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A medida que el Mundial se globaliza, a muchos aficionados aún les cuesta llegar acudir

MOSUL, Irak (AP) — Durante años, Mustafa al Saadi y tres compañeros de trabajo del hospital viajaron juntos al extranjero para seguir a la selección nacional de fútbol de Irak.

Apenas tres de los amigos abordaron el avión. La solicitud de visa de Al Saadi seguía pendiente mientras caminaba hacia el barrio Al Muthanna de Mosul para ver el partido de Irak contra Francia, mientras sus amigos entraban al estadio en Filadelfia, a casi 9.650 kilómetros de distancia.

“Es una sensación muy triste ver a tus amigos cercanos presentes con la selección nacional en todos los países del mundo, pero yo no”, dijo Al Saadi mientras bengalas rojas iluminaban el cielo nocturno cerca de los restos de la antigua muralla de fortificación de Nínive. Intentó comunicarse con sus amigos durante el partido, pero las llamadas nunca se conectaron.

Durante décadas, la FIFA ha trabajado para hacer que el Mundial sea más global. El torneo de 2026 reflejó ese esfuerzo con más claridad que nunca, con los debuts de Cabo Verde, Jordania, Uzbekistán y Curazao. Sin embargo, clasificarse para el torneo no garantizaba que aficionados, periodistas, árbitros o incluso parte del personal del torneo pudieran entrar a los países coanfitriones, donde las políticas migratorias seguían siendo responsabilidad de los gobiernos nacionales.

Aficionados de alrededor de una cuarta parte de las naciones clasificadas enfrentaron prohibiciones de viaje, restricciones de entrada más estrictas o altas tasas de rechazo de visas de Estados Unidos. Las desigualdades que determinaban quién podía viajar eran visibles en las gradas.

En su partido a las afueras de Boston, Haití y Escocia regresaron al escenario del Mundial por primera vez en décadas. Decenas de miles de aficionados escoceses con kilt marcharon por las calles en procesiones encabezadas por gaiteros. Según se informó, los hinchas que gritaban “Flower of Scotland” alcanzaron 125 decibelios, aproximadamente tan fuerte como el despegue de un avión a reacción cercano. En contraste, el himno nacional de Haití —cuyos ciudadanos están sujetos a restricciones de viaje a Estados Unidos bajo el gobierno de Trump— se elevó desde un grupo mucho más pequeño de seguidores que agitaban banderas rojas y azules.

Para quienes no pudieron hacer el viaje, el torneo se desarrolló en cambio en zonas de aficionados en sus ciudades de origen y en comunidades de la diáspora.

En Mosul, cientos se reunieron bajo pantallas gigantes para ver el primer partido de Irak en un Mundial en cuatro décadas. En Brockton, Massachusetts —hogar de una de las mayores comunidades caboverdianas fuera de las islas—, los seguidores abarrotaron restaurantes para el partido contra España antes de volcarse a las calles, donde estallaron fuegos artificiales sobre sus cabezas mientras la gente se asomaba por las ventanillas de los autos agitando banderas. En una universidad de Dakar, seguidores senegaleses treparon a balcones y salientes de ventanas para ver el partido del equipo contra Francia.

Barreras más allá del campo

Antes de que comenzara el torneo, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, advirtió que las políticas migratorias de Estados Unidos podrían socavar el acceso al Mundial, y pidió “un replanteamiento masivo” de la aplicación de las normas para proteger “los derechos humanos y la dignidad humana”.

Como parte de la ofensiva migratoria más amplia del gobierno de Trump, Estados Unidos comenzó el año pasado a exigir a algunos visitantes de 50 países que depositaran fianzas de visa de hasta 15.000 dólares. Después de que la FIFA solicitara una exención, el gobierno eliminó ese requisito para los dueños de entradas del Mundial debidamente calificados de cinco países participantes: Argelia, Cabo Verde, Costa de Marfil, Senegal y Túnez Aun así, los aficionados debían completar el proceso estándar de visa.

Los mundiales anteriores se apoyaron en sistemas de entrada específicos del torneo que facilitaron el viaje a muchos aficionados internacionales. A diferencia de Rusia y Qatar, los coanfitriones norteamericanos, por lo general, se basaron en sus sistemas migratorios existentes en lugar de crear permisos de entrada específicos para el torneo para los aficionados. Canadá exigió a muchos seguidores que solicitaran a través de su proceso estándar de visa de visitante, mientras México continuó utilizando sus políticas de visa vigentes.

El periodista ghanés Prince Ayim Brown ahorró dinero, aceptó asignaciones adicionales e incluso asistió a una capacitación en la embajada de Estados Unidos para reporteros que se preparaban para cubrir el torneo. Su solicitud de visa fue finalmente denegada por la misma embajada, sin explicación.

“El Mundial es la cúspide del fútbol; todo periodista y todo aficionado al fútbol quiere estar allí”, manifestó.

Un portavoz del Departamento de Estado señaló que la lista final de equipos clasificados se conocía desde hacía meses, lo que daba tiempo a los aficionados que requerían visa para solicitarla. El departamento indicó que desplegó a más de 600 empleados consulares adicionales, puso a disposición millones de citas adicionales para visas y utilizó el programa FIFA PASS para priorizar las solicitudes relacionadas con el Mundial, manteniendo los mismos estándares de seguridad.

Sin poder obtener una visa de Estados Unidos este año, el vendedor de Dakar Assane Ly vio el debut de Senegal desde una zona de aficionados en la Universidad Cheikh Anta Diop, donde cientos abarrotaron balcones y salientes con vista a una pantalla gigante. Extraña la oportunidad de crear lazos con aficionados de otros equipos en el crisol del torneo.

“Se supone que el Mundial es un momento en el que la geopolítica queda en pausa, cuando el país anfitrión recibe a personas de todas las nacionalidades, colores de piel y religiones para reunirse y celebrar el fútbol”, expresó.

Otra isla de Cabo Verde

Para las comunidades de la diáspora que pasaron décadas alentando a otros países, el torneo también ofreció algo nuevo: la oportunidad de, por fin, alentar al propio.

Cuando Cabo Verde empató sin goles con España, Jaysen Gonçalves estuvo allí. Veterano de los dos Mundiales anteriores, compró entradas en cuanto Cabo Verde se clasificó. Sin embargo, dentro del estadio, estimó que los aficionados de España superaban a los de Cabo Verde aproximadamente 9 a 1.

“Se nota”, dijo. “Eso es financiero”.

De vuelta en Brockton, donde Gonçalves es dueño del restaurante Luanda junto con su madre, Amelia, la celebración se desarrolló de manera muy distinta.

Durante más de dos décadas, las reuniones para ver el Mundial allí se habían llenado de camisetas de Portugal y Brasil, reflejo de los vínculos históricos, lingüísticos y familiares de Cabo Verde.

“Este año, es todo Cabo Verde”, dijo Amelia Gonçalves. Los niños deambulaban entre las mesas mientras los clientes equilibraban computadoras portátiles junto a platos de cachupa, el guiso nacional de Cabo Verde. Cuando Cabo Verde dejó a España sin anotar, apareció vino espumoso.

“Fue como si hubiéramos ganado el Mundial”, comentó Gonçalves.

Ver al arquero Vozinha lucirse con siete atajadas contra España la dejó demasiado emocionada como para dormir.

“Eso significa que nos da mucha visibilidad ante el mundo. Ahora la gente puede vernos. ‘Sí, hay un país —una isla— llamado Cabo Verde’”, indicó.

‘Ahora Mosul es una ciudad global’

La solicitud de visa estancada de Al Saadi cambió lo que imaginaba que sería su Mundial. Dos amigos que recibieron visas ya habían viajado antes a Estados Unidos; uno incluso tiene familia allí. Al Saadi contó que seguía esperando una respuesta, sin explicación de por qué su solicitud —presentada un mes antes del Mundial— seguía pendiente.

El proceso de visa puede requerir documentación, tarifas y entrevistas presenciales. Incluso llegar a esa etapa se había vuelto complicado después de que Estados Unidos suspendiera los servicios consulares rutinarios en Irak, lo que obligó a los solicitantes a buscar citas en otros lugares.

En lugar de unirse a sus amigos en Filadelfia, ayudó a organizadores locales a crear la zona de aficionados en Al Muthanna. Allí, un hombre con la camiseta blanca de Irak avanzaba entre la multitud sobre zancos. Adolescentes bailaban con banderas iraquíes colgadas sobre los hombros mientras reflectores barrían la plaza y la música resonaba entre los edificios.

“Al tener este evento, trajimos el Mundial desde América, México y Canadá a la ciudad de Mosul. Ahora Mosul es una ciudad global”, dijo.

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Willingham informó desde Boston, Salim desde Irbil, Irak, y Banchereau desde Dakar, Senegal. Los periodistas de AP Ope Adetayo en Lagos, Nigeria, y Edward Acquah en Accra, Ghana, contribuyeron con reporteo.

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Vea más cobertura del Mundial de AP aquí

FUENTE: AP

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