Renuncias simultáneas en el Parlamento, la CTC y estructuras juveniles confirman un nuevo reordenamiento interno del régimen, envuelto —otra vez— en silencio y falta de explicaciones.
Sacudida en la cúpula cubana: el Consejo de Estado "acepta" salidas clave del poder político y sindical
El Consejo de Estado de Cuba aceptó la renuncia de altos cargos del poder político y sindical, incluyendo la CTC y la Asamblea Nacional, en medio de la crisis y sin ofrecer explicaciones oficiales
Movimientos en la élite del poder
El Consejo de Estado de Cuba aceptó la renuncia de varios altos cargos del aparato político y sindical, según informó este jueves el periodista oficialista Lázaro Manuel Alonso a través de sus redes sociales, citando información atribuida a Canal Caribe.
De acuerdo con el anuncio, los funcionarios “concluyeron en sus responsabilidades” y el órgano estatal aceptó formalmente sus dimisiones, sin ofrecer detalles sobre las causas ni sobre los relevos inmediatos.
Los nombres confirmados son:
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Ulises Guilarte de Nacimiento, exsecretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).
Homero Acosta Álvarez, quien dejó su cargo como secretario de la Asamblea Nacional del Poder Popular y su condición de diputado.
Ricardo Rodríguez González, exvicepresidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
El caso más sensible: la salida de Ulises Guilarte
La dimisión de Ulises Guilarte de Nacimiento destaca por su peso político y simbólico. Guilarte dirigió la CTC durante casi 12 años, al frente del único sindicato legal en Cuba, estrechamente alineado con el Partido Comunista.
En julio de este año, el PCC ya había informado su cese como secretario general de la CTC durante una sesión del Consejo Nacional del organismo. En aquel momento, el discurso oficial habló de que sería “liberado” del cargo y asumiría “otras responsabilidades”, sin precisar cuáles.
En ese mismo encuentro se decidió posponer el Congreso de la CTC —previsto inicialmente para 2025— hasta la segunda quincena de julio de 2026, una señal interpretada por analistas como reflejo de tensiones laborales y económicas en medio de la crisis que atraviesa el país.
Homero Acosta: silencio en torno a una figura clave
La renuncia de Homero Acosta Álvarez también ha generado interrogantes. Acosta era una pieza central del engranaje legislativo, vinculado durante años a la comunicación institucional del Parlamento y a los procesos jurídicos más relevantes.
Su salida simultánea como diputado y secretario de la Asamblea Nacional no fue acompañada de ninguna explicación oficial. Incluso periodistas afines al oficialismo han pedido públicamente más información sobre este caso, algo poco habitual en el ecosistema mediático estatal.
Movimientos en estructuras juveniles
La dimisión de Ricardo Rodríguez González, identificado como exvicepresidente de la FEU, se suma a una serie de cambios recientes en organizaciones juveniles, tradicionalmente utilizadas por el régimen como semillero político y mecanismo de control ideológico.
Una vez más, no se ofrecieron razones ni se explicó si se trata de una decisión personal o de un ajuste impuesto desde instancias superiores.
¿Renuncias voluntarias o purga silenciosa?
El anuncio oficial evita aclarar si estas salidas responden a decisiones individuales o a un reordenamiento interno promovido desde la cúpula del poder, una práctica recurrente en la política cubana.
Para la ciudadanía —dentro y fuera de la Isla— el patrón es conocido:
Comunicados breves
Lenguaje burocrático
Cero transparencia
Ninguna rendición de cuentas
Hasta ahora, ni el Consejo de Estado, ni la Asamblea Nacional, ni el Partido Comunista de Cuba han emitido un comunicado ampliado que explique las causas, implicaciones o consecuencias de estas salidas.
Lectura política
Estos movimientos se producen en un contexto de colapso económico, malestar social, crisis laboral y pérdida acelerada de legitimidad, lo que refuerza la percepción de que el régimen reacomoda fichas para preservar el control, sin abrir espacios reales de debate ni reforma.
Más que cambios estructurales, las “renuncias aceptadas” parecen confirmar un ajuste interno defensivo, donde las decisiones se toman a puertas cerradas y se comunican al país como simples trámites administrativos.
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