“No hay ningún lugar en la Tierra que tenga tantos peces, corales y todo lo demás concentrado en un sitio tan pequeño”, afirmó Mark Erdmann, un biólogo estadounidense de arrecifes de coral que ha pasado más de dos décadas estudiando la región y se convirtió en una figura central en la construcción del modelo de conservación de Raja Ampat.
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Ecosistema en Indonesia amenazado por industria de la minería
MISOOL, Indonesia (AP) — Hay una explosión de color bajo la superficie en Raja Ampat, un remoto archipiélago del este de Indonesia donde tiburones, mantarrayas y tortugas marinas se deslizan junto a vastos bancos de peces a través de formaciones de corales gorgonias, algunas de las cuales solo se encuentran en sus aguas.
El archipiélago, mundialmente famoso por el buceo, se encuentra en el corazón del Triángulo de Coral, en el suroeste de Papúa, donde poderosas corrientes oceánicas transportan nutrientes que sostienen lo que los científicos describen como el ecosistema marino con mayor biodiversidad del planeta.
Considerados durante mucho tiempo un modelo global de conservación oceánica, los ecosistemas de Raja Ampat ahora están bajo presión, a medida que crecen las preocupaciones por la expansión de la minería de níquel junto con un auge del turismo internacional.
Los arrecifes no siempre se veían tan saludables como hoy. A comienzos de la década de 2000, pescadores de otras partes de Indonesia y del Sudeste Asiático usaban explosivos y grandes redes, dañando los corales, diezmando las poblaciones de tiburones y obligando a los residentes locales que dependían de la pesca a viajar hasta 10 kilómetros (6 millas) mar adentro para conseguir una captura.
Durante esos años, el gobierno dependía de la minería y la actividad forestal como principales motores económicos de la región.
Esa trayectoria empezó a cambiar en 2003, cuando una evaluación marina de Conservation International impulsó conversaciones entre líderes locales y grupos ambientalistas sobre cómo proteger las aguas de Raja Ampat para aportar seguridad alimentaria e ingresos turísticos duraderos, al tiempo que se resguardaba uno de los ecosistemas más críticos del océano.
“Llevamos a algunos líderes a visitar zonas más desarrolladas como Bunaken y Bali con la esperanza de que pudieran ver por sí mismos, de cerca, los beneficios de la gestión de los recursos naturales”, explicó Syafri Tuharea, un experto en conservación que dirige el Área de Conservación Marina de Raja Ampat.
Esos intercambios sentaron las bases para 10 áreas marinas protegidas establecidas a partir de 2007, que abarcan una superficie de 2 millones de hectáreas (4,9 millones de acres), incluido el 45% de los arrecifes, praderas marinas y manglares de Raja Ampat.
Hoy, las comunidades locales patrullan las aguas, hacen cumplir las normas de pesca y supervisan la actividad turística, financiadas en gran medida por los ingresos del turismo, incluidos los de una tarifa de entrada al parque marino de 700.000 rupias indonesias (40 dólares).
Tras dos décadas de protección, los resultados son significativos. Un informe de 2024 de la Fundación Misool, una de las islas dentro del área marina protegida, concluyó que la biomasa de peces ha aumentado un 109%, una medida que sirve como indicador de la salud del ecosistema.
Las mismas aguas albergan ahora 2.007 mantarrayas de arrecife documentadas, una cifra elevada si se considera que la especie es vulnerable a la extinción debido a la sobrepesca en gran parte del océano Indo-Pacífico.
Este éxito de conservación se desarrolla en paralelo a una transición más amplia hacia las energías renovables, un cambio que está incrementando rápidamente la demanda de níquel.
El gobierno otorgó nuevas concesiones de minería de níquel en 2025 en tres islas del norte de Raja Ampat, algunas dentro de un Geoparque Mundial de la UNESCO declarado y cerca de sitios de buceo de primer nivel.
El níquel es un componente clave en las baterías de vehículos eléctricos y es esencial para construir infraestructura eólica y solar. Se ha vuelto central para el desarrollo económico de Indonesia: el país posee alrededor del 43% de las reservas mundiales, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.
La minería ha alimentado tensiones dentro de las comunidades, donde los residentes dependen de la pesca y el turismo.
Tras una protesta pública el verano pasado, se revocaron cuatro concesiones, pero una permanece en la isla Gag, donde la minería comenzó en 2017.
“La maquinaria pesada, las excavadoras, las topadoras... todavía están allí (en las islas)”, señaló Timer Manurung, director del grupo ambientalista indonesio Auriga Nusantara.
Indicó que nadie está asumiendo la responsabilidad de reparar el daño ya causado.
Los riesgos ambientales de la minería de níquel se ven amplificados por la geografía de las islas, que son escarpadas y reciben fuertes lluvias, condiciones que pueden arrastrar sedimentos desde los sitios mineros directamente al mar.
“Al final, eso hará que los arrecifes de coral mueran”, advirtió Tuharea, el administrador del parque marino.
La zona afectada también se encuentra a lo largo de un corredor crítico de migración para las mantarrayas de arrecife, uno de los mayores atractivos turísticos del archipiélago.
Más allá de su riqueza marina, la región también contiene extensas praderas de pastos marinos y bosques de manglar, ecosistemas costeros que cubren solo el 0,1% del fondo oceánico y el 1% de los bosques tropicales del mundo, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Estos funcionan como poderosos sumideros naturales para absorber dióxido de carbono y ayudar a regular el clima.
Un estudio de marzo del grupo ambientalista de Manurung encontró que la deforestación ya ha alcanzado casi 1.000 hectáreas (alrededor de 2.500 acres).
“Puede que no parezca mucho para Indonesia, pero es mucho para islas pequeñas”, sostuvo.
En miradores con vista a las islas Waigeo Barat de Raja Ampat, visitantes de Francia, España y Estados Unidos observan barcos navegar entre tonos turquesa y azul.
La cantidad de visitantes se ha mantenido estable durante la última década, pero el perfil de quienes llegan ha cambiado de forma drástica. Los turistas extranjeros ahora dominan las visitas a Raja Ampat y representan el 95% de los aproximadamente 42.000 visitantes anuales. El turismo interno ha caído más de dos tercios en la última década, según datos del gobierno del distrito de Raja Ampat.
Los turistas internacionales tienen mucha más probabilidad de viajar en barcos de vida a bordo para excursiones de buceo de una semana. Estas se han incrementado rápidamente durante la última década, de acuerdo con Kristanto Umbu Kudu, quien ha guiado a buceadores por estas aguas durante 25 años.
Los conservacionistas afirman que esto está sumando una presión creciente sobre los arrecifes por el fondeo, además de los desechos y las descargas de aguas residuales.
“Nuestros datos muestran que en 2024 hubo 218 barcos turísticos”, declaró Tuharea. “¿Se imaginan cuántos metros cuadrados de arrecife de coral serán destruidos por las anclas?”
Las autoridades ahora están considerando sistemas de amarre y restricciones al número de embarcaciones.
En Blue Magic, uno de los principales sitios de buceo del archipiélago, las aguas antes cristalinas ahora están llenas de medusas rosadas enredadas en desechos.
“Es algo que todavía me rompe el corazón cada vez que veo estas grandes balsas de plástico flotante”, confesó Erdmann.
Para los buceadores que han explorado arrecifes en todo el mundo, Raja Ampat sigue destacándose. Pol Ramos, un biólogo marino español y cofundador de Odicean, un proyecto que combina educación oceánica con expediciones de buceo en la región, comentó que sus ecosistemas son verdaderamente notables.
“Es uno de los pocos lugares del mundo, junto con el Amazonas, donde la biodiversidad en realidad aumenta año tras año”, afirmó.
Raja Ampat alberga alrededor del 75% de las especies conocidas de coral duro del mundo y más de 1.700 especies de peces, según Erdmann.
Pero lo que está en juego no es solo la pérdida de ecosistemas, sino también la diversidad genética que contienen. Cada especie lleva millones de años de información evolutiva codificada en su ADN, que Erdmann describe como la biblioteca de soluciones de la naturaleza.
“A medida que entramos en un futuro cada vez más incierto con el cambio climático”, expresó Erdmann, “esa diversidad genética es con lo que tenemos que trabajar en términos de cómo nos adaptamos”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
FUENTE: AP
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