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EEUU, Canadá y México inician difíciles negociaciones para renovar el T-MEC

WASHINGTON (AP) — Turistas de Chattanooga se registran en complejos turísticos de playa en Cancún. Partes de automóviles canadienses abastecen fábricas en la región centro-norte de Estados Unidos y viceversa. Quienes disfrutan de la hora feliz levantan vasos de tequila y mezcal mexicanos en bares de Seattle.

Todo suma. Estados Unidos comercia 1,9 billones de dólares al año —5.000 millones de dólares al día— en bienes y servicios con sus vecinos, Canadá y México. Estos han desplazado a China para convertirse en los dos principales socios comerciales de Estados Unidos.

Por eso, lo que está en juego es mucho cuando se trata de retocar las reglas que rigen el comercio entre los tres países. Y después de un año de caóticas políticas arancelarias del presidente Donald Trump, muchas empresas estadounidenses, canadienses y mexicanas recibirían con agrado el regreso de la estabilidad en toda Norteamérica.

Es poco probable que la obtengan.

El acuerdo comercial regional, conocido como Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá o T-MEC, que Trump negoció y del que presumió en su primer mandato, alcanzó el miércoles su fecha de revisión para renovación, un proceso que probablemente durará meses, quizá más.

Y el camino por delante está sembrado de minas.

“Habrá mucho drama este verano”, manifestó Diego Marroquín Bitar, investigador del programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, la semana pasada en un foro sobre el T-MEC patrocinado por el Cato Institute.

Estados Unidos plantea exigencias que, en la práctica, podrían obligar a Canadá y México a ceder parte de la producción automotriz a Estados Unidos. Eso podría trasladar más empleos de plantas automotrices a suelo estadounidense. Pero también trastocaría cadenas de suministro ya establecidas y elevaría los precios en Estados Unidos de los autos nuevos, que ahora promedian casi 50.000 dólares, en un momento en que los consumidores estadounidenses ya se sienten frustrados por el alto costo de vida.

Trump, como es habitual, ha añadido tensión al amenazar con retirarse por completo de su propio acuerdo.

En 2020, el T-MEC sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994, que derribó la mayoría de las barreras comerciales entre los tres países del subcontinente.

Trump y otros críticos habían calificado al TLCAN como un destructor de empleos porque alentaba a empresas estadounidenses a trasladar fábricas al sur de la frontera para aprovechar la mano de obra de bajos salarios en México y luego enviar los bienes de regreso a Estados Unidos libres de aranceles.

Su T-MEC terminó siendo similar al TLCAN, aunque presionó a las fábricas para pagar salarios más altos y asegurarse de que una mayor parte de lo que producían se originara en América del Norte, en un esfuerzo por evitar que productos chinos se colaran a través de las fronteras regionales sin pagar aranceles.

El T-MEC incluyó una novedosa disposición que exige que el acuerdo se renueve cada seis años. Ese plazo se cumple el miércoles, pero “el día 1 no va a pasar nada”, señaló Oscar Ocampo, director de desarrollo económico del Instituto Mexicano para la Competitividad.

Los negociadores podrían acordar el miércoles renovar el T-MEC tal como está por otros 16 años, hasta 2042. Pero eso se considera muy poco probable. En cambio, se espera que sigan trabajando en formas de mejorarlo; tienen hasta que el periodo actual termine en 2036 para llegar a un acuerdo. De lo contrario, el pacto expira.

El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, expresó en un video publicado en sus redes sociales que confiaba en que la revisión del tratado podría concluirse “en un plazo razonable”.

“No tenemos prisa, pero tampoco nos interesa que haya incertidumbres y por eso hay que tratar de llegar a un acuerdo sobre muchos temas”, afirmó. “Nuestro objetivo es que cada año esa revisión tenga menos asuntos pendientes”.

Mientras tanto, cualquier país del T-MEC puede retirarse del pacto siempre que avise con seis meses de antelación a sus dos socios, una alerta roja que Canadá y México, dependientes del comercio con Estados Unidos, temen que Trump podría activar.

Después de todo, el presidente estadounidense dijo en junio que “no busca renovar” el pacto comercial con Canadá y México. “No necesitamos nada de lo que ellos tienen”, sostuvo.

Estados Unidos y México han sostenido conversaciones sobre la renovación del acuerdo comercial. Pero hasta ahora, Canadá ha quedado al margen.

Patrick Childress, socio del bufete Holland & Knight y exnegociador comercial de Estados Unidos, comentó: “El peligro para Canadá es este: que el gobierno de Estados Unidos y el gobierno mexicano lleguen a un acuerdo sobre cambios a disposiciones centrales del tratado y luego vayan a Ottawa y digan: ‘Esto es lo que acordamos. Lo tomas o lo dejas’”.

El primer ministro canadiense Mark Carney dijo que los tres socios comerciales planean reunirse de manera virtual el miércoles, y añadió: “No estoy buscando mi pluma”.

Carney dijo después, en francés, que su prioridad es actualizar el T-MEC y que es imposible que Estados Unidos tenga un nuevo acuerdo sin la aprobación del Congreso.

Estados Unidos quiere que un pacto comercial renovado haga más para garantizar que los bienes chinos no entren por la puerta trasera. Pero el tema más polémico es la presión de Estados Unidos para exigir que más productos se fabriquen en América del Norte, y específicamente en Estados Unidos.

El T-MEC incluyó un requisito de que los productos automotrices deben estar fabricados en un 75% en América del Norte, frente al 62,5% bajo el TLCAN, para calificar para el trato libre de aranceles.

Estados Unidos quiere elevar aún más el umbral del 75%, pero no será fácil. Los fabricantes de automóviles ya “han estado afinando sus cadenas de suministro durante años para poder alcanzar ese 75%”, señaló Childress. Necesitarían tiempo para cumplir con el estándar más alto.

Estados Unidos también busca un requisito completamente nuevo: que el 50% de los autos se fabriquen en Estados Unidos, confirmó Carney a inicios de junio. Actualmente, ninguno de los países del T-MEC tiene una cuota garantizada de producción. Ocampo sostuvo que esto es una línea roja para México y Canadá, y va en contra del espíritu y la letra de la integración regional.

Marcos Carias, economista de la aseguradora de crédito Coface, indicó que actualmente solo 1 de cada 5 autos mexicanos y canadienses importados a Estados Unidos cumpliría con el estándar del 50%.

Entre los modelos de vehículos que probablemente enfrentarían mayores costos según el plan, precisó, están la camioneta compacta Maverick de Ford, la SUV Equinox mediana de Chevrolet y algunos sedanes de Nissan, todos ellos fabricados en México. Los cálculos hechos “a ojo” por Carias sugieren que los precios podrían aumentar entre 5% y 7% en los modelos más afectados.

Muchas compañías solo quieren alivio frente a los aranceles cambiantes de Trump. “Mi interés en esta renovación del T-MEC es simplemente la consistencia, ¿no?”, expresó Shawn Miller, cofundador de PKGD Group, que importa destilados de agave (tequila, mezcal y raicilla) de productores familiares en México. “Si las reglas cambian, cambian. Pero de verdad nos gustaría saber (cuáles van a ser) y nos gustaría que se mantuvieran así por un tiempo”.

El negocio va viento en popa para PKGD. Las ventas de la firma con sede en Holland, Michigan, han subido 62% en lo que va del año, tras dispararse 100% en 2025 y 300% en 2024.

Pero el año pasado fue caótico.

Trump impuso en febrero un impuesto de importación de 25% a los bienes mexicanos y canadienses, solo para dar marcha atrás un mes después y eximir los productos que eran elegibles para el trato preferencial del T-MEC. El acuerdo permite que los destilados mexicanos entren a Estados Unidos libres de aranceles.

En medio del tumulto, tres camiones cargados con destilados mexicanos importados por PKGD cruzaron la frontera hacia Estados Unidos y fueron gravados con el arancel de 25%. El costo ascendió a 105.000 dólares. “¡Para nosotros, fue un día desafortunado!”, relató Miller.

Sin saber qué aranceles podría inventar Trump después, PKGD se reunió con sus productores mexicanos para definir cómo responder. “¿Qué podemos absorber nosotros? ¿Qué pueden absorber ellos?”, planteó Miller. “¿Cómo podemos mitigar esto?”.

Miller dijo que él y sus proveedores mexicanos “no son grandes corporaciones multinacionales con departamentos de comercio especializados, equipos de abogados o cabilderos enfocados en la política comercial”.

Kerry Mellin puede identificarse con eso.

En 2014, la veterana diseñadora de vestuario de Hollywood inició un negocio en el condado de Ventura, California, vendiendo empuñaduras de silicona que permiten a personas con discapacidades (como parálisis cerebral y Parkinson) sostener cosas como cucharas, tazas, bolígrafos, cepillos de dientes.

Pero las ventas flaquearon cuando introdujo sus empuñaduras EazyHold en Canadá, donde tiene doble ciudadanía. Cree que se debe a que la silicona que importa de Asia impidió que sus empuñaduras tuvieran suficiente contenido norteamericano para calificar para el trato libre de aranceles del T-MEC cuando cruzaban la frontera desde Estados Unidos.

Mellin sospecha que EazyHold podría cumplir con los estándares del acuerdo comercial, “pero las reglas son lo suficientemente complejas e impredecibles como para que sinceramente no pueda estar segura sin contratar a un abogado especializado en comercio”.

Mellin considera que las reglas de origen del USMCA deberían flexibilizarse, no endurecerse, para ayudar a las pequeñas empresas que no pueden costear materias primas provenientes de América del Norte, que son más caras.

“Entiendo por qué existe la regla: para impedir que las empresas desvíen bienes chinos a través de México”, afirmó. “Solo desearía que pudiera distinguir entre eso y un pequeño negocio familiar en California que fabrica ayudas de agarre para personas que no pueden sostener un tenedor. Yo no soy el problema que intentaban resolver”.

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Los periodistas de la AP Maria Verza en Ciudad de México y Rob Gilles en Toronto contribuyeron a este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

FUENTE: AP

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