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Misterio rodea las armas que distintos países están desplegando en el espacio

VIENA (AP) — El secretario de la Fuerza Aérea Troy Meink acaparó titulares recientemente al confirmar que Estados Unidos ha desplegado armas en el espacio. Sin embargo, no detalló cuáles eran esas armas, cómo funcionan ni si estaban apuntando a otros objetos en el espacio.

Pero no son solo los esfuerzos de Estados Unidos en materia de armas espaciales los que siguen envueltos en misterio.

A continuación, un vistazo a los temas que preocupan a los expertos:

Lo que sabemos sobre las armas en el espacio

Meink, al hablar en una conferencia de defensa, manifestó que Estados Unidos ha desplegado “armas de control espacial en órbita capaces de defender a la Fuerza Conjunta contra acciones hostiles de adversarios”, en referencia a las fuerzas estadounidenses. Sigue sin estar claro a qué se refería Meink con el término "armas de control espacial".

Recursos como el Informe Global de Capacidades Contraespaciales 2026, publicado por la organización Secure World Foundation y basado en información disponible públicamente, ayudan a ofrecer una visión general de posibles armas espaciales.

El documento enumera cinco categorías de capacidades contraespaciales. Examina sistemas que están siendo desarrollados por 13 países, entre ellos Estados Unidos, Rusia, China, India, Australia, Francia, Irán e Israel.

Entre ellos hay satélites diseñados para maniobrar cerca de naves espaciales, inspeccionarlas, inutilizarlas o destruirlas. El informe también analiza interceptores de misiles lanzados desde tierra, aire o mar, diseñados para destruir satélites de manera cinética.

Además, el informe destaca la guerra electrónica, como la interferencia de señales, así como láseres o microondas de alta potencia destinados a cegar o dañar sensores de satélites. El texto menciona también operaciones cibernéticas contra redes espaciales.

Victoria Samson, directora de seguridad y estabilidad espacial en la fundación que aboga por el uso pacífico del espacio, comentó que la existencia de diversos satélites y su ubicación física en órbita son conocidas, pero sus capacidades y usos son más difíciles de dilucidar.

Por ejemplo, la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, con sede en Viena, respalda mantiene un registro que vincula cada objeto con el país responsable. Los Estados que se adhirieron a un acuerdo de 1976 están obligados a proporcionar información sobre lanzamientos realizados por gobiernos y empresas privadas, así como la función general del objeto, pero no están obligados a aportar detalles sobre su propósito.

Como ejemplo de algo que podría usarse tanto con fines militares como no militares, se supo en 2021 que China había probado un satélite con un brazo robótico que puede maniobrar hasta un sistema, sujetarlo y sacarlo de órbita. En 2022, China utilizó por primera vez un sistema de ese tipo para sacar de órbita a uno de sus satélites inactivos.

Además, Estados Unidos advirtió hace dos años que Rusia estaba desarrollando una nueva arma antisatélite basada en el espacio, aunque la Casa Blanca indicó que el peligro no era inminente en ese momento.

El entonces portavoz de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Kirby, se negó a comentar si el arma tenía capacidad nuclear, pero sí señaló que violaría el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre.

Rusia negó estar desarrollando esa nueva capacidad.

El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre es producto de la Guerra Fría

El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre es el principal acuerdo internacional que establece las normas sobre cómo los países exploran y utilizan el espacio. Además de Rusia, Estados Unidos, China y todas las demás naciones con armas nucleares son parte del tratado.

El Artículo IV establece que las partes “se comprometen a no colocar en órbita alrededor de la Tierra ningún objeto que lleve armas nucleares o cualquier otro tipo de armas de destrucción masiva, a no instalar tales armas en cuerpos celestes ni a emplazar tales armas en el espacio ultraterrestre de cualquier otra manera”.

El tratado también declara que el espacio es un bien común global que solo puede utilizarse con fines pacíficos.

El tratado se concluyó en 1967 durante la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética competían por explorar el espacio y realizaron una serie de pruebas nucleares en órbita.

En aquel momento, el espacio se veía radicalmente distinto.

Jonathan McDowell, un astrónomo retirado del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, ha estado siguiendo los lanzamientos de satélites durante más de cuatro décadas.

Para finales de 1967, había 128 satélites en órbita comunicándose con la Tierra, según McDowell. En ese entonces, todos los satélites eran producto de proyectos públicos con financiamiento y gerencia estatal. Esto contrasta con lo que McDowell calcula que son aproximadamente 16.810 satélites en funcionamiento hoy, muchos de ellos de empresas como la red Starlink de SpaceX.

En 1962, Estados Unidos detonó una serie de bombas atómicas en el espacio como parte de la Operación Fishbowl. La primera, la prueba Starfish Prime, se lanzó desde un atolón al suroeste de Hawai. La explosión provocó una onda de radiación que destruyó varios satélites y dejó parcialmente fuera de servicio el alumbrado público y las líneas telefónicas en Hawai.

De manera similar, la Unión Soviética realizó pruebas nucleares en el espacio como parte del Proyecto K entre 1961 y 1962. Las pruebas causaron fallas en la red eléctrica, inutilizaron líneas telefónicas y desencadenaron un incendio que destruyó por completo una planta eléctrica en Kazajistán.

Los ensayos demostraron el enorme riesgo que las explosiones atómicas en el espacio suponen para la infraestructura civil y las comunicaciones en la Tierra, lo que llevó a las superpotencias a buscar un acuerdo que prohibiera las armas nucleares y otras armas de destrucción masiva en el espacio.

Hay un vacío legal

Analistas sostienen que el tratado no aborda los desafíos de los tiempos modernos.

Jessica West, investigadora principal de Project Ploughshares, un instituto canadiense de investigación sobre paz y seguridad, afirmó que el marco jurídico que rige el espacio necesita ser “cambiado de manera fundamental”.

Indicó que, si bien el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre es una “base constitucional” que sigue siendo pertinente y aplicable, la comunidad internacional no ha hecho el “trabajo duro” de construir una estructura legal en torno al tratado, especialmente en lo que respecta a mejorar los mecanismos de verificación de las actividades espaciales y ampliar los principios para prohibir armas convencionales en el espacio.

Michelle Hanlon, directora ejecutiva del Centro de Derecho Aéreo y Espacial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Mississippi, coincidió y señaló que existe una “laguna” en el tratado en lo relativo a prohibir armas convencionales.

No hay consenso sobre qué cuenta como arma

Los esfuerzos internacionales para negociar un nuevo marco que prohíba todas las armas en el espacio se han estancado porque no hay acuerdo sobre qué se considera un arma espacial, entre otras cosas, según Samson.

Muchas de las capacidades son de “doble uso”, es decir, pueden emplearse con fines civiles y militares, lo que dificulta definir qué constituye un arma, explicó.

“Puedes acercarte a un satélite para reabastecerlo de combustible, pero también puedes acercarte a un satélite para soltarle objetos, apuntarle con un láser o intentar interferirlo”, señaló Samson.

Las conversaciones sobre prohibir armas se producen en un momento en que Estados Unidos, bajo el presidente Donald Trump, ha puesto un énfasis creciente en el espacio.

En 2019, durante su primer mandato, Trump creó la Fuerza Espacial como una rama militar separada. En su segundo mandato, ha anunciado el sistema de defensa antimisiles “Golden Dome”, que incluye planes para colocar armas en el espacio.

Los intentos de Rusia y China de impulsar un nuevo tratado para impedir el emplazamiento de todas las armas en el espacio han chocado contra un muro, en parte por la falta de una definición. Además, Washington sostiene que ese enfoque pasa por alto los misiles antisatélite basados en tierra que, cuando se usan, generan enormes cantidades de peligrosos desechos espaciales.

En noviembre de 2021, Rusia lanzó un misil de ese tipo para destruir un satélite inactivo de la era soviética, creando más de 1.500 fragmentos que incrementaron el riesgo para los astronautas estadounidenses y rusos a bordo de la Estación Espacial Internacional y para la estación espacial Tiangong de China.

Con el tratado aparentemente estancado, las negociaciones internacionales han desplazado su enfoque hacia la discusión de un comportamiento responsable en el espacio, como evitar la acumulación de desechos espaciales.

El arma estadounidense podría ser no cinética

Samson dijo que Estados Unidos ha mantenido durante muchos años una política de evitar la acumulación de desechos espaciales porque estos pueden interferir con los vuelos espaciales y perjudicar el propio interés nacional.

También indicó que, por la misma razón, existe la posibilidad de que las armas espaciales a las que se refirió Meink pudieran ser armas no cinéticas, como interferidores.

Los desechos espaciales se generan no solo por armas espaciales cinéticas, sino también cuando los satélites chocan y se hacen añicos en incontables fragmentos y partículas más pequeñas que viajan a gran velocidad y son capaces de destruir o dañar más naves espaciales.

“Si empiezas a tener colisiones que causan más desechos, y más desechos que causan más colisiones, corres el riesgo... de este efecto en cascada irreversible”, declaró Steven Freeland, profesor emérito de derecho internacional en la Universidad Western Sydney y profesor asociado en Bond University.

Según la Agencia Espacial Europea, hay alrededor de 46.950 fragmentos de desechos en la órbita terrestre que son rastreados regularmente por redes de vigilancia espacial.

Con base en modelos estadísticos, la agencia estima que hay millones de fragmentos más pequeños de basura espacial orbitando la Tierra.

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Manzuk reportó desde Nueva York.

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La cobertura de The Associated Press recibe el apoyo de varias fundaciones privadas. La AP es la única responsable del contenido. Encuentra los estándares de la AP para trabajar con las fundaciones, una lista de las fundaciones y las áreas de cobertura que financian en AP.org.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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