El presidente designado Miguel Díaz-Canel anunció que Cuba entró este jueves en Opción cero, culpando a Estados Unidos, pero aclarando que está dispuesto a negociar sobre “cualquier tema”, aunque mantendrá maniobras militares todos los sábados para afrontar una posible invasión militar estadounidense.
La Opción Cero es una situación extrema de crisis energética y económica, caracterizada por la paralización casi total del suministro de petróleo importado, lo que provoca el colapso del transporte, apagones masivos y una escasez severa de alimentos y recursos, similar al vivido durante la crisis provocada por el derrumbe de la URSS, en los años 90 del siglo pasado.
La presidencia de Cuba emitió una larga comparecencia, pregrabada, reiterativa, con omisiones, pero reconociendo que hay cubanos “acobardados” y que está dispuesto a negociar con Estados Unidos sobre “cualquier tema”, en una clara desautorización al vicecanciller Carlos Fernández de Cossío.
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Una fuente de los servicios informativos de la Televisión cubana precisó a América Tevé, que la comparecencia fue grabada “con anterioridad y revisada”, antes de ser emitida a las diez de la mañana, hora de La Habana.
Estamos dispuestos a dialogar con la Casa Blanca, sobre “cualquier tema”, para construir una relación “civilizada” entre vecinos y en beneficio mutuo, apuntó, el presidente, levantando los vetos impuestos al diálogo bilateral por Fernández de Cossío, que excluyó el sistema político, la economía y la Constitución, en declaraciones a la agencia estadounidense AP.
Cuba entró formalmente este jueves en Opción cero, que el presidente comenzó aludiendo a “un desabastecimiento agudo de combustibles”, del que culpó a Estados Unidos, al que acusó de desatar una guerra no convencional contra su país, como antes hizo en Venezuela.
El país entra en una variante de mínimo gasto, indicó una fuente próxima al gobierno cubano.
Este jueves, en diferentes zonas del país no han abierto los colegios y los alumnos han sido devueltos a sus hogares; sin saber cuándo reabrirán; mientras la agencia estadounidense AP transmitió un reportaje sobre las vicisitudes de los vecinos de Santa Cruz del Norte, en Mayabeque, por los prolongados apagones que llevan días soportando, aunque la localidad mantiene consignas de apoyo al tardocastrismo.
La comparecencia presidencial fue ante periodistas escogidos que preguntaron al presidente lo que necesitaba responder ante la confusión generada por un comunicado del gobierno, que fue leído dentro y fuera de la isla, como una rendición ante Donald Trump y que el presidente han intentado matizar.
El mandatario reiteró la tradicional postura de soberanía y no injerencia, y citó la cooperación bilateral en materia medioambiental y el combate contra el narcotráfico, la trata de personas y el lavado de dinero; asuntos en los que ambos gobiernos ya colaboran antes incluso del deshielo promovido por el presidente Barack Obama.
Diaz-Canel ha hablado todo el tiempo sobre planes y esfuerzos que quedaron en entredicho por sus propias palabras: “Vamos a vivir tiempos difíciles. Estos, en particular, son muy difíciles”, reconoció, pero sin renunciar a movilizaciones militares populares todos los sábados, sin detallar el coste de tales ejercicios.
En medio de la retórica habitual de resistencia, el presidente se esforzó -a través de respuestas a los periodistas- en negar cualquier vínculo de su gobierno con el terrorismo, la trata de personas y el narcotráfico, acusaciones que atribuyó a la guerra mediática y cultural de Estados Unidos y apoyada por “anexionistas”.
Hasta el momento de redactar esta nota, Washington no ha reaccionado al discurso de Díaz-Canel, mientras prosiguen los contactos bilaterales al “más alto nivel”, como reconoció el presidente Trump esta misma semana.
La liberación “incondicional” de los más de 800 presos políticos sería la señal de inicio del desmontaje ordenado del castrismo, con estados facilitadores como Argentina, Brasil, México y el Vaticano, según fuentes próximas a Alejandro Castro Espín y la CIA.