en la costa mediterránea de Líbano.
Pese a la relativa calma, la vida sigue en gran medida paralizada.
Hay un nuevo alto el fuego en vigor entre Israel y el grupo político y militar Hezbollah, respaldado por Irán. Pero ceses al fuego anteriores se han venido abajo. La incertidumbre y el miedo persisten, incluso mientras Estados Unidos e Irán se reúnen para conversaciones en Suiza que los residentes libaneses esperan que traigan calma a su maltrecho país.
Más de 4.000 personas en Líbano han muerto en ataques israelíes desde que la más reciente guerra entre Israel y Hezbollah comenzó en marzo, dos días después de que empezara la guerra con Irán, cuando Hezbollah disparó contra Israel. El grupo también se ha enfrentado con tropas israelíes que han realizado su incursión más profunda en el sur de Líbano en más de un cuarto de siglo.
Grandes extensiones del sur de Líbano han quedado en ruinas, incluida Tiro.
Durante el verano, la cuarta ciudad más grande de Líbano suele estar llena de turistas que descansan en sus playas, recorren sus ruinas romanas, comen mariscos recién capturados en restaurantes pintorescos o dan paseos en barco.
Ahora, las mesas de los pocos restaurantes que no han cerrado están vacías. Los estacionamientos que normalmente están abarrotados de vehículos de bañistas están llenos de personas desplazadas que viven en tiendas de campaña. Pescadores y marineros dicen que no pueden navegar lejos del puerto por temor a ser atacados.
“Todos los días nos dicen que hay una tregua o un alto el fuego. ¿Dónde está esta tregua? No la vemos”, afirmó Ali Bazzi, de 31 años, que vive solo en un barco turístico que pertenece a amigos de la familia. Su casa en Toura, a varios kilómetros de distancia, fue destruida por un ataque israelí.
Como muchos de los que han huido a Tiro desde zonas cercanas, no se atreve a regresar hasta ver una calma duradera.
Desde hace meses, Bazzi duerme en un colchón en la cubierta y vende sándwiches en un pequeño puesto a unos pasos para ganar dinero.
Israel advirtió a principios de junio a toda la población de Tiro que se marchara antes de lanzar intensos ataques aéreos en toda la ciudad, al afirmar que estaba apuntando contra Hezbollah.
Pero Bazzi se quedó. Recordó la ciudad vacía, fantasmal, y los gritos de mujeres y niños cuando comenzaron los ataques israelíes. También contó que una noche se despertó con el sonido de un dron que se cernía sobre el puerto y temió que hubiera venido por él.
Aunque el nuevo alto el fuego parece mantenerse en gran medida, los residentes de Tiro aún se detienen con ansiedad cuando oyen aviones israelíes sobrevolando.
Parece que al menos un edificio ha quedado reducido a escombros en cada calle. Otros siguen en pie, con varios pisos arrancados por las explosiones.
Fotos de los fallecidos, incluidos paramédicos, familias y milicianos de Hezbollah, se colocan como homenajes sobre las ruinas de edificios y en los tableros de autos estacionados.
Los emblemáticos monumentos de la ciudad no han salido ilesos.
Varios edificios junto a los restos de una ciudadela del siglo II fueron alcanzados. Los escombros arrancaron los capiteles de algunas columnas romanas y dañaron piedras de la calzada romana que han existido durante miles de años. Los empleados esperan que el daño al sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO pueda repararse.
“Estamos esperando a que venga un comité y lo inspeccione. La ciudad de Tiro tiene 5.000 años, y lo que le pasó es enorme”, explicó Adnan Istanbuli, empleado de la Dirección General de Antigüedades de Líbano.
Justo al sur de la ciudad, la línea de costa en Mansouri, una conocida reserva de vida silvestre para tortugas marinas y otros animales, ahora es inaccesible tras ataques israelíes. Mona Khalil, una reconocida ambientalista que vivía a lo largo de esa costa, murió el viernes por sus heridas, semanas después de que un ataque alcanzara su casa.
Uno de los hospitales más grandes de Tiro está reparando algunas de sus unidades que fueron destruidas cuando un ataque aéreo israelí alcanzó un edificio al otro lado de la calle.
Los médicos del Hospital Jabal Amel han vivido múltiples guerras en las últimas décadas, pero dijeron que esta es diferente. En el pasado, se sentían relativamente seguros mientras estuvieran en el hospital. Esta vez, los ataques israelíes ocurrieron cerca y sin previo aviso.
Las puertas y ventanas salieron despedidas. El personal se apresuró a atender a pacientes heridos y a colegas. Un humo espeso llenó el hospital.
“Antes teníamos miedo, pero ahora tenemos mucho más”, dijo una enfermera de la unidad de cuidados intensivos, Khadeeja Yousef, cuya unidad da al estacionamiento del hospital, ahora reducido a escombros y autos calcinados.
La clínica privada del cardiólogo Mohammad Nassar, al otro lado de la calle, fue alcanzada. Ahora él rebusca entre los escombros, buscando cientos de libros que había reunido durante más de tres décadas.
“No me importan las máquinas para monitorear el corazón ni nada más, pero los libros son muy queridos para mí”, expresó.
La gente en Tiro recibe recordatorios constantes de que las perspectivas de estabilidad a largo plazo no están claras mientras continúan las negociaciones entre Israel y Líbano en Washington, sin participación alguna de Hezbollah y mientras el grupo se resiste a los esfuerzos por desarmarlo.
Grandes extensiones de tierra justo al sur de la ciudad están bajo control israelí, extendiéndose hasta la Línea Azul, establecida por mandato de las Naciones Unidas, que separa a los países. En días recientes, desde la costa de Tiro se veía el humo de disparos lejanos de artillería israelí.
Y en la cima de una colina distante, se podía ver una bandera israelí.
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La periodista de The Associated Press Malak Harb en Tiro, Líbano, contribuyó a este reportaje.
FUENTE: AP

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