Con sede en Houston, Norton es una de alrededor de 1 millón de estadounidenses que padecen síndrome de Lynch, un gen defectuoso heredado de uno de los padres que los pone en un riesgo extremadamente alto de padecer cáncer colorrectal y también los hace más vulnerables a otros tipos de cáncer. A menudo se les insta a realizarse una colonoscopia al año —con mucha más frecuencia de lo habitual— para ayudar a detectar y extirpar crecimientos precancerosos llamados pólipos.
Ahora los científicos están creando vacunas que buscan ir más allá, enseñando al sistema inmune a interceptar este tipo de cáncer de colon en gestación antes de que se convierta en un tumor. Actualmente se desarrollan tres posibles vacunas contra el síndrome de Lynch, incluidas dos en ensayos clínicos de primera etapa en Estados Unidos y una tercera en Reino Unido que está por comenzar.
La inyección que recibió Norton luce lo suficientemente prometedora como para que su investigador principal, el doctor Eduardo Vilar-Sánchez, del MD Anderson Cancer Center, espere que se de inicio a un estudio más grande el próximo año.
“Me da esperanza”, declaró Norton, de 59 años, del Houston Methodist Willowbrook Hospital. Ya había sobrevivido a otro cáncer causado por Lynch y tiene dos hijos de veintitantos años que heredaron la mutación. Si la vacuna resulta efectiva, “tal vez no tengan que hacerse una colonoscopia cada año por el resto de sus vidas”.
El síndrome de Lynch es causado por una mutación genética heredada Todos tenemos lo que se conoce como genes de reparación de errores de apareamiento, que esencialmente funcionan como correctores ortográficos para ayudar a arreglar los errores del ADN que pueden ocurrir al momento de la multiplicación celular. Con el síndrome de Lynch, uno de esos genes no puede hacer bien su trabajo, dificultando que el cuerpo detenga una acumulación de anomalías que puede derivar en tumores, a menudo antes de los 50 años.
El cáncer colorrectal es la consecuencia más común. La persona promedio tiene un 5% de riesgo de desarrollar este tipo de cáncer a lo largo de su vida. El riesgo de un portador de Lynch puede llegar hasta el 80%, dependiendo del gen defectuoso que herede, explicó Vilar-Sánchez.
Otro de los principales riesgos es el cáncer endometrial, o uterino. Los portadores de Lynch también tienen más probabilidades de padecer otros cánceres, incluidos los de páncreas, estómago, ovario y ciertos cánceres de piel, además de un tipo de tumor cerebral que cobró la vida de la hermana de Norton a los 25 años.
Norton sabía que algunos familiares de su madre también habían tenido cáncer de colon, pero no fue sino hasta que cumplió 40 años que una prueba genética confirmó que tiene el síndrome de Lynch. Pasó de hacerse colonoscopias de vez en cuando a realizarlas cada año. Como ginecóloga familiarizada con otros riesgos del síndrome de Lynch, Norton también decidió someterse a una histerectomía preventiva. Los cirujanos le descubrieron un cáncer en etapa temprana en el útero extirpado.
Posibles vacunas Hoy en día existen dos vacunas que previenen el cáncer: las inyecciones contra el VPH y la hepatitis B, las cuales bloquean la infección por estos virus capaces de causar tumores. Pero desarrollar vacunas para prevenir el cáncer causado por genes es más difícil que alertar al cuerpo sobre intrusos externos, como un virus.
El síndrome de Lynch impulsa crecimientos que “tienden a acumular cientos de mutaciones que van a generar proteínas que son nuevas, que no son producidas por nuestras células normales”, señaló Vilar-Sánchez. “Se puede entrenar al sistema inmunológico para reconocer esas proteínas”.
En un estudio de primer paso, Norton y otros 44 portadores de Lynch probaron una vacuna elaborada por la compañía biotecnológica suiza Nouscom, la cual enseña al sistema inmunitario a detectar 209 de esas anomalías en lesiones precancerosas causadas por Lynch. Eso activó células T que eliminan tumores y, un año después, las colonoscopias revelaron un menor número de crecimientos precancerosos y ningún pólipo avanzado, informó el equipo de MD Anderson en una publicación en Nature Medicine.
“¿Podemos estimular todavía más al sistema inmunológico” para que mantenga el paso a la formación de tumores por síndrome de Lynch?, preguntó el doctor John Marshall, oncólogo de la Universidad de Georgetown y asesor en Colorectal Cancer Alliance, quien no participó en el estudio. “Este artículo temprano sugiere que sí, quizá podamos”.
Por primera vez desde 2014, las colonoscopias de Norton realizadas uno y dos años después de la vacunación no mostraron pólipos. También forma parte de un subconjunto de participantes a quienes se les administró una dosis de refuerzo un año después; se esperan más datos al respecto para finales de este año.
Investigadores de la Universidad de Oxford han comenzado con las pruebas iniciales de un enfoque similar para atacar lesiones precancerosas por Lynch, una vacuna elaborada por Moderna utilizando la tecnología de ARNm que ayudó a elaborar su vacuna contra el COVID-19.
Además, los científicos están a la espera de resultados de un estudio un poco más amplio que compara la vacuna Tri-Ad5 de ImmunityBio, con sede en California --que señala algunos marcadores de cáncer diferentes-- con un placebo.
¿Relación con el aumento del cáncer de colon en adultos jóvenes? Unas 158.000 personas son diagnosticadas cada año con cáncer colorrectal en Estados Unidos, la mayoría de ellas mayores de 50 años. Los casos en adultos más jóvenes van en aumento, aunque los motivos siguen sin estar claros.
El síndrome de Lynch afecta aproximadamente a 1 de cada 279 personas. Aunque la mayoría no lo sabe, más personas podrían recibir la noticia de que padecen de este trastorno hereditario, indicó Vilar-Sánchez, ya que cada vez se habla más de las pruebas genéticas con personas que tienen cáncer relacionado con Lynch en la familia o que presentan ciertos tumores a edad temprana. Eso, a su vez, puede revelar si los familiares cercanos también podrían estar en riesgo.
Para la persona promedio, las autoridades sanitarias de Estados Unidos recomiendan el cribado rutinario del cáncer colorrectal —con una colonoscopia o algún otro tipo de prueba— a partir de los 45 años. Pero a cualquier edad se debe realizar una revisión si se llegan a presentar síntomas como sangre en las heces o sangrado rectal; cambios en los hábitos intestinales como diarrea, estreñimiento o estrechamiento de las heces que dure más de unos pocos días; pérdida de peso involuntaria; y calambres o dolor abdominal.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP