El primer ministro Mark Carney reconoció la ruptura tras el fracaso de las negociaciones de último minuto que se realizaban el viernes, y manifestó que Canadá había reconocido que “Estados Unidos ha cambiado” y que ambos países “no volverán a nuestra antigua relación”.
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Guerra comercial entre Canadá y EEUU agrava la ruptura entre ambos países
TORONTO (AP) — Durante décadas, Canadá construyó gran parte de su prosperidad sobre un acceso privilegiado a Estados Unidos. Ahora, tras el colapso de las conversaciones comerciales, una de las alianzas más estrechas y duraderas del mundo se ha alterado de manera fundamental, y ambos países afrontan el riesgo de una guerra comercial a gran escala.
A primera hora del sábado, Estados Unidos impuso aranceles del 50% sobre unos 20.000 millones de dólares en bienes canadienses. Carney afirmó que Canadá tomaría represalias dólar por dólar a partir del 8 de septiembre, apuntando a sectores como el acero, los lácteos, los electrodomésticos, el equipo agrícola, la pulpa y el papel, y la electrónica.
Carney anticipó el giro en enero, en el Foro Económico Mundial en Davos, al declarar que el mundo vivía “una ruptura, no una transición”, e instó a países como Canadá a reducir su vulnerabilidad a la coerción económica fortaleciendo su economía en casa y diversificándose en el exterior.
Carney dijo en Ottawa el sábado que esa advertencia se había confirmado. Acusó a Estados Unidos de usar “la integración económica como arma” y sostuvo que su “firma estaba escrita a lápiz”.
“El colapso de las conversaciones sobre aranceles apunta al hecho de que la antigua relación entre Canadá y Estados Unidos se acabó y, para muchos canadienses, también confirma la percepción de que Canadá no puede confiar en la administración Trump”, afirmó Daniel Béland, profesor de ciencias políticas en la Universidad McGill en Montreal.
La presión de Trump ha ido mucho más allá de los aranceles.
El mandatario estadounidense ha cuestionado la viabilidad económica de Canadá, ha hablado repetidamente de convertirlo en el estado número 51 de Estados Unidos y ha utilizado medidas comerciales para incentivar que la producción se traslade de Canadá a Estados Unidos. Eso ha enfurecido a muchos canadienses y ha alimentado un sentimiento de traición en un país que durante mucho tiempo consideró a Estados Unidos su aliado más cercano.
Los viajes de canadienses a Estados Unidos siguen siendo marcadamente inferiores a los de antes de la disputa: los viajes de regreso en julio cayeron casi un 29% en automóvil y un 27% por vía aérea frente a julio de 2024, informó Statistics Canada.
Las negociaciones fallidas subrayaron cuánto ha cambiado la relación. Canadá estaba dispuesto a aceptar algunos aranceles de Estados Unidos a cambio de acceso al mercado y mayor certidumbre, lo que representa una ruptura con décadas de política orientada a eliminar barreras comerciales.
Para los canadienses acostumbrados al acceso preferencial en virtud del Acuerdo de Libre Comercio Canadá-Estados Unidos de 1989, el TLCAN y su sucesor, incluso la imposición de aranceles reducidos marcaría un retroceso respecto de la vieja relación.
El colapso también pone a prueba el enfoque de Carney frente a Trump.
La postura de “codos arriba” del primer ministro —una expresión del hockey para jugar de forma agresiva y negarse a ser intimidado— lo ha ayudado a mantener su popularidad en casa. Su decisión de resistir la presión de Estados Unidos también podría resonar en el exterior entre quienes quedaron impresionados por su llamado en Davos a que los países resistan la coerción económica y reduzcan la dependencia de las grandes potencias.
Líderes provinciales y conservadores respaldaron ampliamente a Carney. El primer ministro de Saskatchewan, Scott Moe, dijo que “el viejo statu quo no es posible”, mientras que su homólogo de Ontario, Doug Ford, elogió a Carney por rechazar lo que calificó como un mal acuerdo para los sectores automotriz, siderúrgico y de fabricación.
Ford dijo que Trump “no es digno de confianza en absoluto”.
El ex primer ministro de Alberta, Jason Kenney, dijo que Canadá “no se está rindiendo cobardemente ante una agresión económica y política constante”.
Lana Payne, presidenta nacional de Unifor, el mayor sindicato del sector privado de Canadá, acusó a Trump de intentar debilitar la base industrial canadiense.
“Lo que hemos visto de la administración de Estados Unidos, o de Donald Trump, es este intento constante de tratar de destruir la economía industrial de Canadá con aranceles que han sido diseñados estratégicamente para atacarnos”, afirmó Payne.
Casi tres cuartas partes de las exportaciones de bienes de Canadá van a Estados Unidos. La economía estadounidense es aproximadamente 10 veces mayor que la de Canadá, lo que limita la capacidad de Ottawa de responder dólar por dólar sin infligir un daño desproporcionado en casa.
Economistas del Royal Bank of Canada estiman que los aranceles afectan directamente a alrededor del 0,4% del PIB de Canadá porque cubren solo cerca del 5% de las exportaciones canadienses a Estados Unidos. El daño podría aumentar si las represalias se amplían, se apunta a más sectores o la disputa frena la inversión y altera las cadenas de suministro.
El propio Carney reconoció el costo de las represalias, al señalar que las medidas canadienses “elevarán los costos y reducirán las opciones para los canadienses”. Indicó que su gobierno anunciaría asistencia adicional para las empresas y los trabajadores afectados.
Béland dijo que los países presencian “el comienzo de una guerra comercial a gran escala”, aunque advirtió que la situación podría cambiar rápidamente.
La dependencia no es unilateral.
Carney dijo que Canadá suministra el 99% de las importaciones de gas natural de Estados Unidos, el 85% de sus importaciones de electricidad y el 60% de sus importaciones de petróleo crudo. Trump ha concentrado gran parte de su presión en los automóviles, el acero y el aluminio, alimentando el resentimiento entre canadienses que ven la presión como un esfuerzo por vaciar industrias clave.
Goldy Hyder, presidente y director ejecutivo del Business Council of Canada, dijo que las empresas aún ven a Estados Unidos como el socio comercial más importante de Canadá, pero consideran cada vez más que el cambio perdurará más allá de Trump.
“Existe un nuevo modelo de comercio e inversión que bien podría mantenerse vigente durante futuras administraciones de Estados Unidos, ya sean demócratas o republicanas”, afirmó.
La ruptura añade urgencia al impulso de Carney por diversificar más allá de Estados Unidos. Ha viajado al extranjero en busca de inversión y nuevos vínculos comerciales, con el objetivo de atraer 1 billón de dólares canadienses (730.000 millones de dólares estadounidenses) para 2030 y duplicar la inversión no procedente de Estados Unidos durante la próxima década. Canadá ha firmado más de 20 acuerdos de comercio y seguridad en cinco continentes en el último año.
Eso hizo particularmente significativo el esfuerzo de Washington por restringir la capacidad de Canadá de negociar acuerdos comerciales con otros países.
En julio, Ottawa y Alberta impulsaron planes para construir un nuevo oleoducto en la costa del Pacífico con el fin de dar al crudo canadiense un mayor acceso a los mercados asiáticos y reducir la dependencia de compradores estadounidenses.
La pregunta inmediata es cuánto durará la más reciente confrontación arancelaria.
Béland dijo que el cambio más profundo probablemente sí perdurará, en parte porque es probable que el proteccionismo de Estados Unidos siga siendo influyente en futuras administraciones.
“La idea de que las cosas volverán a la ‘normalidad’ una vez que Donald Trump deje la Casa Blanca probablemente sea solo un deseo”, afirmó. “No significa que la relación no pueda mejorar en el futuro, pero las cosas nunca volverán a ser las mismas”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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