El nombre de Ebrahim Raisi está en las quinielas para suceder del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, de 82 años, lo que llevó a algunos a especular con que no entraría a la carrera presidencial. Pero su registro muestra que sigue interesado en un cargo que no pudo obtener en los comicios de 2017.
Su estrecha relación con Jamenei y su popularidad, debida en parte a su televisada campaña contra la corrupción, podrían convertirlo en uno de los favoritos en unas elecciones en las que los analistas creen que los conservadores parten con ventaja. Un enjambre de reporteros siguió a Raisi, de 60 años, en su recorrido por el Ministerio del Interior, donde saludó al personal a su paso, antes de inscribirse.
En un comunicado emitido justo antes del registro, Raisi prometió combatir la “la pobreza y la corrupción, la humillación y la discriminación” si llega a la presidencia. Su mandato buscará un “gobierno popular para un Irán poderoso”, agregó la nota refiriéndose al actual mandatario, Hasán Ruhani, un político relativamente moderado que ha enfrentado la reimposición de las sanciones estadounidenses luego de que el entonces presidente Donald Trump retiró unilateralmente a Washington del histórico acuerdo con las potencias nucleares.
El periodista de The Associated Press Nasser Karimi en Teherán, Irán, contribuyó a este despacho.