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Socialistas de Texas desarrollan un movimiento, un sándwich a la vez

AUSTIN, Texas, EE.UU. (AP) — Cuando los socialistas fueron ocupando los bancos del santuario de una iglesia en Texas, había muchas personas más de las que habrían asistido hace apenas dos años.

Pero eso fue antes de que integrantes de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos ganaran elecciones primarias al Congreso, y su acrónimo en inglés “DSA” se convirtiera en un elemento fijo en los cintillos informativos de la televisión. Y antes de que los demócratas empezaran a discutir si cortejar o reprender a este movimiento, y el presidente Donald Trump comenzara a quejarse de la amenaza de “comunistas ateos”.

Para muchas personas en todo el país, todo pareció ocurrir con bastante rapidez: un movimiento político recién surgido que, según a quién se le preguntara, o bien elevaría a la clase trabajadora o bien abriría paso al estalinismo.

Pero para algunos en esa iglesia, nada de esto resultaba tan sorprendente. El DSA de Austin, al igual que muchas de las 250 secciones locales repartidas por el país, ha pasado años canalizando el entusiasmo de sus miembros y su disposición a ofrecerse como voluntarios por decenas o cientos de horas en un movimiento local con la vista puesta en el poder a nivel nacional.

Sostienen que alcanzar sus objetivos más lejanos —como abolir las prisiones y lograr la atención médica universal— empieza con protestas callejeras, preparar almuerzos para personas sin hogar y elegir a concejales municipales. Aunque la progresista ciudad de Austin ya era terreno fértil para una sección socialista local, el crecimiento reciente del grupo ha reflejado una expansión más amplia: la membresía nacional del DSA se duplicó con creces hasta llegar a 126.000 en los últimos dos años.

“Hemos aportado nuestro esfuerzo personal, hemos dedicado tiempo y hemos invertido dinero”, declaró Nathan Fernandes, al dirigirse al grupo reunido en la espaciosa iglesia. “Nosotros mismos marcamos la diferencia del DSA, porque los grupos de interés pueden comprar elecciones, pero la gente no puede comprar lo que nosotros tenemos”.

La reunión nocturna comenzó con una capacitación detallada sobre cómo observar y grabar en video las redadas migratorias —“filmen en horizontal”— y una presentación sobre cómo difundir un boicot a Starbucks para apoyar las negociaciones contractuales de sus empleados.

Luego habló Misael Ramos, integrante del DSA y candidato al Concejo Municipal de Austin, y después se anunció que miembros de la sección local habían tocado aproximadamente 7.000 puertas para su campaña. Otra jornada de recorridos puerta a puerta estaba a la vuelta de la esquina.

Cuando llegó ese día, dos integrantes más nuevos del DSA, Mark Ramirez y Clarisse Manuel, se presentaron y se enteraron de que su candidato, Ramos, había sido arrestado esa mañana por participar en una protesta por el hecho de que un agente federal de inmigración había baleado a un hombre venezolano. Ramos está impugnando el cargo por delito menor.

Conmovidos por la noticia, Ramirez y Manuel pospusieron el recorrido, se detuvieron en una gasolinera y compraron bocadillos. Un hombre con una chaqueta vaquera manchada les pidió unos dólares y Ramirez, al revisar su billetera vacía, le ofreció una bolsa de cacahuates con sal y limón que acababa de comprar.

En los últimos años, Ramirez, un ingeniero de software de 28 años, se había sentido frustrado por los males del mundo, en particular las redadas migratorias, pero también la falta de vivienda, la guerra en Gaza, las deudas médicas en Estados Unidos y diversos problemas adicionales. Sumirse en una depresión a fuerza de revisar redes sociales le parecía inadecuado.

El Partido Demócrata estaba “capturado por intereses corporativos”, señaló Ramirez, sentado en una mesa de picnic con Manuel afuera de la gasolinera, pero el DSA ofrecía algo más que nerviosismo sin acción. Daba seguimiento a las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), impulsó una campaña para retirar los lectores automatizados de matrículas en Austin, se organizó con sindicatos, y sus miembros donaban de manera habitual su tiempo y dinero con el fin de preparar cientos de sándwiches para personas necesitadas.

“La atención médica, la comida y la vivienda son cosas que todo el mundo necesita, y contamos con una capacidad productiva millones de veces superior a la necesaria para satisfacer todas esas necesidades”, manifestó Ramirez. Pero como sociedad, “elegimos no hacerlo”.

La determinación para actuar por parte de la sección local del DSA ofreció un antídoto para Ramirez, quien fue una de las aproximadamente 700 personas que se sumaron en el último año, con lo que sus filas se incrementaron en más de la mitad.

“Me corresponde a mí, y creo que le corresponde a todo el mundo, resistir”, expresó. “Si bien pido que redistribuyan la riqueza, yo mismo debo hacer algo al respecto”.

Manuel, de 25 años, intervino y dijo que, juntos, los miembros están mostrando lo que “se puede lograr si tenemos un movimiento de masas”.

“Por eso me uní al DSA”, continuó Manuel, sentada frente a Ramírez. Vio “una organización que es capaz de hacer que las cosas sucedan, que es capaz de ganar, y es por el poder de sus miembros”.

El hombre de la chaqueta vaquera gastada regresó y pidió Doritos y una Coca-Cola, y Manuel entró con él a la gasolinera para comprárselos.

De vuelta en el santuario de la iglesia, Ramos entusiasmó al público.

“Si creen que la vivienda es un derecho humano, digan: ‘¡Sí!’”, gritó. “Si creen en una Palestina libre y en abolir el ICE, digan: ‘¡Claro que sí!’”.

Una encuesta de The Associated Press y el Centro NORC para la Investigación de Asuntos Públicos realizada en septiembre encontró que cerca de una cuarta parte de los adultos en el país se consideran partidarios del socialismo democrático, una proporción similar a la de quienes dicen respaldar el movimiento MAGA (siglas en inglés de “Hagamos grande a Estados Unidos otra vez”) del presidente Donald Trump.

Los demócratas se han acercado al concepto de socialismo en los últimos 15 años, según sondeos de Gallup. Cerca de dos tercios de ellos tenían una visión positiva del socialismo en una encuesta de agosto, frente al 50% en 2010. En el mismo periodo, los demócratas se han desencantado del capitalismo. Sólo aproximadamente un tercio de ellos tenía una visión positiva del capitalismo este año, frente a cerca de la mitad en 2010.

Aunque el senador Bernie Sanders se ha identificado desde hace tiempo como socialista democrático, el movimiento del DSA cobró nuevo impulso luego de que Zohran Mamdani fuera electo alcalde de la ciudad de Nueva York hace un año. Meses después, más candidatos de ese tipo ganaron primarias demócratas al Congreso en Nueva York, Pensilvania y Colorado.

Sentado en una mesa plegable en una sala comunitaria cercana después de su discurso, Ramos comentó que intenta concretar objetivos ambiciosos y de más largo plazo —vivienda para todos, retirar fondos a la policía— mientras se postula a un cargo. Por ejemplo, habla de usar terrenos de la ciudad para vivienda asequible o desviar fondos policiales hacia equipos de respuesta en caso de problemas de salud mental.

Es una de las maneras en que Ramos intenta abrirse paso entre el tumulto en torno a la plataforma nacional del DSA, que incluye eliminar el Senado, redactar una nueva Constitución, dar pasos hacia la abolición de la policía y las prisiones y, a largo plazo, “construir una nueva sociedad desde cero” para crear una “democracia real”.

Esos objetivos han provocado inquietud en ambos partidos. Los republicanos están presentando los comicios de medio término como una elección entre “sentido común y comunismo”, mientras que los demócratas temen que los votantes rechacen ideas radicales.

Meira “Gumbo” Vedros, copresidenta de la sección local del DSA en Austin, moderó el idealismo en una entrevista.

“Abolir no es ‘deshacerse de esto y empezar desde cero’”, explicó Vedros, de 29 años. Y “no es decir que tenemos las respuestas, sino decir: ‘Oigan, sabemos que esto se interpone en el camino para que la clase trabajadora tenga una vida mejor, y podemos encontrar las respuestas juntos’”.

No todos los candidatos del DSA suscriben la totalidad de la plataforma. Y los contornos de un futuro socialista son difusos y varían según a quién se le pregunte. El debate continúa entre los miembros, facilitado por la propia forma de democracia directa de las secciones locales del DSA, donde todos tienen voto.

“Yo y la mayoría de la gente con la que me organizo no solemos pensar que viviremos para ver los frutos de nuestro trabajo”, expresó Vedros, “y no tenemos una idea perfecta de cómo se ve una sociedad ideal. Pero podemos ‘ensayar’ lo que creemos que sería mejor ahora mismo, y ensayar un mundo mejor al ser mejores entre nosotros”.

Cuando terminó la reunión en la iglesia, los presentes se pusieron de pie y cantaron juntos una versión vibrante de “Solidarity Forever”.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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