Las ofensivas de Kiev agravaron los problemas de la economía rusa, que se ha estancado al desvanecerse el impulso inicial derivado del enorme gasto militar. El gobierno subió los impuestos y aumentó el endeudamiento interno para mantener bajo control el creciente déficit presupuestario.
Los ataques a refinerías rusas desencadenaron una grave crisis de combustible que alcanzó su punto álgido en junio, se alivió durante unas semanas y volvió a recrudecerse en agosto.
A esto se sumó una serie de ataques contra almacenes de los minoristas online Wildberries y Ozon. Cientos de miles de vendedores particulares perdieron sus mercancías, lo que causó una onda expansiva en la economía.
Todo esto enfrió el estado de ánimo de la población. Las encuestas registraron una caída en los índices de aprobación de Putin, aunque se mantuvieron altos: el centro independiente Levada lo situó en el 76% en agosto, frente al 87% en septiembre de 2025.
Incluso algunos miembros destacados de la élite rusa expresaron abiertamente su descontento.
Andréi Klepach, economista jefe del banco estatal VEB.RF, advirtió sobre una posible agitación interna.
“No ganaremos la competencia en esta guerra de desgaste”, dijo en un seminario. “Nuestros costos están aumentando. Estoy casi seguro de que llegaremos a enfrentar una crisis social”.
Klepach fue destituido al día siguiente de que se publicaran sus comentarios.
Putin no cede en sus objetivos de guerra El presidente reconoció que los ataques a refinerías y centros logísticos infligieron daños significativos, pero insistió en que la economía puede resistirlos. Al golpear esa infraestructura, sostuvo, Ucrania abrió una “caja de Pandora”, invitando a una represalia masiva.
Rusia intensificó los ataques contra Kiev y otras ciudades con misiles y nuevos drones a reacción, aprovechando la escasez de interceptores defensivos de Ucrania. Moscú incrementó de forma drástica su bombardeo sobre Odesa y otros puertos del mar Negro, frenando las exportaciones de grano y otros productos agrícolas, una fuente clave de ingresos para el país.
A medida que los problemas causados por los ataques ucranianos se extendían por Rusia, crecían los temores a que el Kremlin estuviera considerando una movilización masiva.
Una movilización parcial de 300.000 reservistas en 2022 llevó a cientos de miles de rusos a huir del país, socavando la estabilidad interna. Desde entonces, Moscú ha recurrido a voluntarios para combatir, ofreciendo salarios relativamente altos y otros beneficios. Pero expertos militares advirtieron que el flujo de voluntarios ha disminuido mientras las enormes pérdidas han continuado.
El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, afirma repetidamente que el Kremlin está considerando una llamada a filas tras la elección, algo que Putin califica de “disparate”.
En una reunión el 5 de septiembre en el Kremlin con los enviados de Estados Unidos Steve Witkoff y Jared Kushner, y en una llamada posterior con su homólogo Donald Trump, Putin dijo que Rusia lleva la ventaja en el campo de batalla, lo que indica que mantendrá sus exigencias maximalistas para alcanzar un acuerdo de paz.
Fuerzas antibélicas silenciadas La Comisión Electoral Central autorizó en julio la presencia de 11 partidos en la boleta parlamentaria, incluido Yábloko, el único de los registrados que critica abiertamente la guerra.
Pero, semanas después, el Tribunal Supremo lo sacó de las listas. Actuó a partir de una alegación del partido nacionalista Patria, que calificó la postura antibélica del progresista Yábloko como un intento de violar la integridad territorial de Rusia.
Observadores del Kremlin describieron la medida como un aparente indicio de luchas internas entre sectores del gobierno que querían una apariencia de competencia para aumentar la participación, y quienes temían que la presencia de Yábloko pudiera acarrear críticas abiertas a la guerra e inestabilidad política.
“Los riesgos de que la campaña se convirtiera en una lucha a favor y en contra de la paz —es decir, una disputa sobre la guerra— eran bastante altos, y esto claramente no formaba parte del plan”, manifestó Tatyana Stanovaya, del Carnegie Russia Eurasia Center.
Maxim Kruglov, vicepresidente de Yábloko y exmiembro del concejo municipal de Moscú, fue condenado en junio por difundir información falsa sobre el ejército ruso y sentenciado a siete años de cárcel.
El mes pasado, un tribunal de la región de Pskov condenó a otro miembro de la formación, Lev Shlosberg, a más de 11 años en prisión por pronunciarse contra la guerra.
Tras la retirada de Yábloko de la boleta, las autoridades han impedido metódicamente que sus miembros se postulen en la mayoría de las contiendas uninominales para la Duma y las legislaturas regionales.
El político progresista y crítico con la guerra Boris Nadezhdin, que intentó desafiar a Putin en las presidenciales de 2024, salió del país el mes pasado por temor a ser encarcelado después de que ser designado “agente extranjero”, de que se le prohibiera postularse a cargos públicos y se le multara por exhibir “símbolos extremistas”.
Principal partido del Kremlin, en condiciones de conservar su dominio Rusia Unida, que controla más de dos tercios de los 450 escaños del Parlamento, está llamada a mantener su dominio de la cámara baja pese al cansancio de la población por la guerra y el deterioro de la economía. Algunos reportes rusos indican que el Kremlin ha reducido ligeramente su objetivo para Rusia Unida, pero espera que conserve el control total del Parlamento.
“Puede que a Rusia Unida se le permita caer un poco… para que sus resultados reales y los declarados se alineen más con lo que probablemente sean sus resultados verdaderos”, comentó el analista Mark Galeotti, que dirige la consultora Mayak Intelligence. El gobierno ruso se asegurará de que “siga siendo absolutamente dominante dentro de la Duma”.
Uno de los propósitos de los comicios es mostrar que son “rituales de legitimación para dar la impresión de que el consenso de masas está detrás del Kremlin”, explicó.
Se espera que otros miembros de la “oposición sistémica” —el Partido Comunista, el Partido Liberal-Demócrata y el partido Rusia Justa, afines a Putin y apoyan firmemente la guerra— mantengan su presencia en la Duma.
Aunque los ataques de Ucrania han alimentado una ansiedad generalizada, también podrían generar una exigencia de una respuesta más dura contra Kiev, “siempre y cuando no tengan que involucrarse en ello”, dijo Galeotti en un pódcast.
Chris Weafer, director ejecutivo de Macro-Advisory Ltd., indicó que, aunque los ataques ucranianos han afectado a la moral pública, no existe una amenaza inmediata para el dominio político del Kremlin.
“De todos modos ha habido un ‘cierre de filas en torno a la bandera’ desde el inicio del conflicto y las encuestas de opinión muestran de manera constante un nivel muy alto de apoyo”, apuntó.
Aunque los resultados están predeterminados, Weafer añadió que lo que le importa al Kremlin para reivindicar un amplio respaldo popular a su actuación es “el relato público y, en particular, la participación”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP