No tiene sentido. Apaga las luces durante el día y sólo enciende una lámpara con una bombilla de bajo consumo en la sala por la noche, pero aun así se atrasa en los pagos. Desesperada, solicitó un préstamo luego de recibir un aviso de corte de energía durante una prolongada ola de frío ártico que obligó a mantener encendidas las calefacciones en el estado, ya que la temperatura disminuyó regularmente por debajo de los 18 grados Celsius bajo cero (0 grados Farenheit).
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El costo de la electricidad en Virginia Occidental rivaliza con el de las hipotecas y los alquileres
RAINELLE, Virginia Occidental, EE.UU. (AP) — Cada mes, Rebecca Michalski respira hondo antes de abrir su factura de la luz. Vive con un ingreso fijo, y calentar su pequeña casa este invierno ha sido exorbitante: su factura de febrero fue de 940,08 dólares, más que el cheque que ella recibe.
“Cada vez que ves esa factura de luz, te da un ataque”, lamentó Michalski, mientras hojeaba una pila de estados de cuenta que sumaban miles de dólares. “Ya lo sé antes de abrirla. Simplemente me aterra ver cuánto es”.
Ha recurrido a las redes sociales, y exige soluciones al igual que miles de otros habitantes de Virginia Occidental, incluidos quienes han publicado capturas de pantalla de sus facturas mensuales. Están enojados y perplejos por el vertiginoso aumento en el costo de la electricidad, que a veces supera el de los alquileres y las hipotecas en una de las zonas más ricas en energía, pero a la vez más pobres de Estados Unidos, donde las familias se han visto obligadas a elegir entre pagar por la comida o la calefacción.
El presidente Donald Trump, como parte de su campaña para “hacer que Estados Unidos vuelva a tener precios razonables”, prometió reducir a la mitad las facturas de electricidad de los estadounidenses durante su primer año o año y medio de su segundo periodo en la Casa Blanca.
“Y si no funciona, dirán: ‘Bueno, voté por él. Aun así, logré que bajaran mucho’”, declaró. “Nunca habrán tenido energía tan barata como la que tendrán bajo el mandato de cierto caballero conocido como Donald J. Trump”.
No ha resultado así.
Más bien, el precio de la electricidad aumentó un 4,8% en febrero a nivel nacional y el del gas natural por tubería un 10,9%, ambos en comparación con el año anterior, según el Índice de Precios al Consumidor del Departamento de Trabajo. Eso superó la inflación incluso antes de que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán dispararan los costos de la energía.
Ese asunto se vuelve cada vez más preocupante para algunos votantes. El aumento de las facturas de electricidad surgió como tema de campaña en las últimas elecciones, incluidas las de gobernadores, ganadas por los demócratas en Nueva Jersey y Virginia. Se prevé que la preocupación por los costos resurja durante las elecciones intermedias de este otoño, y un análisis de la organización de defensa del consumidor PowerLines reveló que es poco probable que los residentes obtengan un alivio pronto, ya que las nuevas solicitudes de aumento de tarifas de gas y electricidad podrían afectar a más de 80 millones de estadounidenses.
Una encuesta de The Associated Press-Centro NORC para la Investigación de Asuntos Públicos —una organización apartidista de investigación y análisis de datos sobre temas clave— realizada en marzo, también reveló que el 35% de los adultos estadounidenses estaban “extremadamente” o “muy” preocupados respecto a poder pagar la electricidad en los próximos meses.
“Me está destrozando. Y no hay nada que se pueda hacer, a menos que el presidente haga algo”, dijo Michalski sobre sus facturas de luz desorbitadas, y añadió que ya no respalda a Trump. “Y no lo veo haciéndolo. Ha tenido tiempo de sobra”.
El incremento de la demanda, los fenómenos meteorológicos y eventos extremos, la modernización y el mantenimiento de infraestructura obsoleta, y el alza de los precios del gas natural elevan las facturas de electricidad. El encarecimiento de la energía —incluido el impacto en los precios de la gasolina, cuyo promedio nacional supera ya los 4 dólares por galón — podría agravarse debido a la guerra en Irán y al empeño del gobierno de Trump por exportar mayores volúmenes de gas natural licuado, lo que, a su vez, agota el suministro interno.
Los usuarios también se muestran recelosos ante la construcción de más centros de datos de alto consumo energético para inteligencia artificial y computación en la nube —o su apoyo entusiasta por parte de los políticos— en lugares como Virginia Occidental, donde los residentes de una zona que tradicionalmente apoya a Trump han pasado de tener la tarifa eléctrica más barata del país en 2005 a experimentar uno de los aumentos más rápidos y que supera con creces el promedio nacional, según datos de la Administración de Información sobre Energía (EIA, por sus siglas en inglés).
Todo esto en un lugar donde la gente vive encima de vastos yacimientos de carbón, petróleo y gas.
El carbón sigue siendo el rey aquí, pero lleva una corona muy costosa. El estado es una excepción a nivel nacional debido a su obstinada resistencia a adoptar fuentes de energía más limpias y económicas, tales como la energía nuclear, el gas natural —a pesar de ser uno de los principales productores del país— y energías renovables como la eólica y la solar. En cambio, Virginia Occidental se aferra a las anticuadas centrales eléctricas de carbón más que ningún otro lugar de la nación, aproximadamente el 87% de la producción total. Su gobierno, liderado por una supermayoría republicana —sólo hay 11 demócratas en la Cámara de Representantes y el Senado—, ha redoblado esta dependencia y culpa a los gobiernos demócratas anteriores de una guerra contra el carbón alimentada por el aumento de las regulaciones y las restricciones federales, mientras que Trump posa para fotos con mineros del carbón en la Casa Blanca y promociona con frecuencia el “carbón limpio y hermoso”.
“Reducir los precios de la electricidad es una prioridad para el presidente Trump”, declaró Taylor Rogers, portavoz de la Casa Blanca, quien culpó al expresidente Joe Biden por el problema. “Él está impulsando enérgicamente fuentes de energía confiables como el carbón y el gas natural”.
Trump ha obligado a mantener abiertas centrales eléctricas de carbón no rentables, ha flexibilizado para ellas las normas contra la contaminación y ha destinado cientos de millones de dólares para su mejora. También ha simplificado los permisos y las regulaciones para impulsar la expansión minera, a pesar de que las minas de carbón del estado cierran, incluidas varias operaciones este año que eliminaron más de 700 empleos.
“Si no apoyas el carbón al 100%, entonces eres un traidor. … Es como un indicador de patriotismo”, manifestó Jamie Van Nostrand, director de políticas de la organización sin fines de lucro Future of Heat Initiative y exprofesor de la Universidad de Virginia Occidental, quien escribió un libro sobre la dependencia del estado de la energía del carbón. “Creo que si le preguntaras al ciudadano promedio de Virginia Occidental: 'Sí, entendemos que quieras apoyar a la industria del carbón, ¿pero estás dispuesto a apoyarla hasta el punto de sentirte bien al pagar el doble por la electricidad de lo que deberías pagar?’”.
La tarifa promedio de electricidad por kilovatio-hora en el estado aumentó un 73%, el gas natural un 51% por cada 1.000 pies cúbicos, y el agua un 45% por cada 1.000 galones entre 2015 y 2025, según la Comisión de Servicios Públicos de Virginia Occidental, un panel de tres miembros entre los que se encuentran el excabildero de una compañía eléctrica y el expresidente de la asociación estatal del carbón, nombrados por el gobernador y encargados de aprobar los aumentos de tarifas.
Aunque las facturas mensuales siguen siendo más altas en otros estados, los salarios en Virginia Occidental simplemente no han seguido el ritmo: es el único lugar del país donde el ingreso familiar promedio ajustado a la inflación fue menor en 2023 que en 1970, según el Urban Institute, un grupo de expertos que realiza investigaciones económicas y de políticas sociales. Eso significa que los residentes dedican una mayor parte de su salario al pago de electricidad en comparación con la gente de otros lugares.
Michalski, quien tiene una discapacidad y usa un andador para desplazarse, dijo que intenta no usar ningún aparato en su casa que consuma mucha electricidad, incluido el aire acondicionado en verano. Pero sencillamente no puede apagar la calefacción. Durante el último año, sus facturas sumaron más de 5.000 dólares. Pidió ayuda a su familia para pagar la factura este invierno, pero dice que ya no le quedan opciones.
Sabe lo que ocurrirá después.
“Vienen y te cortan la luz. Y entonces te quedas sentada a oscuras. Y veo que eso va a pasar”, expresó. “Y creo que a mucha otra gente le va a ocurrir lo mismo”.
Aislada por sus hermosas y escarpadas montañas, Virginia Occidental se encuentra completamente dentro de los Apalaches, y durante mucho tiempo ha figurado al final de una larga lista de deficiencias, incluidos servicios de salud que dejan qué desear y la falta de educación. Muchos residentes de zonas rurales han vivido en las mismas tierras durante generaciones, y han presenciado cómo empresas externas lucran al extraer los recursos del estado —desde la madera hasta el carbón, el petróleo y el gas—, sólo para contaminar y abandonar a las comunidades después. Su gente es conocida por su férrea independencia y orgullo a pesar de sus dificultades, incluida la escasez de agua potable desde hace décadas en algunas zonas, lo que obliga a los residentes de las cuencas carboníferas del sur a transportar bidones desde y hacia manantiales al borde de la carretera o minas abandonadas, y ha gastar hasta 250 dólares al mes en agua embotellada para cocinar y beber. También pagan por el agua que llega por tubería a sus hogares, la cual suele ser negra, amarilla o marrón.
Algunos, incluidos quienes viven en zonas pintorescas donde el turismo es una fuente de ingresos importante, protestan contra la prisa de las grandes empresas tecnológicas por construir enormes centros de datos, y temen que esto pueda dar lugar a un nuevo ciclo de explotación de los recursos del estado por parte de empresas externas. Han alzado la voz por la falta de participación pública y transparencia en torno a los planes de construcción de estos complejos, y cuestionan la contaminación acústica, el enorme consumo de agua y el impacto en las tarifas eléctricas de los usuarios.
“Simplemente eliminamos regulaciones y siguen prometiéndonos que desregular y privatizar nuestros sistemas lo solucionará todo, pero nunca lo hace”, dijo Caitlin Ware, pastora que aboga para que haya agua potable en el sur de Virginia Occidental. Mientras hablaba, un repentino apagón interrumpió brevemente sus pensamientos en su iglesia metodista unida de Sandyville. “Esto sólo enriquece a los ricos y nos pone en una situación aún peor”.
En febrero, el gobernador Patrick Morrisey anunció con orgullo sus planes para construir un centro de datos en casi 222.5 hectáreas (550 acres) en el condado de Berkeley.
“Esta inversión de 4 mil millones de dólares es un logro histórico que demuestra que Virginia Occidental puede competir al más alto nivel en la economía tecnológica global”, declaró en un comunicado. No explicó de dónde provendrían el agua y la electricidad para operar la instalación de 600 megavatios y 176,516 metros cuadrados (1,9 millones de pies cuadrados).
La oficina de Morrisey no respondió a una solicitud de comentarios.
El vertiginoso aumento de los costos de la electricidad y el crecimiento de los centros de datos, que pueden consumir energía suficiente para abastecer a 100.000 hogares, provocaron una fuerte reacción de los votantes en Georgia el otoño pasado, donde los demócratas superaron en las urnas a dos republicanos de la comisión reguladora de servicios públicos del estado por primera vez en casi dos décadas. Recientemente, Trump intentó apaciguar las preocupaciones de los estadounidenses al anunciar en la Casa Blanca una promesa de “protección al consumidor”, en la que las grandes empresas tecnológicas se comprometieron a asumir el costo y a producir su propia energía, aunque no está claro cómo se hará para verificar que eso se cumpla.
Las razones detrás de los incrementos de precios de la electricidad a nivel nacional son complejas y varían según las regiones. Incluyen la construcción de nuevas líneas de transmisión y distribución, así como la instalación de postes eléctricos; más periodos de temperaturas brutalmente altas o bajas; fenómenos meteorológicos extremos como huracanes e incendios forestales, y la volatilidad en los precios del combustible, como el alza vertiginosa de los precios de la gasolina durante la guerra en Ucrania.
Todos esos factores influyen enormemente en el aumento en los costos, que han dejado a unos 80 millones de estadounidenses con dificultades para pagar sus facturas mensuales de gas y electricidad, según Charles Hua, fundador de PowerLines, que descubrió que las compañías de gas y electricidad de propiedad privada solicitaron aumentos por casi 31 mil millones de dólares el año pasado en todo el país, el doble de la cantidad solicitada un año antes. Agregó que el precio de la energía se ha convertido en el nuevo reto para la solvencia de los hogares, similar al alza vertiginosa del precio de los huevos que anteriormente enfureció a los consumidores, lo que podría ser un factor determinante en las elecciones de este otoño para controlar el Congreso.
“Las facturas de electricidad han aumentado un 40% en los últimos cinco años”, observó. “Es probable que esto continúe. Esto es, definitivamente, algo que preocupa mucho al gobierno de Trump y al presidente Trump”.
Los 55 condados de Virginia Occidental votaron por Trump en 2024. No obstante, fue un bastión demócrata durante décadas antes del cambio en las preferencias, cuando las minas de carbón eran la principal fuente de ingresos y los sindicatos eran prácticamente inquebrantables. El estado ha sufrido enormemente bajo ambos partidos: ha experimentado una fuga de cerebros masiva, una devastadora epidemia de opioides, un aumento en la población de edad avanzada, y la desaparición de los codiciados empleos de la industria del carbón sin otros que los reemplacen. Eso deja a las personas que trabajan por el salario mínimo, a quienes tienen ingresos fijos e incluso a familias de clase media con estudios universitarios y dos sueldos al borde del colapso debido a problemas de asequibilidad, incluidos el aumento de las primas del seguro del auto, los precios de la comida, la atención médica y la vivienda.
Ashley Nicole Dixon, de la localidad de Danese, trabaja como gerente en una tienda Dollar General y tiene una hija adolescente en casa y otra en la universidad. Revisó en su teléfono facturas que sumaban más de 5.000 dólares por la electricidad de su casa de poco más de 93 metros cuadrados (1.000 pies cuadrados), a pesar de que su aire acondicionado no servía el verano pasado. Votó por Trump, pero dijo que ya no lo apoya porque él y otros políticos republicanos en el Capitolio de Virginia Occidental no velan por los intereses de ella.
“Amo Virginia Occidental porque es precioso. Pero últimamente, todo es una farsa, desde el gobierno local hasta Charleston”, manifestó. Dijo creer que la Comisión de Servicios Públicos del estado debería ser elegida por voto popular, y que Trump debería enviarle un cheque a ella, pues prometió reducir las facturas de electricidad a la mitad.
“No tengo opción. Hay que pagarla”, expresó. “Y eso es lo que me enferma, porque ahora voy a tener que ir … (y) sacar más dinero de mis ahorros, sólo para poder mantener encendida la luz”.
Los meses más fríos del invierno fueron los más duros. Algunas personas se confinaron en una habitación con calefactores pequeños, o utilizaron generadores cuando se atrasaron en sus facturas de electricidad y les cortaron el suministro. Otros se vieron obligados a elegir entre la comida, las medicinas y la calefacción, y algunos bajaron la temperatura del termostato a 15.5 ºC (60 ºF) y se abrigaron bien, o dejaron su retiro para aceptar trabajos a tiempo parcial.
Para algunos, la espiral comenzó en noviembre, cuando sus beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés) se suspendieron debido al cierre del gobierno federal. La línea telefónica de ayuda de United Way en el centro de Virginia Occidental experimentó un aumento de más del 1.300% en las solicitudes durante ese período. El año pasado, las peticiones de auxilio para pagar los servicios básicos fueron superadas únicamente por las de vivienda.
Más de uno de cada tres hogares de Virginia Occidental se considera sobrecargado por los costos de energía, y gasta más del 6% de sus ingresos en electricidad y otros combustibles. De esos, aproximadamente el 20% son residentes de bajos ingresos que soportan algunos de los costos de energía más altos del estado.
El año pasado, Trump despidió al personal de un programa federal que ayuda a millones de estadounidenses de bajos ingresos con sus facturas de calefacción en invierno, y propuso eliminar toda su financiación en su presupuesto, una medida que fue repetida este año. El Congreso asignó fondos para el programa, pero miles de millones de dólares se retrasaron debido al cierre del gobierno. No obstante, muchos residentes de Virginia Occidental que se atrasan en sus pagos no son elegibles para solicitar ayuda porque sus ingresos son ligeramente superiores al límite establecido.
Jennifer Brown, de la localidad de Kingwood, se encuentra en esa categoría. Trabaja en el programa Head Start de Virginia Occidental, financiado por el gobierno federal y destinado a niños de bajos ingresos, y su esposo labora en la oficina de correos. Tienen cuatro hijos y, durante los meses de invierno, sus facturas de servicios públicos pueden ascender a 1.000 dólares mensuales, lo que supera con creces su hipoteca de 798 dólares. Este invierno, tras recibir un aviso de corte de gas, optaron por un plan de pagos, y ella comentó que aún pagan la factura del agua de su vivienda anterior.
“Cada mes recibimos las facturas de servicios públicos (y) me enojo muchísimo. Me pregunto: ‘¿Por qué es esto tan caro?’”, expresó. Agregó que no es raro pagar entre 200 y 300 dólares mensuales por la electricidad, y lo mismo por el agua, el alcantarillado y la recolección de basura. “Y no lo entendemos. Nada parece funcionar mal (en la vivienda)... y no derrochamos”.
Los proyectos de ley presentados este año en la legislatura estatal, que habrían congelado temporalmente las tarifas de electricidad en Virginia Occidental o ayudado a las personas más vulnerables, no prosperaron a pesar de que el incremento de los costos energéticos suele cargarse a los consumidores. La Comisión de Servicios Públicos ha aprobado una serie de aumentos de tarifas en los últimos años, mientras las empresas de servicios públicos privadas lidian con mantener su margen de ganancias y, al mismo tiempo, mejorar la infraestructura en un estado montañoso y escasamente poblado.
Esta ha sido una carga particularmente difícil de sobrellevar para algunos negocios pequeños. En la localidad de Ravenswood —en el oeste del estado, desde la que sólo hay que cruzar el río para pasar a Ohio—, algunos comerciantes se vieron obligados a cerrar sus tiendas este invierno porque no pudieron pagar sus facturas de electricidad.
Heather Santee refirió que le cortaron la luz en su panadería justo antes del Día de San Valentín. Tenía pagos atrasados, pero dijo que habría podido pagar la parte necesaria de los 4.000 dólares que debía si hubiera podido permanecer abierta el tiempo suficiente para atender los pedidos de la temporada. En cambio, el corte la obligó a irse, lo que dejó también sin calefacción a los inquilinos de los apartamentos de arriba.
“Cuando empecé a recibir esas facturas de luz tan altas en invierno, pensé: ‘Esto es lo que me hará cerrar’”, contó, y agregó que la panadería era su sueño y que perderla la ha hecho plantearse si sería mejor irse del estado. “Virginia Occidental frena el progreso de mucha gente porque permite que estas facturas sean tan elevadas”.
No es la única. A sólo un par de cuadras, Anthony Crihfield Jones embaló su tienda de liquidación, JCD Bargain and Trading, y trasladó el inventario a otro almacén porque ya no puede permitirse pagar miles de dólares en facturas de electricidad para su casa y sus negocios.
Aunque aún apoya a Trump, tras dejar a los demócratas para votar por los republicanos, le preocupa cada vez más que a ninguno de los dos partidos le importen las personas que enfrentan dificultades en Estados Unidos.
“Lo único que escuché fue … ‘¡Perfora, nena, perfora!’”, dijo, repitiendo el eslogan de Trump para fomentar la producción nacional de energía. “Está bien, (ya) están perforando. ¿Por qué mi factura sigue siendo igual?”.
FUENTE: AP
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