Paralelamente, fuera de las canchas, el equipo se convirtió en el alma de la Fundación Libertad, fundada en noviembre pasado por expresos y un grupo de profesionales que les han dado su respaldo con la misión de fomentar la reinserción social de excarcelados a través de los valores del rugby.
Manejo de la ira Tres veces por semana dos entrenadores se dirigen a la cárcel de Valparaíso, a unos 120 kilómetros de Santiago, para conducir los entrenamientos del Unión Libertad. Durante cerca de dos horas, los 27 jugadores del equipo practican jugadas, estrategias, pases y patadas que caracterizan este deporte.
Son valiosos minutos en los que, entre alambres y la mirada atenta de los gendarmes, pueden acariciar algo de libertad. Y es allí, en una diminuta cancha de tierra batida cercada por torres de control, donde se desahogan del enojo, la frustración y todos los problemas que conlleva la vida tras las rejas.
“La violencia aquí abunda”, dijo Jorge Henríquez, de 42 años. “Hay mucha rabia, de repente uno explota por nada y entonces (con el rugby) uno va regulando eso, uno empieza a alejarse de los roces para no renacer esa rabia, esa ira”.
Así como otras cárceles, Valparaíso sufre hacinamiento: son 3.351 internos amontonados en un recinto con capacidad para 1.919 personas. A menudo la superpoblación se traduce en precarias condiciones de higiene, alimentación y salud, sin contar el aumento de la violencia interna.
El entrenador Leopoldo Cerda, que ha dado impulso al proyecto, precisó que practicar este deporte en prisión es especialmente difícil.
“La gente duerme mal, come mal y, sin embargo, ellos tienen la fortaleza tanto física como mental como para ir superando muchas vallas que este deporte tiene”, dijo “El Profe”, como lo llaman afectuosamente los internos.
Los cambios en los jugadores han sido "notorios", con los valores fundamentales del rugby —disciplina, respeto, integridad, pasión y solidaridad— ayudando a suavizar también la convivencia entre rejas.
“Lo primero es la disciplina: mantener un autocontrol y el control de la ira, ya que en el rugby hay mucho roce. Y ellos han logrado superar eso”, explicó “El Profe”.
El equipo pasó a ser, además, espejo para otros reclusos, por lo que muchos han mejorado sus conductas anhelando sumarse a Unión Libertad. “Van llegando chicos nuevos que ven cómo ellos entrenan y se empiezan a preparar, incluso a mejorar su conducta para poder entrenar”, añadió Gonzalo Delgado, otro de los entrenadores.
Para eso necesitan cumplir ciertos requisitos, sobre todo tener un buen comportamiento y cultivar el trabajo en equipo.
“Muchos de los delitos se cometen por no saber usar adecuadamente el tiempo libre”, dijo el jefe del Complejo Penitenciario de Valparaíso, Isaac Falcón Espinace. Así, el rugby brinda a los reclusos la oportunidad para “una vez que estén en libertad, no lo usen en acciones que vayan en contra de la sociedad”.
Alzar vuelo para tocar el cielo Uno de los cerca de 50 reclusos que participaron en aquel primer taller de rugby hace una década era Guillermo Velásquez. No tardó para que se convirtiera en amante de este deporte que hasta entonces desconocía.
Tras pocos años en libertad, malas decisiones lo devolvieron a la cárcel en 2019. Para hacer frente a las drogas y peleas constantes, Velásquez empezó a gestar la idea de fundar un club de rugby al interior del presidio junto a media decena de compañeros.
El sueño finalmente se convirtió en realidad en 2022, cuando el grupo logró el permiso para frecuentar el gimnasio de la cárcel tras sucesivos intentos infructíferos.
Así nacía Unión Libertad.
Los primeros entrenamientos eran precarios, pero poco a poco el grupo fue conquistando la simpatía de otros internos y la confianza de los agentes carcelarios. Las prácticas pasaron a ser en el exterior, los jugadores ganaron una cancha y voluntarios abrazaron el proyecto.
“El rugby me salvó la vida”, dijo Velásquez, quien dejó la prisión hace siete meses. “Si el equipo no hubiera existido dentro de la cárcel, la sociedad hubiera tenido un delincuente más, con muchas más posibilidades de delinquir y hacer daño”.
En el mismo año de su fundación Unión Libertad participó en su primer torneo y en 2024 logró tocar el cielo: los jugadores dejaron por primera vez la prisión de Valparaíso para medirse, en otra cárcel, a Los Cóndores, la selección nacional de Chile que disputará la Copa Mundial de Rugby de Australia 2027.
“Fue una batalla épica”, recordó Silva. “Nadie ha hecho eso en Chile. Y nosotros acá, unos simples presos, jugamos con ellos, con toda la gente ahí mirando, salimos en la tele”.
El partido —disputado en la cárcel Colina 1, al norte de Santiago— fue un punto de inflexión. A partir de ese momento el proyecto ganó envergadura, visibilidad y más colaboradores.
La esperanza extramuros Fuera de la cancha y de la cárcel, la movilización de exinternos y profesionales culminó en la consolidación de la Fundación Libertad, que brinda apoyo a los excarcelados para su rehabilitación, ofreciendo desde ayuda terapéutica hasta capacitaciones profesionales y alianzas con empresas para que puedan ingresar también en la vida laboral.
“Trabajamos con la noción de que ellos quieren cambiar, que no todos son necesariamente delincuentes para siempre. Y también mostrar que hay falta de oportunidades, que tenemos que trabajar el estigma”, explicó la psicóloga y exseleccionada de rugby Cynthia Canales, presidenta de la fundación.
La reinserción es a menudo compleja, ya que no depende sólo de la voluntad personal sino también de las posibilidades fuera de la cárcel, por lo que no es infrecuente que los prejuicios terminen socavando los esfuerzos de cambio.
“Muchas veces los chicos tienen las ganas de cambiar, de salir de esta situación y se encuentran con puertas cerradas. La sociedad es muy prejuiciosa”, dijo el entrenador Cerda.
Una vez fuera de la cárcel, los exreclusos mantienen la intensa rutina de entrenamiento, ahora en el vasto pasto de las canchas de Valparaíso y con los cariñosamente apodados como “All Free”, la rama de expresos de Unión Libertad y que frecuentemente se mide en partidos dentro del complejo penitenciario con los que sueñan con la vida extramuros.
“Estoy motivado, con harta ansiedad también, pero me la llevo con mesura, con tranquilidad. No quiero tampoco enfermarme de ansiedad y volverme loco, pero el rugby está en mis proyectos”, recalcó Henríquez, quien confía en dejar su granito en esta iniciativa una vez que salga de la prisión. “Quiero ayudar, hacer un aporte a la sociedad para equilibrar todo lo malo que hemos hecho”.
FUENTE: AP