Inmortalidad.
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Michael Douglas habla de la 'inmortalidad', Kirk Douglas y recuerdos que antes evitaba
NUEVA YORK (AP) — Michael Douglas, actor y productor galardonado, cumplió recientemente 82 años. Es un sobreviviente de cáncer, un adicto recuperado, un hombre casado, padre e hijo de actores. También es autor y comienza sus memorias con un mensaje de agradecimiento a su familia —pasada, presente y futura— por el “sentido de inmortalidad”.
“Muchas veces le preguntaban a mi padre: ‘Kirk, ¿estás celoso de tu hijo?’”, comentó durante una entrevista reciente en un hotel de Manhattan, al referirse a su difunto padre, el también actor y en ocasiones contendiente, Kirk Douglas. “Y él decía: ‘¿Celoso?’ Esto es un sentido de inmortalidad, una continuidad de generaciones’”.
La familia es la forma en que Douglas ancla su legado y su lugar en un mundo que teme que se esté desmoronando. Pero hay otras maneras de perdurar más allá del propio tiempo: protagonizar referentes culturales como “Atracción fatal” o “Bajos instintos”, o escribir un libro de 500 páginas titulado “One Helluva Ride”, el recorrido de un hombre famoso desde la rebeldía y el paso a la adultez, hasta el éxito y las transgresiones de la mediana edad, y el inevitable ajuste de cuentas con la mortalidad y los errores del pasado.
Sus memorias, que se publican el martes, están estructuradas en torno a la realización de algunas de sus películas más destacadas, entre ellas “Basic Instinct” (“Bajos instintos”), “Fatal Attraction” (“Atracción fatal”), “Falling Down” (“Un día de furia”), “Romancing the Stone” (“Tras la esmeralda perdida”) y dos filmes que le dieron premios Oscar: como productor de la ganadora a mejor película “One Flew Over the Cuckoo's Nest” (“Atrapado sin salida”) y como protagonista de “Wall Street”, cuando su interpretación del ambicioso corporativo Gordon Gekko le valió el premio a mejor actor y ayudó a convertir “la codicia es buena” en una frase común de finales de la década de 1980.
El propio Douglas fue en su momento un símbolo tal del hedonismo que circulaban rumores de que estaba recibiendo tratamiento por adicción al sexo. Falso, asegura, pero en sus memorias reconoce que, cuando conoció a Catherine Zeta-Jones, con quien se casó en el 2000, estaba saliendo con otras cinco mujeres. Todas estaban en ciudades distintas, explicó durante la entrevista, y “mientras no vieras a alguien más en la misma ciudad que pudiera avergonzarla, no había problema”.
Ahora está bien asentado con Zeta-Jones y lo bastante satisfecho con su carrera como para ya no sentir un gran impulso de superarse; le da la misma felicidad dar un paseo por el jardín. Pero Douglas también ve el libro como una revelación de los momentos más dolorosos de su vida: su búsqueda casi arquetípica de forjar una identidad aparte de la de su padre; una infancia dañada por la violencia y el divorcio que solo se resolvió en la última etapa de la vida de Kirk; el propio divorcio de Douglas de su primera esposa, Diandra Luker; las batallas contra el abuso de sustancias de Michael y de su hijo Cameron Douglas, quien pasó siete años en prisión por cargos relacionados con drogas; y el diagnóstico de cáncer de lengua en etapa IV en 2010, que al principio supuso que lo mataría.
Con un blazer oscuro, camisa azul y sin corbata, Douglas es un conversador cálido y abierto. Durante la entrevista, habló de las enormes cargas y privilegios de ser el hijo de Kirk Douglas, de su improbable decisión de convertirse también en actor y de la única línea de diálogo que, según él, se acerca más a la verdad sobre sí mismo.
Las preguntas y respuestas han sido editadas para una mayor brevedad y claridad.
DOUGLAS: Yo veía a papá como si fuera Superman. Era tan dinámico. Era tan fuerte. Tenía tanta tenacidad. Lo veía en la pantalla como Espartaco, lo vi como Ulises... Nunca pensé que pudiera ser el hombre que fue mi padre. No creí que estuviera en las cartas. Me tomó mucho tiempo ganar confianza y luego cometer muchos de los mismos errores que él cometió.
DOUGLAS: Nunca pensé en ser actor hasta que estaba en la universidad. No tenía especialidad. Y me llamaron a la oficina: “Tienes que declarar una especialidad. No puedes limitarte a tomar cursos de educación general”. Yo era un poco hippie en esa época. Y pensé: “Bueno, mi madre (Diana Douglas) es actriz, y la había visto hacer producciones teatrales. Y mi padre...”. Así que pensé que sería una materia fácil.
Entonces empecé a actuar en la escuela. Tenía un miedo escénico terrible, terrible, ya sabes, (vomitaba en) papeleras fuera del escenario.
DOUGLAS: Quería superar mi miedo escénico. Quería combatir esa sensación incómoda que tenía de estar frente a una cámara.
DOUGLAS: Creo que probablemente sea cierto. Creo que heredé la tenacidad de mi padre, la ambición de mi padre y su rabia. Él tenía un temperamento fuerte cuando crecía. Debe haber existido ese deseo de sentir que yo era alguien. Porque, al crecer, siempre fui el hijo de...
DOUGLAS: Ellos (sus padres) tenían buenos amigos y todo eso, pero siempre había un aislamiento en él. Y encuentro que yo también tengo un poco de eso.
En cuanto a una frase para mí, siempre me encanta en “Falling Down”, cuando él (un trabajador de la industria de defensa desempleado que se vuelve violento) dice: “¿Yo soy el malo?”.
DOUGLAS: Soy bastante duro conmigo mismo en el libro y, ya sabes, honesto. Intenté hacer lo correcto, pero me he encontrado en situaciones en las que parece que yo soy el malo.
DOUGLAS: No puedo decir que lo habría hecho. No creo que puedas equilibrar la carrera con la familia. Simplemente no puedes equilibrarlo. Así que siempre les digo a mis hijos o a cualquiera que quiera escuchar: saquen su carrera del camino antes de pensar en casarse y tener hijos. Eso afectó mi primer matrimonio, porque yo estaba consumido.
DOUGLAS: No.
DOUGLAS: Porque me resultaba muy incómodo hablar de los primeros años y de su abuso físico. Era de una generación que pegaba; mi madre usaba el cepillo para el pelo. Era duro. Esa también fue una de las razones por las que nos tomó un poco de tiempo acercarnos a medida que nos hicimos mayores, y perdonarlo.
DOUGLAS: El tiempo cura, ya sabes. Ojalá. La vida sigue. Papá tenía esa gran frase justo después de que yo gané (el Óscar) por “Wall Street”. Me dijo: “Sabes, habría sido más amable contigo si hubiera sabido lo exitoso que ibas a ser”.
FUENTE: AP
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